domingo, 15 de abril de 2018

Yide Bikoue

Ya me apetecía conocerle en persona, la verdad. Es un lujo tener amigos virtuales que están trabajando por todos los rincones del mundo, impulsando un mundo mejor. Pero no hay nada como el abrazo, la mirada, y el lenguaje no verbal de la presencia física para sentirte aún más cómplice de héroes como él, y su querida Denise.  Se hacía complicado ese encuentro en persona para consolidar los proyectos conjuntos y avanzar en nuevos retos. Hace unos días se produjo esa fugaz reunión. Demasiado efímera para tanto por compartir. Pero aún había mucha gente a la que visitar, muchas redes que tejer, muchas sensibilidades que tocar, y pocos días aquí en España.
Herminio, Denise y algunos de sus chavales de Yide Bikoue
De su Córdoba natal, y de su vida como empresario joyero, Herminio pasó a vivir a cinco mil kilómetros en Ngaoundere, al norte de Camerún. Paco y Dulci lo conocieron allá por Perú, en aquella comunidad de niños de Lima que supuso el germen de nuestro querido proyecto de ADAPA. Y desde entonces Herminio quedó tocado. Y decidió, él también, transformar el mundo, a través de su compromiso con la infancia. No sabía cómo ni dónde. Pero cuando uno visualiza su misión, y pone sus energías en ese empeño, no hay nada que le pare. Y mágicamente se suceden todo tipo de confluencias cósmicas, sincronicidades y casualidades para que eso sea así. El ofrecerse al universo hace que la misión surja. A fin de cuentas hay tanto donde arrimar el hombro...
Chavales de la calle en Ngaoundere
Dejó su negocio de joyería, y se embarcó en la locura de recorrer África en bicicleta para recaudar fondos solidarios.Pero un amigo de una amiga le abrió antes las puertas de Camerún para que conociera la realidad de un continente tan duro. Y vaya si lo conoció. Se estrelló de lleno con un proyecto de emprendimiento social, y fue engañado en multitud de ocasiones. Es lo que sucede en los lugares en los que la supervivencia es lo primero, por encima de lealtades y compromisos éticos. Aprendió la lección. Y sintió que un entorno difícil no le iba a alejar de su vocación por los niños. Sobre todo siendo la necesidad allí tan acuciante. Por medio se cruzó Denise, su actual esposa, que conocía en sus propias carnes cómo es la vida de la calle en Camerún: sin duda durísima, especialmente para los niños varones. Cientos de ellos vagan por las calles sin rumbo, sometidos a vejaciones y abusos sexuales, enfrascados en multitud de peleas y disputas, y esnifando cola a todas horas. 
Fiesta en Yide Bikoue
Cuando te enamoras y decides iniciar una vida en pareja, sueles encerrarte en una burbuja idílica, y andas extasiado y casi atontado. Probablemente eso también le pasó a esta pareja, como a todas. Aunque poco tiempo tuvieron para embobamientos. Esa llamada de las entrañas a veces se hace demasiado apremiante, cuando la realidad es tan tozuda. Y la de los "nangaboko" (los niños de la calle) allí lo es. Así que no saben cómo, pero decidieron hacer compatible su matrimonio con la vida en comunidad que poco a poco han ido creando en su casa. Al principio fue en una casa destartalada sin luz ni agua, viéndose obligados a traer agua en bidones. Y actualmente están en otra que al menos les permite tener literas, agua, luz, y un comedor.
Los chavales de Yide Bikoue
a la entrada al cole (fila derecha)
No debe ser fácil tener veintitrés chavales en tu casa en continuo vaivén hormonal, en trifulcas frecuentes y con los caprichos habituales de la edad, tras un pasado tenebroso como el suyo. No debe ser nada fácil todo el papeleo administrativo para gestionar un proyecto social como este. Tampoco debe ser fácil gestionar los uniformes, las clases particulares y las de karate, para que poco a poco recuperen su autoestima, su confianza y quizás un futuro que andaba más que perdido. Y desde luego no debe ser nada fácil compatibilizarlo con tu vida matrimonial, y con la llegada de tu segundo hijo, que es en lo que Herminio y Denise están ahora. Pero ellos dicen que, superadas las primeras tres o cuatro semanas tras la llegada de un chaval a su casa, la recompensa vale mucho la pena. Los chavales empiezan a sentirse parte de una gran familia, y poco a poco actúan como chicos de su edad. Eso sí, respetando las normas sagradas de la casa: no robar, no mentir, y no pegarse.
Después del café compartido con Herminio mientras Rayco, el hijo de Paco, correteaba entre las mesas de la cafetería, te entran ganas de dejarlo todo y hacer una locura como la que hizo nuestros camerunés cordobés. Y te parece poco el dinero que desde ADAPA hemos aportado para la lavadora y el congelador de su proyecto Yide Bikoue ("El amor de los niños"). O el que enviamos mensualmente para el apadrinamiento de Josoufa, uno de los chavales del proyecto, que con toda naturalidad narra las barbaridades que le ha tocado vivir con tan corta edad. Por eso habrá que involucrarse en tender más puentes con ellos. Habrá que ayudarles a tener un espacio más digno y espacioso, porque se les parte el corazón al decir que "no" a nuevos inquilinos por imposibilidad física de acogerlos en su actual casa.
Dice el Talmud, y lo repetía la película "La lista de Schlinder", que "Quien salva una vida salva al mundo entero". Sin duda no puede haber mejor frase que describa el mundo holográfico en el que vivimos. Herminio y Denise van camino de salvar varias decenas de mundos enteros. Y no va a haber más remedio que involucrarse aún más en su tarea.


NOTA: Si os parece bien, iniciamos con este post el apoyo solidario a este proyecto de Yide Bikoue, de Herminio y Denise. Ya sabéis que este post se publica, como todo lo que escribimos, de forma gratuita y en abierto tanto en nuestro Blog como en nuestro Patreon. Pero si te gusta lo que escribimos, te ayuda, te sientes en gratitud, y quieres también impulsar un mundo diferente para vivir con nosotros, puedes colaborar en nuestros proyectos solidarios colaborando con una cantidad simbólica (desde 1€/mes) en nuestro Patreon Solidario.

miércoles, 11 de abril de 2018

Dos globos en el andén

A veces llegan rachas complicadas. La muerte de un ser querido o las preocupaciones del trabajo a veces hacen que el "día a día" se ponga cuesta arriba. Ella estaba justo en una de esas rachas. Era la enésima tarde que se quedaba en Málaga en la últimas semanas para tratar de hacerse con un nuevo trabajo que aún le cuesta digerir. Era ya tarde y hacía cola en la taquilla de la estación con ganas de llegar pronto a casa. De repente un chaval de unos veintipocos con dos globos en la mano se acercó azorado a la cola. Quizás fueron los dos globos; quizás su extremo nerviosismo; quizás su posible discapacidad mental; o quizás el nulo caso que se le hacía. Pero lo cierto es que ella no podía sentirse indiferente ante una escena así. Ni ante la insensibilidad que demostró la señora de la taquilla ante el "dramón" que aquel chaval llevaba consigo. Era de Montilla, a una hora y pico de Málaga. Había pasado todo el día en la capital, y cuando regresaba a su pueblo con sus dos globos, se equivocó de andén y el último autobús ya había salido. La taquillera se mostró indolente con él: "Pues te buscas un hotel, y mañana te coges el primer autobús para tu pueblo". Pero no le quedaba ni un céntimo después de su día de asueto. Y su agobio crecía por instantes.
Ella se le acercó para ayudarle. Pero él apenas podía organizar su cabeza. "Me va a caer un castigo..." "Si es la primera vez que me pasa algo así..." "Si soy de los pocos chavales a los que les dejan salir, porque siempre hago las cosas bien..."
A toda prisa fueron a la cercana estación de tren. Pero el último tren también había partido ya. Mientras tanto, lo típico que suele suceder en este tipo de crisis: el móvil que se queda sin batería, la búsqueda de un sitio para recargarlo, la llamada a la madre para explicarle y tranquilizarla...Lo intentaron con Blablacar y cuando por fin reservaron una plaza para las ocho y media, se dieron cuenta de que era esa hora pero del día siguiente. Tocaba empezar de nuevo tras pedir disculpas al conductor. Ni siquiera cayó en la cuenta que su propio autobús ya se había marchado mientras ayudaba al chaval de los globos. Es lo que pasa cuando te vuelcas en los demás: tus preocupaciones se van al garete. Seguro que cualquiera que la conozca  bromearía con ella sobre si estaba pensando en llevárselo a su casa, y buscar otra alternativa ya al día siguiente. Hay gente que es incapaz de dejar a su suerte a un ser desvalido, sea un gato, un perro o un desconocido con dos globos en un andén.
Fue justo lo que barajaba en su cabeza cuando lo intentó con otra de las plataformas de compartir coche, Amovens, instalándose la aplicación, registrándose e iniciando a toda prisa la búsqueda de conductores, aunque fueran con destino a Córdoba. Y hasta allí, finalmente, sí que encontró uno. Introdujo sus propios datos para el pago del trayecto, y quedaron con el conductor al poco rato en el entorno de la estación. El chaval no paraba de repetir: "la que me va a caer, la que me va a caer". Una y mil veces. Como una y mil veces tuvo que deshacer el paso para recuperar alguno de sus globos atados a un palito. La escena parecía surrealista. Tan surrealista que él le preguntó si ella se dedicaba a eso: a ayudar a gente indefensa que había perdido su último autobús.
Cuando por fin encontraron el coche reservado, el conductor y los otros dos ocupantes alucinaban con la escena. "¡Ah! ¿Qué es él el que viene? ¿Que es un desconocido al que no conoces de nada? ¿Que tú no vienes? ¿Pero entonces?" Las dudas quedaron resueltas por el chaval de los globos durante el trayecto. El conductor, viendo el panorama, también amable, accedió a desviarse hasta Montilla en su viaje a Córdoba. Y ella llegó casi en el último autobús del día a su casa, ya exhausta.
Sin duda nadie le devolverá el importe del trayecto a Montilla del chaval de los dos globos. Tampoco el del billete del autobús que perdió por ayudarle. Ni tampoco el tiempo y las carreras que pasó durante esas tres horas de búsqueda desenfrenada de una solución. Probablemente ni la madre del chaval le agradezca el gesto, porque ¡a saber qué explicación le habrá dado el chico para reducir su castigo! Tan sólo un mensaje muy cariñoso del joven al día siguiente dando las gracias, confirmando el duro castigo, y mostrando su deseo de volver a verse para agradecerle su bello gesto. Eso sí, mucho más tranquilo, porque reconocía su histerismo de la noche anterior.
A veces pensamos que cambiar el mundo va de grandes revoluciones. Y quizás va de gestos simples de bondad hacia un chaval con capacidades distintas que sostiene dos globos en un andén de una estación de autobuses.
Me apasiona lo que dan de sí las conversaciones en los trayectos a Málaga cada mañana, compartiendo coche ...


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jueves, 5 de abril de 2018

El clan y las familias cósmicas

La sangre está sobrevalorada. A fin de cuentas es sólo parte de esa carcasa que somos. Pero somos mucho más que esa carrocería que mejor o peor, tarde o temprano, acabará en cenizas o presa de los gusanos. Por eso nos siguen sorprendiendo los obsesivos procesos que se producen en demasiadas familias. Y lo decimos nosotros, en nuestro blog, que precisamente va de eso, de una familia de tres hijos.

La familia. Padres, hermanas, primos, sobrinas, tíos, abuelas... Ese ente que nos da la vida. Esas personas que nos acogen y nos miman en la llegada a este mundo. Y que a veces nos vuelven locos/as de atar. Ese lugar que nos inspira gratitud y resentimiento casi en las mismas dosis. Que nos cura y nos hace enfermar. Probablemente porque como germen de la vida, se mueve entre dos polos extremos difícilmente conciliables: el polo de la pertenencia y el polo de la libertad.

Haciendo tonterías cósmicas con los trajes de apicultor
de nuestro amigo Jose en la Sierra de Segura en 2016
Esos polos se manifiestan en casi todas los grupos humanos. Lo vemos en los círculos de nuestros hijos, en los que si no llevas la ropa de una determinada forma, ves los mismos youtubers que el resto, y escuchas las mismas canciones, eres expulsado/a cruelmente bajo la mofa y el cachondeo generalizado. ¿Que quieres libremente vestir, ver u oír otras cosas? Tú mismo, con tu mecanismo. Pero bien sabes a lo que te arriesgas. Igual les sucede a quienes emigran a otra provincia o país. Los hay que no paran de lamentarse de que en sus nuevos destinos la comida, el tiempo o la gente no son ni de lejos como los de su patria chica. Y los hay que hacen de los lugares más inhóspitos un hogar donde expandir los pulmones del libre albedrío. Y si eso sucede en tantos grupos humanos, qué decir en el grupo primario y primigenio: la familia.

Pertenencia y libertad. Difícil equilibrio que causa no pocas paranoias en muchas familias. En unos casos, porque al estilo de El Padrino, se busca un clan sólido donde la independencia y la emancipación no se ven con buenos ojos. Y en otros porque hay personas que buscan esa identificación, y en su familia sólo logran ver espacios abiertos que se expanden sin límites. Y tanto en un caso como en otro surge el sufrimiento en multitud de circunstancias. Desde la cena de Nochebuena, a la gestión de una herencia. Desde los parecidos físicos a la importancia del dinero o de un trabajo seguro y para toda la vida.

Aunque a muchos os parezca una locura, estamos convencidos que elegimos venir a nuestras respectivas familias. No es una cuestión aleatoria o de azar. Escogemos a nuestros padres con una finalidad: bien sea de aprendizaje, de crecimiento, o para superar determinadas pruebas. Y de esta forma, la familia se convierte en el mejor campo de entrenamiento para desplegar todo nuestro potencial. Incluso cuando lo que nos vamos a encontrar es tan duro como lo que muchos, por desgracia, os encontráis en esa pugna entre pertenencia y libertad.

Una familia puede ser un lugar maravilloso donde verse acompañado en los dones y talentos que uno o una trae para desplegar en esta vida. No es un sitio donde nos tienen que enseñar "qué es la vida". Eso ya lo traemos de serie. Es un lugar donde poder elevar a la máxima expresión nuestras capacidades y nuestros anhelos para ponerlos a disposición de los demás. Y si nuestra familia nos coloca entre la espada y la pared, a lo mejor es que tenemos justo ahí una de las pruebas que teníamos que sortear habiendo elegido venir a esa familia. Porque familia sólo hay una. Pero eso no significa que no haya miles o quizás millones de personas dispuestas a ser tu familia cósmica. A vibrar como tú lo haces. A luchar por un mundo mejor como tú. A darse a los demás como a ti te gustaría hacer.

Hay muchos que ya lo están haciendo. Sin resentimiento hacia su familia natural. Con profunda gratitud por la fortaleza interior que todo ese proceso familiar les ha proporcionado. Y han entendido que la familia que les trajo al mundo tenía un papel que es el que les ha ayudado a crecer como lo han hecho. Pero trabajando por integrar ese clan que les trajo al mundo y les ayudó a caminar, con esa amplísima familia cósmica que crece por doquier en busca de un mundo mejor. No se trata, probablemente, de derribar esos muros que a veces nos oprimen desde la pertenencia, sino de construir puentes que nos unan a tantas y tantas personas que están "a otra cosa, mariposa", volando en libertad.




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miércoles, 21 de marzo de 2018

Esa conversación que no tuvimos

¿Y si los problemas del mundo son el resultado de las conversaciones que no se han tenido? ¡Menuda preguntita nos plantearon hace unos días en Sevilla! Fue en un curso de innovación colaborativa y de generación de diálogo, redes y sinergias dentro de la Administración. Potente frase que nos interpela en cualquier faceta de la vida, en cualquier escena de nuestra cotidianidad.

Jornadas Innovación Colaborativa (IAAP: 13, 14 y 15/3/18)
Escena 1:
Esta semana apenas he podido hablar con los niños. Menudo ajetreo. Justo anoche llegué de las jornadas de Sevilla y mañana “zumbando” para Barcelona. Vengo esperanzado tras tres días de convivencia profesional en las que las palabras “Innovación” “Colaboración” y “Funcionarios” aparecían de la mano. ¿Esas tres palabras en una misma frase?. Sí. Hay gente para todo. Y aunque pueda parecer mentira para algunos, hay gente que está trabajando por un mundo mejor desde su trabajo en una ventanilla de atención al público, en una jefatura de servicio o desde un simple puesto de técnico o administrativo. Son de esos locos que se empeñan en colocar a la persona en el centro, sean ciudadanos o compañeros de trabajo. Lo de menos es el puesto en el escalafón. Liderazgo significa ayudar a sacar lo mejor de uno mismo, lo mejor de mis iguales, lo mejor de mis jefes, y lo mejor de mi equipo. Y esta gente lo hace por encima de protocolos, de burocracias, de procesos y de normativas de todo pelaje. ¿Que si son minoría? Puede ser. Nadie dijo que la tarea fuera fácil.

Escena 2:
En el viaje de vuelta de Sevilla pusimos en práctica “a rajatabla” lo aprendido. Hay que buscar espacios y momentos para conversar y para hacernos permeables al otro. Y hay que tratar que lo que a veces surge espontáneamente puede canalizarse y protocolizarse para que fluya con más naturalidad. Por eso cinco locos nos hemos empeñado en impulsar Juntacar, y con ello ahorrar costes de gasolina, emitir menos contaminación y, sobre todo, compartir conversaciones y sinergias en los desplazamientos laborales. Yo lo practico a diario con Tania y Rocío, y una vez en semana con María Jesús. Y ya estamos tejiendo redes, sinergias y sobre todo una bella amistad. En ese viaje de vuelta de Sevilla lo practicamos también Carmen, Rosa, Pedro y yo. El viaje se hizo en un “plis-plas”, la Junta de Andalucía se ahorró billetes de tren, y nos confabulamos por una Administración mejor. Quién sabe si llegará un día en que cuando nos convoquen a una reunión o a unas jornadas se facilite de forma proactiva el que compartamos coche o incluso hospedaje. Porque ya se sabe: si tu mente viaja, debes dejar que tus pies la sigan. Hay mucho que ahorrar, y mucho que conspirar. La inteligencia colectiva siempre, siempre, siempre es mayor y mejor que la inteligencia individual. Por eso hay que buscar excusas para el encuentro. Donde sea y cuando sea.

Escena 3:
También hay mucho que conversar con uno mismo. Antes quizás que con los demás. Porque podremos aportar a los demás según vayamos cultivado en nosotros. Por eso también tienen sentido otros proyectos, que ya son realidad, como el de Mindfulness. ¿Cómo queremos atender bien a la ciudadanía o enseñar bien a nuestros escolares si estamos “atacados” de los nervios, dispersos con mil historias en la cabeza, y en un bullir interior incesante? En mi anterior destino en una oficina de empleo dedicábamos 15 minutos antes de atender al público a propiciar esa conversación con uno/a mismo/a. Y los resultados fueron magníficos, tanto en la atención al ciudadano como en la cohesión del equipo. Ahora nos lo planteamos para un edificio de 14 plantas y para unos 600 funcionarios. Locuras de unos pocos empeñados en aportar granitos de arena más allá de aquello por lo que estrictamente les pagan. A fin de cuentas, hay que escuchar con atención para hablar y actuar con intención.

Mey ante una gran panorámica de Barcelona, este sábado
Escena 4:
Un niño llora desconsolado a mis espaldas. No puedo dormir. El espacio entre asientos me tiene comprimido. Son las cosas de los vuelos low-cost. En un rato me revisarán mi maltrecho ojo izquierdo en la ciudad condal. Ya tocaba, la verdad. Sólo se acuerda uno de San Pedro cuando truena. Y ya hace años que no me acuerdo de San Borja, el cirujano que me salvó el ojo. Hoy volveremos a hablar con el doctor, aunque él es hombre de pocas palabras. Mey duerme a mi lado recostada sobre mi hombro. Eso sí, me tiene cogida la mano izquierda muy fuerte para que no me escape, mientras escribo con la derecha. Es curioso cómo a los dos nos da tranquilidad tenernos cogidos cuando vamos a dormir. Da igual que sea de noche en la siesta o en esta lata de sardinas volante. Ha sido una suerte que vayamos juntos a pesar de que a la empresa de turno se le haya ocurrido la brillante idea de cobrar un plus si quieres disfrutar de la compañía de tu pareja. Pero para eso estamos las personas: para conversar y ponernos de acuerdo sobre todo y por encima de todo. Una niña que se sentó junto a mí ha podido viajar junto a su madre a la que habían sentado junto a Mey. Cambio de asientos. Familia reunidas. Lo que hace el conversar…

Escena 5:
La revisión ocular ha ido bien. Más que bien. Se abren nuevas aventuras tras ella. Nos regañaron por habernos demorado tanto en venir. Ese ojo aún está muy tocado y habría que revisarlo anualmente. Nosotros hemos tardado casi 6 años en hacerlo. Afortunadamente la vista incluso ha mejorado. Y aunque la revisión parecía que sería corta, animados por lo aprendido en Sevilla, quisimos abrir una nueva conversación, y superar el “virgencita, virgencita, que me quede como estoy”. ¿Tras dos operaciones gravísimas y meses de terapia visual tendría sentido plantearse atacar el estrabismo y quizás ver en 3D algún día? Tocando el ojo bueno desde luego que no, nos dijeron. Sería una locura, aunque posible. Pero sería totalmente factible con el ojo tocado. Porque la musculatura está bien a pesar de las intervenciones en vítreo, retina y cristalino. Y sobre todo porque sólo en dos ocasiones han conocido a alguien capaz de crear y suprimir a voluntad con su cerebro la segunda imagen de un estrabismo. Mucho por hablar y por decidir. Lo que una simple pregunta puede suponer cuando se ahuyentan los miedos o los prejuicios…

Escena 6
Anoche paseamos por las Ramblas. Venir a Barcelona y no hacerlo sería un sacrilegio. Quizás haya pocos sitios donde la heterogeneidad, la multiculturalidad y la riqueza de lenguas y razas de nuestra Humanidad se hagan tan presentes. Tras el atentado de este verano pensábamos que quizás estaría menos concurrida de lo habitual. Pero no. Estaba a rebosar. A veces la libertad le gana la partida al miedo. Aunque no pude evitar pensar en aquel individuo que embistió con su furgoneta a centenares de personas hace solo unos pocos meses en este mismo lugar. ¿Cuántas conversaciones habría necesitado para calmar esa sed de venganza? ¿Cuántas habríamos necesitado nosotros para entender por qué hay gente dispuesta a inmolarse o a atacar así a una multitud? Muchas preguntas. Muchas conversaciones pendientes.

Escena 7:
Al final de las Ramblas, llegando a Plaza Catalunya, escuchamos gritos, aplausos y abucheos. Cientos de personas estaban concentradas. Predomina el color oscuro en la piel de los presentes. Pero también hay muchos de tez clara. Hay indignación, hay pena, hay incredulidad. Les mueve la muerte del chico senegalés en Lavapiés. Ojeamos rápido la prensa y nos encontramos lo de casi siempre: diálogo de sordos. Para unos es un héroe masacrado por la brutalidad policial, y para otros un simple ilegal sin papeles fallecido por causas naturales. También ahí quedan muchas preguntas por resolver y muchas conversaciones pendientes. Porque resulta obsceno el contraste aquí entre los yates multimillonarios del puerto y justo al lado los centenares de manteros, siempre alerta ante una posible redada policial. Habrá que entender por qué existen los cayucos, las fronteras, los “sin papeles” y los hacinamientos de tantas personas en busca de una oportunidad que no tuvieron donde les tocó nacer. 

Escena 8:
Nos encanta esta ciudad. Y eso que casi siempre venimos por temas médicos. Es un lugar vibrante, que palpita sin cesar. Pero con tanta gente de tantas procedencias y sensibilidades, la necesidad de diálogo se acrecienta. De lo contrario, las distancias se hacen enormes. Los balcones llenos de banderas de todo pelaje dan buen testimonio de ello. Los “Hola República” compiten con los “Hola Europa”. Los lazos amarillos con las pegatinas de Tabarnia. Reconozco que ya cansa esta permanente batalla. Porque si alguna de las posturas piensa que “antes de lo suyo no hubo nada”, se equivoca. Como dijo un compañero hace unos días, esa frase sólo existe en un corazón enamorado. Todos somos UNO. Y estamos unidos de una u otra forma. Lo queramos o no. Por eso es absurda la dinámica en la que llevamos meses. A ver quién la tiene más larga, sean banderas o manifestaciones. Cuando lo importante es lo largas que deberían ser las conversaciones para acercar posturas y cerrar esta grave ruptura social. Muchas conversaciones pendientes aquí. Faltan ganas y disposición para entender al discrepante, al diferente. Mucho por hacer en ambos lados.

Escena 9:
Hacía quizás años que no asistíamos a un espectáculo en parejita. La escapada barcelonesa era una oportunidad de oro. Y dado nuestro dominio del catalán y la oferta de la cartelera, la mejor opción que vimos fue un espectáculo de danza contemporánea. No lo esperábamos, pero nos conmovió profundamente. Trataba sobre la mujer y sobre la igualdad de géneros. Es increíble cómo cinco personas sobre un escenario vacío pueden llegar a estremecer tanto, y en tan poco tiempo sobre los estereotipos, la violencia y la discriminación de tantas mujeres en todo el mundo. Y todo ello tan sólo con el movimiento de sus cuerpos en conjunción e interrelación. Muchísimo sobre lo que conversar, también en esta materia.

Escena 10:
Hay gente a la que esto de conversar, de propiciar el diálogo y de suscitar el encuentro le sale solo. Mey es una de esas personas. Quizá sea por su vocación docente o por los idiomas. Pero ella tiene interiorizados los Caminos Caórdicos y las técnicas SCRUM, Espacio Abierto, Círculos de Coaching, Check-In o Check-Out que nos enseñaron en Sevilla. Cuando hemos ido los dos a dar alguna charla o conferencia, le fluyen de forma natural ideas y dinámicas para el compartir, el diálogo y el conformar equipos. A los demás quizás nos toque aprender todas esas técnicas. Porque el no dialogar no es una opción. Sí o sí. Sea moviéndonos entre lo muy organizado o lo muy caótico. Sea por carta, por skype, por facebook, en una reunión de trabajo, en el coche, o por teléfono. Pero solo conversando se puede conspirar por un mundo mejor. ¿Conspiramos? ¿Conversamos? Como hicimos en Sevilla, pasamos la bola de la palabra.



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jueves, 8 de marzo de 2018

Gestos en femenino plural

Un mundo diferente para vivir es posible con ellas. Sin ellas no. Imposible. Por eso lo de hoy tiene todo el sentido del mundo. Y ojalá lo de hoy sea sólo el inicio de lo que está por venir.
Porque urge un mundo más femenino.
Las mujeres de la familia, hace dos semanas.
Urge una Humanidad más llena de mujer.
Urge apostar por la cooperación, más que por la competencia.
Urge preocuparse por los demás, por los más débiles, y cuidar más del prójimo, como ellas hacen mayoritariamente.
Urge trabajar en lo pequeño y en lo escondido, aún en la ausencia de reconocimiento ajeno.
Urge encontrar el lado femenino que todos tenemos; sí también los muy "machotes".
Urge olvidarse del "yo ayudo en casa" y darse cuenta que no es que ayudes en la responsabilidad de ella; es que es también tu responsabilidad.
Urge desactivar tantas y tantas programaciones que llevamos todos, incluso ellas, tras generaciones y generaciones de sometimiento o arrinconamiento.
Urge huir de la crítica a ellas por hacer lo que se alaba en ellos.
Urge huir del chiste "facilón", de los comentarios lascivos y de las pesadas insinuaciones.
Por supuesto urge saber ponerse del lado correcto ante un acoso o una agresión, ante una injusticia salarial.
Y urge porque han pasado siglos ya de vivir como normal lo que no lo es. Y así nos va.
Hay muchas personas que siempre nos preguntan si quien escribe este blog es un hombre o una mujer. Y siempre pensamos lo mismo: ¿por qué importa tanto clasificarnos con lo que tengamos entre las piernas a la hora de cambiar el mundo? Hay muchísimo de femenino en lo que escribimos, lo escriba Mey o lo que escriba Rafa. Hay muchísimas mujeres que nos leen y que tejen redes con nosotros. Y también hay muchos hombres que conectan con lo femenino que, desde este humilde altavoz, emitimos.
Una huelga como la de hoy es un gesto más. Un gesto que puede ser más o menos compartido. Más o menos acertado. Pero tan necesario como tantísimos gestos que deben venir. Porque hay mucho que pintar en femenino. Mucho que hacer en femenino. Y solo no se va a hacer. Habrá que apretar con muchos gestos más en femenino plural.

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sábado, 3 de marzo de 2018

Cambridge

El mundo es un pañuelo. E incluso hay teorías que lo demuestran. Se dice que cualquier persona en la Tierra puede estar conectada a cualquier otra persona del planeta a través de una cadena de conocidos que no tiene más de 5 intermediarios, conectando a ambas personas con tan sólo seis enlaces. Nosotros compartimos esa visión. Y lo cierto es que cuanto más amplios son tus círculos y más pequeñas las distancias y las fronteras, más conectados nos sentimos con el resto de la Humanidad. A fin de cuentas todos somos Uno. Por eso sería maravilloso conocer todas las semanas lugares nuevos y gente nueva. Cincuenta y tres sitios nuevos, y otros tantos seres en nuestras vidas cada año. Menudo lujazo sería.
King´s College.
Quizás todas las semanas sería demasiado. Pero un par de buenas escapadas al año vienen de maravilla. Y la de febrero ya se ha convertido en una tradición en casa. Una escapada en pleno invierno abarata mucho los viajes y los destinos suelen estar muy poco concurridos. Es sin duda el mejor momento para unos trotamundos como nosotros. Pero este año era aún más especial. La escapada a Cambridge era la excusa perfecta para conocer a Julia, nuestra nueva sobrina, que precisamente hoy cumplía su primer mes de vida.
Sabíamos que este año habría menos museos o monumentos que visitar. Menos bosques que recorrer. Menos lugares nuevos por descubrir. Pero eso no hacía menos excitante la escapada. Y es que contemplar a un ser tan indefenso, tan inocente y tan entrañable durante horas puede ser el mejor de los planes cuando sientes que un fino hilo te une a ese ser. Y no puedes evitar pensar cómo será el mundo que le entregamos a Julia. Cómo se desenvolverá en él. Y si ella formará parte de ese ejército de seres elegidos para transformar este mundo. Todo ello mientras simplemente la contemplas dormir, o mientras compruebas cómo por momentos sus pupilas empiezan a descubrir formas y colores hasta ahora borrosos para ella. Quizás sea que tenemos adicción por los niños pequeños (ya deberíamos estar vacunados, tras tres hijos), pero lo cierto es que mecer a un bebé, canturrearle al oído, tranquilizarle con los gases, o simplemente dormirlo es una experiencia única para nosotros. Algo que te conecta con el sentido más auténtico de la vida. Lejos de jaleos, de prisas, de agendas y de ambiciones. Y cerca del simple vivir viviendo. De ese tenue discurrir de la existencia de generación en generación. Y te olvidas del ayer o del mañana. Sólo existe el aquí y el ahora mientras su minúsculo pecho suspira o su boca busca en sueños el pecho materno.
Pero esta semana Julia no ha sido el único nuevo eslabón de nuestros seis grados de separación. También hemos conocido a Henry, un magnífico anfitrión, que nos abrió las puertas de su elegante apartamento de Cambridge en cuanto supimos que Julia nacería por estas fechas. Su generosidad y flexibilidad con nosotros han sido mayúsculas. Y sus historias sobre sus viajes alrededor del mundo, apasionantes. Siempre que podemos, tratamos de contactar con personas que, como nosotros, abren las puertas de su casa a desconocidos por el simple placer de conocer nuevas experiencias, tejer complicidades y construir puentes de entendimiento. En eso Henry es todo un maestro. E intuimos que surgirán con él interesantes sinergias. Seguro que vendrá a Málaga. Seguro que le ayudaremos con su intención de hacer el Camino de Santiago. Y seguro que él nos guiará en alguna escapada futura por su amada Asia.
Mañana toca vuelo de regreso a casa. Y estamos pasando las últimas horas en Londres con nuestros queridísimos Nuria, Pete, Stella y Alexia. Ellos ya forman desde hace muchos años parte de esa red que nos une al resto de la Humanidad. Nunca ha sido un problema que vivamos tan lejos. Ya nos encargamos de fomentar el intercambio y vernos al menos un par de veces al año, para que esos lazos sigan firmes para nuestros hijos.
Cuando una visita a Cambridge resulta tan rica por la gente a la que conoces, lo demás resulta casi anecdótico. Aunque sea la primera vez que hayamos pedaleado a seis grados bajo cero. Aunque hayan tenido que cerrar colegios y universidades por el gélido temporal. O Aunque haya sido la primera vez que visitamos una ciudad milenaria teñida de blanco. A fin de cuentas, esta semana el mundo se ha convertido en un pañuelo un poquito más pequeño para nosotros. Y ese factor humano es, sin duda, lo más importante. Como siempre.


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martes, 20 de febrero de 2018

De puntillas

Ya han pasado seis meses. Y uno no acaba de acostumbrarse a la ausencia de un hijo. Por mucho entrenamiento que tuviéramos con el otro el pasado curso. Aún nos levantamos y lo primero que hacemos es mirar si hay un audio, una foto o un vídeo suyos en el whatsapp. Algo que nos conecte con él al otro lado del "charco".
Sorprende ver hasta qué punto los hijos crecen en la distancia. Cuando los ves a diario, los avances son difíciles de advertir en el "día a día". Pero en plena adolescencia y con tantos meses de por medio, los cambios son abismales. Y de repente te lo encuentras hecho casi un hombre a la vuelta de un skype. Casi de puntillas. Casi sin darte cuenta.
Francia, verano de 2006
En la mirada lejana, alucina comprobar hasta qué punto cada hijo es distinto. Por mucho que los hayas educado igual. Por mucho que se hayan ido con la misma edad, al mismo país, o bajo las mismas premisas. Siempre hay un hijo que prefiere pasar inadvertido. Como esos valiosos libros que, como diamantes, se ocultan en los rincones más recónditos de las grandes bibliotecas. El nuestro busca a conciencia el anonimato. Siempre lo ha hecho. Incluso cuando mentía a su profe de lengua sobre lo poco que leía, para no tener que hablar del "libraco" de mil quinientas páginas que le esperaba debajo de la almohada cada noche. Despliega todas sus artes para mimetizarse con el entorno. Y cede el protagonismo a otros. Quizás por timidez. Quizás por convicción. Quizás por guardar celosamente su intimidad.
Lo más difícil es cuando, como padres, tratamos de desentrañar cómo está por dentro a seis mil kilómetros de distancia. Qué siente. Qué anhela. Qué ansía. Y nos toca descifrar los mensajes en clave que nos llegan sueltos. Es cierto que la comunicación se llena de pequeñas anécdotas. Pero el corazón sigue ahí, escondidito. 
En ese proceso oculta sus dones y no acaba de descorchar el manjar de su alma. Por si acaso. Pero siempre, como padres, nos preocupa pensar hasta qué punto estará reservando parte de su tesoro. A lo mejor porque piense que con el talento es suficiente. Por ahorrarse esfuerzos baldíos. O quizás porque no le interesen los trenes que a veces pasan ante nosotros en la vida.
Sin duda pertenece a ese grupo de personas que, probablemente tienen más controlado su ego. A fin de cuentas no van vanagloriándose de sus logros. Aunque hayan sido escogidos entre todos los estudiantes de piano de Pensilvania para una masterclass. O aunque se estén desenvolviendo de maravilla en territorio forastero,con notas espectaculares, y con asignaturas en inglés. 
Nunca sabes, como padre, si deberías apretar un poco para que el trabajo haga el tándem perfecto con el talento. O si debes simplemente observar el devenir de los procesos personales de cada hijo. Aunque puedan pasar de largo maravillosas oportunidades ante ellos. Las oportunidades, en definitiva, pueden estar a tu lado o dentro de ti. Y a veces podemos obsesionarnos con grandes retos, grandes proyectos o lugares lejanos. A fin de cuentas sólo somos sus compañeros de viaje. Quizás unos compañeros algo pesados, eso sí. Pero simples compañeros de aventuras, a fin de cuentas.


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miércoles, 14 de febrero de 2018

Es broma

No hay nada más fácil. En serio. No, en serio no. En risa. Repito: no hay nada más fácil. No cuesta dinero. No cuesta esfuerzo. Activa las endorfinas. Y nos coloca las gafas para ver la vida color de rosa. Reír, reír y reír. Es lo que hacen los niños sin parar. Porque la vida está para eso. Para reír sin parar. Sin embargo, nos empeñamos en hacer lo contrario. Nos tomamos la vida muy "a pecho". Sobre todo cuando nos hacemos adultos. Consigue un trabajo para toda la vida. Sé políticamente correcto. Cuidado con el "qué dirán". No toques esto. No digas lo otro. No hagas aquello. No te salgas del camino. Eso no es posible. Aquello no puede ser. Haz como el resto. Sé alguien de provecho...
Tres bromistas en la granja de la bisabuela. Francia, 2007.
Estamos hasta las narices de tanta seriedad. De tanta rigidez. De tanto encorsetamiento. Y nos encanta reír. Es algo que Mey practica con desenfreno. Y probablemente es el mejor regalo que podamos dar a los demás, incluso si no los conocemos.

Hace algo más de un mes, lo practicamos con auténtica desvergüenza. No recuerdo un almuerzo más divertido en mi vida. Y eso que era un almuerzo en plan "novios". Era 28 de diciembre, Día de los Inocentes. El día anterior habíamos compartido aventuras con Magdalena y David, no sólo sobre su éxito literario y poético, sino sus desventuras en el mundo del celuloide. Nos narraron cómo, para salvar su negocio de restauración familiar, se habían embarcado en una serie y en una película con actores de primera línea. La primera película de la historia en la que los actores principales eran todos de la misma familia. Un precioso proyecto de ilusión. Una pena que a veces las cosas se tuerzan y que la vida acabe gastando bromas pesadas. Es sorprendente la conexión que sentimos con esta pareja: familias de tres hijos, avidez por un mundo mejor, complicidades a través de la escritura...Impactados por su relato de cine, decidimos conjugar el verbo "bromear" en todas sus conjugaciones, y anunciamos "a bombo y platillo" la buena nueva: habíamos recibido una oferta para hacer una película con ellos. Las dos familias juntas. El cartel de la primera y el enlace a su serie nos lo dejó "a huevo". Y los primeros en caer fueron nuestros hijos. Ya se veían los pobres pisando las alfombras rojas de Hollywood, y firmando autógrafos. Pero lo cierto es que la práctica totalidad de las personas a las que les anunciamos la buena nueva se lo tragaron por completo. Y fueron un buen puñado. Ni se acordaron de que era el día que era. Ni titubearon. El "mosqueo" fue generalizado cuando les enviamos el borrador de cartel para la "peli", que no era otro que el monigote del día de los inocentes. Y aunque nos partíamos con esa inocencia colectiva, en la situación había mucho más que jarana o cachondeo por la gamberrada.
Había una confianza extrema en nuestras posibilidades. Quizás por sintonía, por cariño o por puro amor. Pero casi nadie titubeó ante la noticia y la dieron por buena. Probablemente ha pasado lo mismo en tantas y tantas de nuestras aventuras de los últimos años, que podrían parecer mentira y que se han hecho realidad: el libro, la televisión, pequeñas revoluciones solidarias, los logros de nuestros hijos... Y eso significa sobre todo una cosa: que cuando te rodea gente que cree en tus posibilidades, no tienes límites. ¿O acaso es que alguien piensa que lo que hemos conseguido, y que a tantos les parece mágico, es por mérito nuestro? Sentimos desilusionaros. No. El mérito es de tantísima gente que cree en nosotros. El mérito es de quienes visualizan que no hay obstáculos que nos paren. El mérito es de quienes te aúpan hasta los confines de las utopías y de los imposibles. Así que lo tenemos claro: rodéate de gente que te quiera tanto como para creer en ti hasta la locura. Y haz tú lo mismo con ellos. Rodéate de gente que no dude en encumbrarte hasta las cimas más altas. Y si aún no has tenido la enorme suerte de poder rodearte de gente así, haz oídos sordos. Que lo que piensen o digan los demás, no coarte tus posibilidades, porque éstas son infinitas. Será más difícil quizás. Pero también es factible hasta que puedas encontrar a gente así.

Lo decía Le Bouvier de Fontenelle: no te tomes la vida demasiado en serio; al final no saldremos vivos de ella. Habrá que tomarse en serio la broma. Habrá que reírse más de la vida. Y habrá que rodearse de gente cuya fe en nosotros nos mate de risa. ¿No os habíamos dicho nunca que creer es crear? Jajaja

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martes, 6 de febrero de 2018

El sueño de un hijo

Dos lagrimones cayeron por sus mejillas. Es difícil verla llorar, pero el momento lo merecía. Lágrimas de orgullo, de satisfacción y quién sabe si de sentir que estábamos cruzando una puerta sin retorno. Es algo a lo que te preparas desde que nacen, pero cuando llega un momento como el del sábado, te pilla desprevenido.
Este fin de semana nos fuimos de excursión a las nubes. Dicen que "de Madrid al cielo", y allí estuvimos. Sí, también en Madrid. Tuvimos nieve en la capital. Pero sobre todo tuvimos la carne de gallina casi todo el tiempo. Unos días que habíamos estado visualizando durante meses y que no defraudaron ni un ápice. Patricia y Alfonso nos mimaron de lo lindo en su hogar. Y la vida nos había regalado dos días antes una maravillosa sobrina, Julia. Todo parecía ir a favor de algo mágico.
Nos enteramos de esta historia hace poco más de un año. Nuestra amiga Ana Isabel nos contó que había una organización internacional cuya vocación era educar a jóvenes de 16 a 19 años en la cultura de la concordia, la paz, y el encuentro. Luego nos enteramos que Mandela presidió en su día esta locura, y que hay 159 países involucrados, con 17 colegio repartidos por todo el mundo, y con unas 90 nacionalidades conviviendo en cada colegio hasta un total de 8.000 jóvenes por año. Un sitio en el que compaginar el bachillerato internacional con el compromiso solidario y social. Un sitio en el que unirse a otros chavales utópicos, dispuestos a cambiar el mundo. Una cantera de soñadores por un mundo unido y mejor. Pero un sitio reservado para unos pocos. De hecho, cada año, desde España, sólo entre 10 y 20 jóvenes acceden al privilegio de esas becas, entre cientos o miles de solicitudes ¿Imposible? Sin duda: imposible. Por eso había que ponerse manos a la obra.
Pablo en Ordesa (agosto 2016)
Llamamos para informarnos y de entrada ya nos chocó que nos pasaran con la Directora General, y que durante casi media hora se preocupara por la hipotética posibilidad de que nuestro hijo Pablo, en aquel entonces en Estados Unidos, pudiera presentarse al proceso de selección y probar. No nos sentimos un número. Sentimos conexión con esa aspiración superior. Y ahí se inició algo. Hace unos meses, un simple anuncio de facebook reactivó el tema, y Pablo retomó ese imposible . Daba igual que ya estuviera en primero de bachillerato y que si esto salía, accediera a la universidad más tarde. No hay prisas ni hora de llegada para un cometido así.
Durante meses estuvo interiorizando, redactando y revisando hasta la última coma del formulario de solicitud, muy atípico porque no iba de méritos académicos, de sobresalientes, o de medallitas, sino de anhelos y de ansias por comerse el mundo. Y cuando pulsó el botón de "enviar", nos olvidamos de esta historia. Es lo bueno de no aferrarse a nada: no desperdicias energías en "pre-ocuparse", y las reservas para cuando toque "ocuparse". En diciembre llegó el primer "subidón": había superado todas las fases de evaluación y estaba en la gran final de los últimos 60 aspirantes, ya en Madrid. Pero desde navidad aún tocaba lo más difícil, el triple salto mortal: preparar un proyecto solidario para ser implementado en la realidad y exponerlo ante un tribunal. Todo ello junto a entrevistas, dinámicas de grupo, tests psicológicos y pruebas de conocimiento general y actualidad. Menudo reto a los 16 años. Evidentemente me diréis que soy poco objetivo. Así es. Es lo que tiene ser padre. Pablo desplegó todo su talento hasta límites que desconocía. ¿Hacer el resumen del proyecto en rima? ¿Darle nombre a cada objetivo con guiños a su aspiración por ese mundo mejor? ¿Unir su pasión por la música con los proyectos solidarios con los que trabajamos en casa? ¿Ponerse un apodo que conectara con su sinfonía favorita? Con un par. Pero el talento no es nada sin esfuerzo. Y ahí ha estado "currándoselo" día y noche durante semanas hasta asentar argumentos, tiempos y expresiones. Evidentemente hemos compartido su ilusión y también nos ha tocado dar el callo: con el cronómetro, haciendo de tribunal, de abogados del diablo, de motivadores... Y también tirando de las orejas cuando ha hecho falta.
El sábado hubo más que nervios. Hubo gritos. Hubo risas. Hubo tensión. Hubo dolor. Y hubo que dar el cien por cien para alcanzar ese imposible.Y cuando a las ocho de la tarde, en una sala abarrotada de jóvenes acompañados de sus familias, junto con otros elegidos, se pronunció el apodo de Pablo para la entrevista final, la cosa no estaba ya para reprimir lágrimas, la verdad.
Uno espera que cuando reúnes a 60 personas que van a competir por 10-15 plazas de un sueño único, puede haber puñaladas traperas de todo tipo, como en las oposiciones. No se te ocurre pensar que esos 60 chavales van a crear un grupo whatsapp, y van a organizar una quedada después de que muchos hayan sido descartados. Es lo que hicieron el sábado. Quizás es que son gente de otro planeta. Quizás son madera de un nuevo mundo. Quizás los liderazgos que están por venir van de colaboración y de "hacer piña", más que de lo que vemos hoy en las portadas de la actualidad. Quizás es que debemos ser más optimistas. Cualquiera de los chaveas que no han entrado en este sueño este fin de semana tienen miles de puertas por abrirse ante ellos, y toda la capacidad para cambiar este mundo. Sin duda alguna. 
Luego el domingo tocó esa entrevista final, ya con miembros del patronato, gente del más alto nivel de la carrera diplomática y de las relaciones internacionales, atentos a lo que un chaval adolescente tenía que contarles. Y después hacer números y cuadrar las becas donadas por las distintas fundaciones con los elegibles. Hasta en eso esta historia es revolucionaria: antes, si había 10 becas, iban 10 jóvenes. Pero se dieron cuenta que podían estar becando a gente que podía sufragarse ese sueño, y entonces decidieron ofrecer la posibilidad de regalar ese sueño a otras personas. Así que las familias elegidas, y sólo ellas, podrían decidir aportar algo para beneficiar a los siguientes en la lista que hubieran quedado descartados. El año pasado había becas para 9 jóvenes. Al final fueron 19. La magia de apostar por un mundo mejor. El "deja lo que puedas, coge lo que necesitas" desplegándose y aterrizando de lleno en la realidad. Nosotros también participaremos en ese esfuerzo económico. Todo lo que se da, el Universo lo devuelve con creces. A ver quién nos va a decir lo contrario...
Hechos todos esos cálculos, y abiertos los sobres de los primeros elegidos con su posible aportación en beneficio de otros, tocaba dar una respuesta. Pero esa respuesta final sólo la iba a saber cada uno de los elegidos por teléfono hoy martes. Ni padres ni gaitas. Sólo ellos podían recibir esa llamada. Su máster en imposibles les ha dado ese privilegio. Y esa llamada se ha producido hace media hora. Pablo está dentro. En agosto partirá hacia ese nuevo mundo.
No sabemos si compaginará su pasión por la música con todo lo que ahora se le abre por delante. No sabemos si su billete para los dos próximos años será para Italia, Armenia, India, Canadá o Singapur. No sabemos si acabará fichado por alguna lejana universidad de las que buscan talentos inquietos en estos colegios. Y la verdad, poco nos importa ahora. Esa será otra historia. Ahora toca disfrutar del presente. Toca flipar con el imposible hecho realidad.
Tener un hijo es hacerlo compañero de camino. Es ayudarle a tener alas para cuando toque volar, aunque se antoje muy temprano. Es donarle parte de tu alma para lo que tenga que venir. Es hacer magia a través de sus manos, de su talento, de su esfuerzo. Es dejar una semilla al futuro, cargada de sueños, aunque toque empaparla con lágrimas, para que acabe creciendo. Lágrimas como las de este sábado.

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domingo, 28 de enero de 2018

Prohibido cínicos y pesimistas

Hoy me he levantado con el pie izquierdo. Menudo día que llevo. Todo me sale mal. No doy una. Parece como si todo el mundo estuviera en mi contra. Incluido el ascensor, el semáforo de mi calle, y el surtidor de la gasolinera a la que acudo cada semana. Hay días que sería mejor no levantarse, la verdad. Es como si llevara un cartel a la espalda que dijera: "hoy no me va a salir nada bien". Y lo curioso es que se cumple "a rajatabla" el dichoso cartelito. Estoy seguro que si pusiera "Dame una colleja", hoy habría colas para dármela.
Eva, viendo el mundo desde otra perspectiva.
El anterior párrafo hubo un tiempo que me lo decía interiormente. Sí. Es cierto que hace ya bastante tiempo de eso. Pero lo hacía. En cuanto algo se torcía mínimamente, activaba el modo pesimista, y se iba cumpliendo escrupulosamente mi destino autoimpuesto. Hoy ya es más difícil que eso pase. Mi querida Mey me dio clases particulares e intensivas de optimismo. Y ahora sé que el optimismo, como el amor, es casi al cien por cien pura voluntad. Tú decides ser optimista. Contra viento y marea. Contra esa dichosa epidemia contagiosa de cinismo pesimista que nos invade. Esa que hace que sea mucho más sencillo e incluso aceptado socialmente, hablar de las malas noticias, de lo mal que va todo, y de que esto no hay quien lo cambie. Y frente a eso, hay toda una legión de optimistas que han decidido prepararse para soñar un mundo diferente. Y como dice Mark Stevenson, son gente que cree que la vida tiene que ver mucho más con tus creaciones que con tus posesiones, aunque eso te tenga continuamente embarcado en mil y un proyectos. Gente que se compromete con ideas, anhelos y aspiraciones que van más allá de sí mismos. Gente que piensa y actúa como un ingeniero para hacer realidad sueños, más que como políticos condicionados por ideologías que sólo son capaces de ver una parte de la realidad. Gente que cree que las ideas están para compartirse, más que para protegerse, y que con ello consiguen conferir poder a otros, más que ejercer ese poder sobre esos otros. Gente que sabe que lo verdaderamente irresponsable para lograr un mundo mejor es no intentarlo, y que para ello se arriesgan a equivocarse cuantas veces haga falta, hasta alcanzar el "error adecuado". A veces no hay mejor forma de empezar que tomando el camino equivocado, sabiendo que es un camino largo y lleno de tropezones. Pero quedarse quieto no es opción. Son gente que se niega a ser encasillada en una profesión, en una etiqueta o en un colectivo. Gente que sabe que somos lo que hacemos y lo que sentimos, y no lo que tenemos intención de hacer
Es un imperativo moral. Lo siento. No tenemos opción. Sí o sí. Sólo cabe ser optimistas prácticos y pragmáticos. El tic-tac de este mundo suena para nosotros. Este mundo no puede permitirse el cinismo ni el pesimismo. Prohibido. 

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sábado, 27 de enero de 2018

El pueblo de los abuelos

Cabra (Córdoba)
Eran días de risas y de carreras.
Días de cuentos de la guerra en la cama del abuelo.
Días de escondite tras la puerta del trastero.
Días de tambor y de ondear de bandera.

Días de triturar pan o tomate con la manivela.
Días de pelota y macetas caídas en el patio.
Días bajo la escalera portátil cubierta de trapos.
Días de dulces regañinas de la mejor de las abuelas.

Días de petardos y latas por la Fuente del Río.
Bajada de la Virgen de la Sierra
Días de gajorros a escondidas, auténticos manjares.
Días de Virgen de la Sierra, de gente en los bares.
Días de todo lleno, de nada vacío.

Días de procesiones, de batallas de flores, de ir de flamenco.
Días de patatas fritas en el Paseo.
Días de pilla-pilla, de pollito inglés.
Días de "carpe diem", de "vivir el momento".

Días de olor a incienso bajo la mesa camilla.
Días de complicidad y gamberrismo con todos los primos.
Días de besos, de encuentros, de mimos.
Días que nunca se irán, aunque se vayan las vidas.


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domingo, 21 de enero de 2018

Malas hierbas

Era una auténtica selva. Ortigas, cardos, zarzas, tréboles, cerrajas y verdolagas se habían hecho fuertes. Los días de lluvia, unidos a algún que otro resfriado y al quehacer diario, nos impidieron darle una ojeada a nuestro huerto. Y nuestras pobres coles, guisantes, lechugas y fresas estaban sitiadas por las malas hierbas. Es lo que tiene una tierra tan fértil y un clima tan benigno: que todo crece que es una barbaridad. Y si te descuidas, el huerto se convierte en una jungla.
Nos resistimos a llamar "malas hierbas" a especies que las pobres también tienen derecho a existir sin que se las descalifique, y que en muchos casos incluso son comestibles. Pero lo cierto es que ya nos ha pasado que acaban usurpando el terreno de tomates, pimientos, cebollas y calabazas. Y si el objetivo del huerto es precisamente tener una pequeña producción ecológica, que evite los pesticidas, que reduzca la factura del súper, y que de camino permita un mayor contacto con la tierra, no queda más remedio que estar ojo avizor a esas hierbas. Sabemos que hay métodos como el del japonés Fukuoka, que pretende conseguir las condiciones más naturales posibles con la mínima intervención por el ser humano: sin arar, sin abonos, sin fertilizantes, sin podar y sin eliminar malas hierbas. Nosotros cultivamos sin químicos, y lo más ecológicamente posible, pero aún no hemos llegado a lo de este método, la verdad. Quizás todo se ande. Pero por ahora no nos da la vida para tanto.
Así que este fin de semana tocaba quitar hierbas, agachados, con el azadón y en posiciones casi imposibles entre tanto matojo. Buena terapia para la espalda y la vida de oficina. Y es curioso cómo ese contacto con la naturaleza, con el agua, con la tierra y el barro, despierta mil y una analogías con la vida cotidiana. Tras las recientes lluvias, el suelo estaba aún húmedo, y el quitar las hierbas se convertía en una tarea mucho más sencilla de lo habitual. Apenas había que escarbar un poco y con un simple tironcillo la hierba salía sin apenas esfuerzo. Nada que ver con lo de otras veces, que casi nos obligaba a ir con motosierra. El momento era propicio para ello. Como pasa también en la vida. Y los padres lo sabemos muy bien. Hay pequeños actos cotidianos que si se siembran, se acaban convirtiendo en hábitos. Y hay también otros, que como esas hierbas de nuestro huerto, si se dejan crecer, no sólo acaban siendo hábitos perjudiciales para nuestros hijos, sino que incluso acaban forjando un carácter, e incluso un destino. 
Y ahí surge la gran pregunta que todo padre o madre tarde o temprano se hace: ¿intervengo o no intervengo? ¿Corto esa hierba, o estaré coartando parte de su encanto, de su chispa, de su espontaneidad? ¿Hasta dónde dejar crecer su salero, y a partir de dónde podrá acabar convirtiéndose en un maleducado, en un consentido, en un perezoso o en un asocial? ¿Aplicamos el método Fukuoka o cortamos esas posibles malas hierbas? Desde luego, si optamos por lo segundo, mejor en terreno blandito, como nosotros en nuestro huerto este fin de semana. Porque si esperas mucho, el chaval puede tener ya novia, sacarte medio metro, y mandar tus tijeras de podar al "quinto pinto". Los que tenemos hijos en edad pre-adolescente y adolescente vivimos permanentemente en esa dicotomía. Ante una mala respuesta, ante un portazo, ante un desaire, ante una chulería o ante la enésima confrontación: ¿tijeras o Fukuoka? Y curiosamente también en las últimas semanas, algunas personas cercanas nos hablaban justo sobre esto, pero aplicado a su relación de pareja: si le hubiera dicho a tiempo que compartiéramos las tareas de casa, si hubiéramos puesto las cartas sobre la mesa en su momento, si, si, si.....
Nuestro huerto no sólo nos alimenta, también nos da que pensar. Vemos que hay plantas que no se pueden juntar; otras que se asocian entre ellas; otras que deben plantarse para proteger la producción contra caracoles, pájaros o bichos variopintos... Menudo máster si lo aplicamos a las relaciones humanas. Habrá que acudir más al huerto, para seguir aprendiendo de la vida.

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lunes, 15 de enero de 2018

Luz y espectadores

"¡Por si no lo sabéis! Ilumináis el camino y esa luz es la que nos guía a muchas personas...Gracias, gracias, gracias".
Este comentario reciente de "Ani" a uno de nuestros posts nos dio un vuelco al corazón nada más leerlo hace pocos días. Desde hace tiempo abrir el correo o el whatsapp es una preciosa aventura. Toda una ventana a un mundo fascinante de vivencias que se cuelan por la rendija de nuestras vidas cotidianas, entre idas y venidas de actividades extraescolares, entre fogones y la tabla de la plancha, entre horarios laborales y escolares...Vivencias muchas lejanas y otras cotidianas y próximas. Todas formando parte de ese objetivo de tejer complicidades, de urdir conspiraciones utópicas, de hilar connivencias del alma.
Nuestro Faro de Torre del Mar,
dando luz hace unos días
Pero sería iluso y pretencioso por nuestra parte creernos gurús, maestros, "influencers" o referentes de nada a raíz de mensajes como el de "Ani". Casi nos causa risa siquiera el pensarlo. Y eso que estas navidades han sido continuos los encuentros con desconocidos que resulta que nos leen a través de un amigo, de un compañero del trabajo, de un vecino... Gentes que desconocemos pero que nos conocen. Admiradores anónimos desde la distancia y el silencio. Pero es cierto que nuestro simple compartir ha ayudado a algunos que se sentían solos, desorientados, sin rumbo claro. Y eso nos hace recapacitar. Porque no somos maestros de nada, más allá de nuestras propias vidas. Pero cuando las compartimos, sentimos la conexión inmediata con las vidas, preocupaciones y anhelos de otros. Es como si ese compartir fuera la excusa perfecta que alguien estaba esperando para abrirse, para activarse, para emprender su rumbo. Lo notamos con total claridad en las charlas que a veces damos en colegios o asociaciones: empezamos a contar algunas de nuestras vivencias, de nuestros enfoques de vida como familia, y de inmediato se alzan las manos para compartir experiencias similares, dificultades similares, éxitos o fracasos similares. Es como si ese compartir nuestro fuera la forma de romper el hielo que parece separarnos del prójimo en un paisaje de apariencias y de normalidad.
Dicen que vivir la vida, de verdad y con autenticidad, es un arte. Eso hace que todos seamos artistas en potencia. Algunos ya consagrados y otros diamantes en bruto. El genial compositor Schumann dijo una vez: "mandar luz a la oscuridad del corazón de los hombres: ese es el deber del artista". Quizás por eso nos ilusionó tanto ese comentario de "Ani". Porque lejos de activar en nosotros pedantería o engreimiento, nos conecta de lleno con el papel de artistas que todos tenemos en esta vida. Da igual que sea con un violín como nuestro hijo Pablo, con un hermoso whatsapp de ánimo, con un abrazo en la cola del súper, o con uno de nuestros posts. El hecho es mandar luz a la oscuridad del corazón de los demás. Hay corazones que necesita muuuucha luz. Y en esa tarea, lo sentimos mucho, pero no hay artistas que toquen y público que aplauda. Todos somos artistas que deben subir al escenario de la vida. O jugamos todos o pinchamos la pelota. No cabe remolonear. No cabe repanchingarse en un rincón. No cabe esperar a que otros hagan la pirueta y unirnos a la ovación. Nos toca a todos dar luz al corazón de los otros. Ser faros entre la tiniebla. Y si damos luz, recibiremos luz. Antes siquiera de pedirla. Así funciona el Universo. 
¿Que te sientes vulnerable? ¿Que metes la pata una y otra vez? Como todos. ¿Y si resulta que la vida va de compartir vulnerabilidades? ¿Y si dos vulnerabilidades compartidas se convierten en una fuerza indestructible? Hoy he acabado de leer el libro "Instrumental" de James Rhodes, que mi amiga Tania me prestó. La cita de Schumann aparecía en él. Y trata de la vida de este pianista de fama mundial, que fue violado durante cinco años en su niñez, creándole tales traumas psicológicos y físicos que intentó suicidarse varias veces y tuvo que ser recluido en varios psiquiátricos. La música clásica le salvó la vida, y él la está revolucionando. Y su historia es todo un alegato al optimismo, partiendo de lo más sórdido que quepa imaginarse, y de cómo el compartir, incluso aunque sean traumas, problemas o trabas, da luz al corazón de otros.
Pronto nuestro blog llegará a las doscientas mil visitas. Las visualizaciones en televisión o youtube de nuestra aparición en Televisión Española irán ya por millones (por la lata que han dado repitiéndola en distintas cadenas, incluso en la internacional...jajaja). No hemos parado de incrementar las donaciones a varias ONGs con las ventas de nuestro libro o con los donantes solidarios de nuestro Patreon. ¿Y sabéis lo que os decimos con sinceridad? Que todo eso nos importa realmente un pimiento. Nos hacen propuestas para vender más libros, para incrementar los seguidores aquí y allá... Nosotros siempre respondemos lo mismo. Esto no va de espectadores. No va de "Likes", de "Me gusta", o de ventas. Ni siquiera va de recaudar mucho para causas solidarias. Si se producen números altos en todo eso, mejor, porque significará que conectamos con más gente, y que de ahí se puede apoyar a más causas solidarias. Pero no nos aferramos a números, a visitas, a seguidores, a fans, a dinero recaudado o a espectadores. Sólo nos aferramos a los abrazos y a esa luz compartida que ilumina corazones.
Por ello,si recibes alguno de nuestros posts por whatsapp, mail, facebook, twitter o instagram, está bien que pulses a "me gusta" o lo compartas con tu círculos de amigos. Está genial que si te brota del corazón, nos pidas un ejemplar del libro solidario o te unas a los donantes de nuestro Patreon, para ayudar a nuestras ONGs. Pero lo que realmente será maravilloso es que dejes de ser nuestro espectador, y te hagas nuestro amigo de verdad. Que no te quedes en leernos, estar más o menos de acuerdo, y mirarnos como en un escaparate o sentir admiración o pena. No nos mires, ¡únete! (como dice el lema en las manifestaciones...jajaja). Hay gente que nos lee, nos ve al día siguiente y no se atreve a comentar lo que le ha suscitado o generado en las entrañas. Quizás por pudor. Quizás por desacuerdo. Quizás por timidez. Pero las complicidades por un mundo mejor no surgen de ser espectadores, opinadores o jueces. Surgen de ser cómplices. Y eso sólo se logra con dos cosas: con la experiencia personal, y con el sentimiento. Así que entra y únete. Comparte tu luz (o tu sombra, si es lo que toca en ese momento) con nosotros y con los demás. Comparte tu vivencia y cómo te sientes por dentro. Cuéntanos de ti como ya hicieron otros muchos en comentarios del blog, facebook, whatsapp o twitter. Y si puede ser, queda con nosotros o con quien sea para un café, o un paseo por la playa o el parque. Con ello, te aseguramos que se va creando un nuevo mundo desde centenares o miles de hogares. No hace falta luchar contra el mundo oscuro. Caerá por su propio peso gracias a la luz compartida desde tantos faros de tanta buena gente.
Ya lo decía Martin Luther King: "Nuestra generación no se habrá lamentado tanto de la maldad de los malos, como del estremecedor silencio de los buenos". Toca dejar de ser espectadores silenciosos. Toca ser artistas de la luz.

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