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jueves, 28 de enero de 2016

Direcciones opuestas

Hace cuatro años que creamos este blog. Quienes ven por primera vez su estética piensan, a veces, que estamos pensando en mudarnos a otro planeta. Sin embargo, el viaje que iniciamos ya hace más tiempo es más largo y palpitante que el de una simple mudanza de galaxia. Y nuestra propia experiencia personal nos está llevando en cada parcela de nuestras vidas a un periplo tan intenso como apasionante, para el cual no hay peajes, aduanas ni pasaportes. Como brújula sólo la consciencia.
Las distancias en esta travesía a veces son enormes, pero no se miden en kilómetros ni en millas. Y cuando alcanzamos una nueva estación o un nuevo puerto en esa odisea, por muy diferente o distante que sea de paradas anteriores, damos gracias por las anteriores etapas. Sin ellas, no habríamos llegado a donde estamos hoy, y ambas son parte del mismo planeta VIDA. Donde estamos hoy no es ni peor ni mejor que donde estábamos ayer. Cada puerto tiene su sentido y localización dentro de esta excursión vital que todos, con mayor o menor recorrido, vamos realizando desde nuestra niñez.
Hay gente que nos pregunta cómo podemos ser tan distintos de aquéllos que iniciamos ese viaje. Cierto es que ha tocado desaprender mucho. Otros nos  interrogan por el peso de la mochila, que parece cada vez menor. Pero sobre todo hay muchos que nos piden conclusiones sobre hacia dónde dirigimos nuestros pasos como humanidad. Difíciles preguntas para unos simples caminantes. Lo que sí es cierto, es que sin duda, y especialmente en los últimos años, en cada cruce de camino los viajeros parecen optar por dos direcciones claramente contrapuestas. Y no hay direcciones correctas o ganadoras. Sólo hay camino y evolución, aunque a unos nos lleve a un polo, y a otros al opuesto. ¿Hay un polo que suponga menos sufrimiento, más armonía y más paz? Sin duda. Pero eso no hace superiores a los que están en dicho polo, porque para llegar a él, probablemente tuvieron que recorrer antes el otro.
Eso es lo que nos ha sucedido en muchos viajes a nosotros. Así, en el viaje laboral, hubo un tiempo en que lo considerábamos un eje crucial de nuestra vida, entorno al cual giraba todo; hoy lo consideramos sólo un medio al que dedicarle un tiempo limitado, cada vez menor. En el periplo educativo, hubo un tiempo en que andábamos obsesionados por lograr las mejores condiciones para competir en el mercado laboral; hoy creemos que debe ser "sólo" un acompañamiento en el descubrimiento de los dones y talentos de cada uno y en el camino de la felicidad. Nuestro viaje del dinero también ha sido largo: antes quizás más centrados en "tener"; ahora vemos que a veces ese "tener" se convierte en obstáculo para "ser", con lo cual cada vez creemos más en el desapego, y curiosamente también el dinero fluye mejor. Para muchos, nuestro recorrido en la alimentación es quizás uno de nuestros viajes más llamativos: algunos fuimos carnívoros compulsivos, y ya desde hace muchos meses, sin estridencias ni fundamentalismos, hemos apartado los animales y el sufrimiento de nuestra dieta; nunca nos hemos sentido más sanos. También las noticias y los medios de comunicación han tenido su
recorrido: antes contrastando con muchos medios la información para encontrar una "verdad equidistante"; hoy creemos que la realidad no está en los telediarios, y a veces optamos por no informarnos y otras por localizar fuentes menos contaminadas. Ante la violencia de una masacre como la de Paris, antes quizás estuviéramos más cercanos al miedo, a la necesidad de acrecentar mecanismos de seguridad y defensa, y al "ojo por ojo"... pero hoy creemos en la necesidad de buscar reconciliaciones desde el origen de los conflictos. Igualmente la política ha tenido su recorrido en nuestras vidas: antes no veíamos alternativas a nuestra "partitocracia"; ya se sabe: "mejor malo conocido..."; pero hoy ya no tenemos miedo a recorrer otros territorios donde la cesión de soberanía del pueblo se ejecute de una forma muy distinta y con el ser humano como eje central. En nuestro viaje por la solidaridad, hubo momentos en que luchábamos contra las injusticias, cargándonos por oposición de la energía que las impulsa; quizás hoy preferimos dedicar las energías a construir otra realidad, preocupándonos menos por lo que caerá por sí mismo o por aquellos para los que la solidaridad es sólo una medalla más en su currículum.
En resumen: mil y un viajes, que nos han llevado en nuestro interior a recorrer años-luz de distancia, pero que no nos llevan a juzgar a quienes están en otras estaciones. ¿Qué dirección coger en cada cruce de caminos? ¿Hacia dónde va todo esto? ¿Vamos a mejor o a peor? Pregúntale a la brújula de tu consciencia y a tu tranquilidad interior. Son los mejores consejeros.

jueves, 21 de enero de 2016

Reveses de la vida

Ha sido una semana dura, muy dura. No sé si habrá sido por el dichoso "Blue Monday" que dicen que nos altera tras la cuesta de enero, la insuficiente luz solar o el clima invernal, pero la semana se las trae. Suele ser así cuando se juntan a la vez muchos retos. Y esta semana ha tenido unos pocos.
Como ya le sucedió a nuestro hijo mayor, ahora el segundo está en plena efervescencia pre-adolescente, y cerca ya de la frontera que separa al niño del joven adulto, no acaba de dar el salto de asumir sus pequeñas responsabilidades. Así, su mente le lleva a culpabilizar a todo y a todos de lo que él solito se busca, o de no alcanzar sus logros, precisamente por no querer dar ese salto. Son momentos de desconcierto para él, y de reacciones extremas y desairadas, que en su caso, se están prolongando. Pero a fin de cuentas, es un proceso al que no somos ajenos los adultos, ni mucho menos. Especialmente cuando predomina en nosotros el componente mental. En esos casos, si actuamos guiados por el ego, y la cosa se tuerce, nuestra mente ya se encargará de encontrar una razón o un culpable al que "encasquetar" el asunto.
Hace unos años, alguien muy cercano, teniendo a su madre moribunda, y bajo el mismo techo, le negó la mínima atención y cuidado que ya no un hijo, sino cualquier desconocido, le habría dado. Tuve la desgracia de toparme con el panorama, y me generó tales náuseas que no pude reprimir la rabia. No recuerdo nunca haber sentido ni exteriorizado tanto mi furia. Total: para nada. Todo estaba justificado en la defensa propia frente a la mala actitud y cerrazón de una madre que moría tres días después. ¡Menudas ofensas le habría afligido aquella mujer, para recibir esas últimas horas! No he vuelto a hablar con esa persona desde entonces.
Aquella experiencia aún colea en mi interior, aunque creo que ya estaría en condiciones de entablar una conversación con él, pasados varios años. Pero el aprendizaje ha quedado marcado a fuego en mí: actuar sólo bajo "nuestra" razón nos lleva al abismo, y a justificar lo injustificable. Y cuando alguien se rige por esos parámetros, no vale la pena dedicar energías y esfuerzos a argumentar, convencer o contrarrestar esa labor destructiva: mejor dedicar esas energías a construir, o a otra cosa.
Aquel acontecimiento de hace años, hace muy pequeño el proceso de mi hijo. Pero las sincronicidades y las caUsalidades han hecho que justo también esta semana, distintos proyectos solidarios en los que colaboramos, alejados geográficamente y sin conexión entre ellos, estén sufriendo duros ataques. Y lo que, quizás, deberían ser aplausos de reconocimiento a una labor solidaria, se han convertido en críticas, desprecio y negación por parte de dos o tres que antes impulsaban esa solidaridad. De nuevo la mente subida al escenario, sea para defender una forma de gestión, un enfoque de las cosas, o un modelo de actuación. Pero la defensa egoica de nuestro esquema nos lleva a machacar lo que sea, por muy loable que sean los fines solidarios, y muy identificados que estuviéramos hasta ayer con ellos. Gracias al suceso con aquella madre de hace tres años, esta semana no he saltado de aquella manera, y me he dedicado a seguir construyendo en lugar de luchar contra esa "razonada" destrucción.
Sin duda, estas situaciones resultan muy dolorosas, porque donde debería fluir buena energía y cariño para personas concretas, aflora el resquemor, la confabulación y el complot. De poco sirven las explicaciones, los argumentos y los intentos de apaciguar las aguas. Cada persona tiene su momento evolutivo y psicológico, sus picos y su valles, e incluso esos momentos de rabia y sinsentido quizás puedan tener su razón de ser en el proceso de cada uno.
¿Que si duele? Mucho. ¿Que resulta una injusticia? Sin duda. Pero también estas situaciones nos confrontan con nuestra propia actitud en el "hacer". Y quien busca el aplauso, teme al silencio tanto como al abucheo. Por eso, si esperamos un reconocimiento, una "palmadita" en la espalda. o un aplauso por nuestras acciones, es que quizás algo también fallaba ahí. Y esas actitudes tan hostiles y lamentables se convierten en grandes maestros. Cuando veo cómo disfruta mi hijo con su reciente condición de concertista en una joven orquesta, por el simple hecho de serlo, y qué poco le importa si les aplauden más o menos, más me convenzo de la importancia de amar lo que uno hace, y no actuar porque los demás nos aclamen.
Creo que somos simplemente cauces del enorme río de la vida. Y nuestra actitud debe ser simplemente eso: SER cauce. No esperar que nos aplaudan desde las orillas, ni que echen pétalos de rosas al agua. Ser la vía por la que discurra la vida, sin más. ¿Qué surgen obstáculos o caen rocas a ese río? El agua, la vida, se encarga por sí misma, de sortear esos escollos, y sigue fluyendo como si nada. Sin dar ni pedir explicaciones.
Un buen amigo, tras esta semana tan "movidita", nos recordaba hoy una bella imagen: cuanta más luz generemos con nuestro SER y con nuestro HACER, más polillas se nos acercarán. Y no se trata de evitarlas ni de luchar contra ellas. Debemos simplemente ser luz y dar luz. Esa es la misión.

viernes, 15 de enero de 2016

Gente normal, hazañas extraordinarias

A estas alturas no estamos para callarnos hazañas. Quizás porque vivimos un momento en el que parece que todos vamos contra todos, o cada uno a lo suyo. La apatía, la pesadumbre, el pesimismo y la incertidumbre parecen a veces devorarnos. Y por eso, los rayos de esperanza que nos permitan volver a creer en ésta nuestra especie humana son bienvenidos "como agua de mayo". Ante eso, ¿quiénes somos nosotros para callar?
Quizás estamos demasiado acostumbrados a las películas de Hollywood y a sus héroes de cartón-piedra. Pero las verdaderas hazañas las realizan gente como nosotros, conscientes de que "Uno a uno, todos somos mortales, pero juntos somos eternos"  (como reza el encabezamiento de la web de ADAPA) . Y cuando de verdad te crees algo así, pocas cosas pueden detenerte.
ADAPA surgió porque una pareja de amigos, hace unos años, volvieron impresionados de su viaje a Perú. Nos transmitieron su energía transformadora y su determinación "por hacer algo" en favor de aquellos chavales. Y de ahí surgió esta pequeña ONG. Desde entonces ha llovido mucho. Hemos organizado multitud de mercadillos solidarios en centros educativos, festivales musicales, charlas de concienciación, chocolatadas solidarias... Pero sobre todo, hemos tenido claro que lo que nos hace grandes como seres humanos es la capacidad de propagar la ilusión del otro y sus ganas de transformar este mundo hacia algo mejor. A veces con una simple llamada, a veces con un par de whatsapps, a veces con un desplazamiento en coche, a veces haciendo artesanía, o a veces cargando sacos de tapones . Da igual el "qué"; lo importante es el "cómo". Y nuestro "cómo" está lleno de ilusión y del convencimiento de que cuando nos llega una luz transformadora, sea de quien sea, no puede apagarse en nosotros y debe seguir luciendo. Y las últimas semanas han sido pródigas en ese tipo de hazañas:
Hemos podido respaldar a los dos comedores sociales de Vélez, conocedores de su enorme labor solidaria con tantas y tantas familias,  y como tras cada campaña de Navidad hemos podido aportarles 1.000€ recogidos en nuestra tradicional chocolatada y en algún acto más.
Nos hemos sentido muy "tocados" por historias familiares de dificultad y zozobra ante la discapacidad severa de algunos chavales de nuestra comarca, y hemos procurado facilitarles un poco la vida con pequeñas reformas en sus casas para adaptarlas a su realidad, como los casi 3.000€ a destinar a la familia de Samuel, con parálisis cerebral y esclerosis.
Hemos participado en grandes eventos desde la distancia. ¿Cómo? Aún no sabemos muy bien cómo (jajaja). Cuando Josepe nos propuso desde Madrid y sin conocernos, montar allí un gran evento solidario con famosos para recaudar fondos tras su reciente visita a Lesbos, la idea nos pareció descabellada, pero le dimos un "sí rotundo". Y tras ese "sí", hubo otros pequeños "síes" en la distancia que han permitido aportar desde ADAPA a esa tragedia de los refugiados nada más y nada menos que 10.697€ (9.420€ entonces y 1.277€ justo ahora). Poco después repetíamos experiencia en San Sebastián con Irati, en este caso para la ONG Salvamento Marítimo. 
Y de cierre, no hace mucho, nos visitaban desde lejos nuestros amigos Juan, Miren-Lu, Pablo y José Miguel. Éste último, como montañero profesional, había vivido en primera persona el terremoto de Nepal del pasado año, y venía muy "tocado". Había vivido lo mejor y lo peor del ser humano en las circunstancias más extremas. Pero, de nuevo, traía como en todos los ejemplos anteriores, una luz en su interior que ¿quiénes éramos nosotros para dejar que se apagase? Quizás fuimos pocos los que conocimos su historia en directo en su presentación pública. Pero realmente las hazañas no van de titulares de prensa ni de grandes  colas de gente. Van de contagios de ilusión, de energía y de buena vibración. Y eso, como las ondas de un estanque generadas por una piedra, ha provocado que de aquella pequeña luz que trajo Jose aquel día hayan partido para Nepal, donde justo ahora están Juan y Miren-Lu, nada menos que 10 tejados para casas derrumbada en aquel seísmos, a rehabilitar con los 3.700€ enviados "de aquí para allá". De 100 a 150 personas podrán guarecerse gracias a esta pequeña gran hazaña.
En las últimas semanas y con mayor o menor cuantía (¡eso es lo de menos!) la solidaridad de personas individuales ha ido tomando forma de hazaña aquí y allá, bajo el paraguas de una ONG, ADAPA, que no es de nadie, o mejor dicho: es de todo el que quiera volcarse en el prójimo y necesita un marco donde hacerlo. Y unas simples siglas, un anagrama y un viejo garaje donde amontonamos de todo (artesanía que hacemos y donaciones que nos hacen) obran el milagro de aunar fuerzas y esparcir ilusión. Un grupo de "amiguetes" normales hemos conseguido contagiar solidaridad y hemos logrado movilizar en estas semanas casi 19.000€ hacia gente normal que lo necesitaba. Es el momento de la gente normal haciendo cosas extraordinarias. ¿Nos lo vamos a callar? ;)

sábado, 9 de enero de 2016

Alzando el vuelo

Mi hijo mayor cumple en pocos días 15 años. Aún recuerdo como si fuera ayer cuando lo tuve en mis brazos recién salido del paritorio, mientras atendían a su madre. Fue una sensación inolvidable. Allí, con su enorme gorro y sus patucos, ese ser estaba llamado, de repente, a ser alguien muy importante en nuestras vidas, y sin embargo era un completo desconocido en ese momento. ¡Qué maravillosas contradicciones trae la vida! Pues bien, ese ser es ya todo un hombre. Y no lo digo ni mucho menos con nostalgia, sino con mucho orgullo. No sé si es que los jóvenes de hoy crecen más rápido que los de antes, pero desde luego percibo que mi hijo está entrando de lleno en el mundo de los adultos con tan corta edad.
Cuando a unos padres les preguntas cuál es su misión como tales, básicamente las respuestas suelen reconducirse a dos grandes grupos. Los que consideran que su cometido principal es proteger a sus hijos, y los que consideran que de lo que se trata es de conseguir que vuelen, y cuanto antes mejor. Reconozco que nosotros nos encontramos más bien en el segundo grupo. Y no porque no adoremos a nuestros retoños, sino porque creemos que ellos están perfectamente capacitados para esta vida, y lo único que necesitan es un acompañamiento y algún barniz de experiencia, pero poco más. Sin duda, además, nuestra identidad en esta vida no nos la proporciona el ser padres: somos mucho más. Y por ello espero que no suframos esos síndromes de nido vacío, o esas crisis de pareja cuando los hijos emprenden su propio camino, que tanto abundan, por desgracia en el primer grupo de padres.
En esa maduración hacia la edad adulta, creo que los tropiezos de la vida son los mejores maestros para nuestros hijos, y a veces pretendemos ahorrárselos todos. ¡Qué flaco favor les hacemos! Hace poco, mi hijo, con otros dos "amigotes", gastaban bromas pesadas a terceros, y al no medir bien las consecuencias se metieron en un lío que les podría haber acarreado incluso una denuncia en la policía. Fue un momento crítico en casa. Hubo lágrimas ante la inmensidad del abismo. Pero él debía salir solo del atolladero. Con nuestra acompañamiento, pero solo. Y eso incluía asumir la responsabilidad de sus actos. Las semanas siguientes parecieron años en su evolución como persona. Nos escribió mucho sobre lo sucedido, y recapacitó aún más. Y a veces queremos evitarles malos ratos, eliminarles los obstáculos, y allanarles el camino. O incluso inculcarles nuestras conclusiones tras años de experiencia, cuando las conclusiones son cosa de cada uno, y tras un proceso evolutivo.
Notamos que sus amigos, algunos incluso mayores que él, aprecian mucho su criterio y buen juicio. Ahora ha decidido desapegarse del mundo del fútbol, tras una etapa de "super-forofo" empedernido. Ha descubierto el concepto del "pan y circo", y ha optado por equilibrar su afición, lejos de las histerias y del negocio de masas.
También en unos días celebra un año con su novia. Efectivamente, precoz, como sus padres. ¡Poco le podíamos reprochar al respecto! Muchos nos preguntan nuestra opinión: acompañamiento, como no podía ser de otra forma. Ella puede ser alguien importante en su vida, o puede frustrarse la relación en cualquier momento. Y nuestro papel debe ser el equilibrio entre una amiga importante y la no generación de ataduras que les pueda condicionar en un futuro. Hasta la fecha, la plena compatibilidad de esa relación con los buenos resultados académicos e incluso con la posibilidad de viajar al extranjero, sin condicionantes ni cadenas, es el mejor termómetro para nosotros. Con sus errores. Con sus aciertos. Con sus picos. Con sus valles. Pero como la vida misma, ni más ni menos.
El haberse integrado como violinista en una joven orquesta de la provincia, sus primeros conciertos semi-profesionales, e incluso la gira que tienen programada para Rumanía en unos meses, también le está viniendo muy bien para entender el mundo, y lo que desde pequeño muchas veces le decíamos: "El que algo quiere, algo le cuesta". Y el verlo disfrutar con el sano esfuerzo que eso está representando para él, nos llena de satisfacción.
En el verano, muy probablemente, viajará a Estados Unidos a pasar allí un curso académico. Ha surgido la oportunidad, y él está siendo el principal impulsor de la misma. Así que nosotros a lo nuestro: acompañar. Sabiendo que se nos partirá "un poco" el corazón, y que lo echaremos de menos "un mucho". Pero que lo estamos preparando para vuelos así desde aquel día del gorro y los patucos. Cuando hemos compartido la noticia con otras personas, algunos nos han dicho lo de "yo no podría hacerlo". Y en unos casos esa respuesta puede ser por miedo a lo que pueda pasar; y en otros por amores que esclavizan... En nuestro caso, precisamente porque lo queremos tanto, hacemos este esfuerzo económico, pero sobre todo sentimental y de desapego. Como dice Fito: "Nunca se para de crecer, nunca se deja de morir".