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viernes, 23 de diciembre de 2016

La magia que nos une

Al llegar a casa abrí el buzón, como todos los días. Esperaba publicidad, como todos los días. Pero ese día había magia, y ni me lo olí. Quizás haya que buscarla más en los actos cotidianos. Saqué un sobre que venía de lejos, a juzgar por los sellos y el tipo de papel. No reconocí la letra. Ni el remitente. Ni siquiera el país de procedencia. Pensé que se habrían equivocado. Pero no, nuestras señas eran correctas. Dentro había una bella felicitación navideña escrita en inglés y un cariñoso dibujito hecho a mano. Entonces caí. Eran Zsuzsi y Peter, la pareja de húngaros a los que acogimos en casa unos pocos días del mes de mayo. Nos felicitaban las fiestas y nos enviaban un dibujo para Eva que, dependiendo del giro que se le diese, mostraba distintas figuras. Entrañable.
Nos apresuramos a enviarles un mensaje de agradecimiento y de felicitación. Les contamos nuestras novedades y la aventura americana de Pablo. Y de repente nos planteó una insensatez. "Nosotros nos vamos a Hungría: si os animáis, os dejamos nuestra casa de Viena para vosotros solitos". Lo decían tan de corazón, y era tal la locura, que la aceptamos sin pestañear. Miramos vuelos baratos y en media hora estaba montado nuestro pequeño viaje de ensueño. Nos dejarían la llave con la señora Rumpf del 3º, y ya nos adelantaban la clave de la wifi para contactar con la familia nada más llegar. Todo cuadró a la perfección. Mágico. Quizás les impactó nuestra hospitalidad de hace unos meses. Quizás son así de generosos. Pero en cualquier caso, mágico.
También fue mágico el ofrecimiento de Koldo de hace una semana. Le pregunté por unas bellas fotos de su facebook, y me contestó con una oferta para quedarnos en su casa en Galicia, muy cerca de la Ruta de los Faros, o acompañarle en un hermoso retiro en Navarra. Se siente profundamente agradecido de cuando colaboramos en su Foro Espiritual para fomentar el diálogo entre religiones. No debería, porque lo hicimos encantados. Pero así son las cosas de la gratitud de corazón. En su caso no pudimos cuadrar fechas y desplazamientos. Pero quizás es lo de menos. Saboreamos su hospitalidad, el precioso entorno que nos ofrecía, e incluso la posibilidad de conocernos. Es curioso: lo considero ya buen amigo, y ni nos conocemos en persona. Cosas de la magia. Lo de conocernos habrá que subsanarlo en breve.
Ayer me saltó una notificación rara en el móvil. No es de los sonidos que tengo identificados. Se trataba de Celia, otra chica a la que no conocemos tampoco, pero que nos tiene mucho cariño a través de lo que nos lee. Con ese tintineo en el móvil acababa de iniciar una generosa aportación mensual a la Casa de Acogida de Alozaina en nuestro Patreon. No sabe si podrá mantenerla mucho tiempo. Pero quiere seguirnos no sólo en lo de escribimos en abierto en nuestro blog, sino en todo lo que ya compartimos por ahí (vídeos, recetas, locuras...),  y con ello apoyar proyectos solidarios. Mágico también. Como lo será el café que compartamos para conocernos.
Y ayer justo Agustín me pidió amistad a través de facebook. Nos conoce a través de O Couso, y su mensaje no podía ser más afable. Quizás por lo que nos haya leído o quizás por las referencias "ocosuseras", siempre benévolas y generosas. Le he aceptado de inmediato, y de inmediato me ha devuelto una oferta formal para visitarle por Valencia, con camas y todo para los niños. Encantador. Mágico. Él también tiene ya casa en Málaga.
¿Qué por qué cuento todo esto? El año pasado, por Navidad, compartimos un cuento inventado cargado de situaciones reales que fui recopilando durante meses. En estas fechas las personas parecen más receptivas hacia la magia, hacia la fraternidad, hacia la solidaridad... Hacia ese niño interior que todos tenemos dentro y al que quizás debamos mimar más. Hacia aquellos refugiados buscando posada y que acabaron en un establo de animales. ¿Por qué estamos más abiertos ahora? Quizás sea por las luces de las calles. Quizás por los villancicos que suenan de fondo. Quizás por los señores regordetes y de rojo que inundan los escaparates. O quizás porque las muñecas de famosa se dirigen al portal. Lo cierto es que parece buen momento para compartir que la magia nos rodea, y que sólo hay que dedicarle tiempo abriéndole las puertas. Sería "la leche" que ese sentimiento durase 365 días. A fin de cuentas ésa es nuestra verdadera esencia. Y por eso hoy hemos querido compartir cuatro ejemplos cercanos y recientes de esa magia que nos rodea. Nosotros cada vez somos menos de "gordos" de la lotería, de muñecas de famosa o de "cenorrios" navideños. Y cada vez más de esa magia compartida, de puertas abiertas al desconocido, y de ventanas de par en par dejando correr la brisa de la generosidad. la gratitud y la diversidad. Mañana cogeremos un vuelo para Viena, y nos encontraremos un frigorífico lleno. Cierran las tiendas durante estos días en Austria, y Zsuzsi quiere mimarnos. Será cosa de la Navidad. ¿O quizás no?


NOTA: Este contenido, como todo lo que compartimos, no tiene ningún afán de lucro para nosotros, sus autores. ¡Bastante premio estamos teniendo con los aprendizajes y con las personas que estamos conociendo por el camino! Sin embargo nos encantaría que nuestras creaciones (escritos, vídeos, audios, recetas, remedios caseros, etc) acaben beneficiando ese "mundo mejor" a través de entidades solidarias que apuestan por él. Por eso, algunos de esos contenidos los subimos a nuestra página en Patreon (https://www.patreon.com/familiade3hijos) para disfrute de quienes estáis colaborando en esos proyectos solidarios, aunque sea con 1 simple euro al mes. Basta con pulsar en el botón rojo de "Become a patron". ¿Queréis ser nuestros cómplices, aunque sea con algo simbólico? ¡¡GRACIAS!!

martes, 13 de diciembre de 2016

Ángeles con los pies en la tierra

Hay encuentros que te cambian la vida. El nuestro de este pasado sábado es uno de esos. Nos pilló de improviso y nos desarmó por entero.
Antonio fue policía durante más de treinta años. Fue una persona normal, con una vida normal. No sabemos bien cómo se cayó del caballo, pero se cayó. ¡Y de qué forma! Un día se dio cuenta que tenía una misión en la vida. Es curioso, porque todos tenemos una, a pesar de nuestras vidas "normales". Quizás esa vida "normal" nos ciega de nuestra misión. Pero él la asumió. Y "sin medias tintas". Y empezó a preparar comidas en su propia casa para los indigentes y los "sin techo" que veía por las calles. Al principio 30 raciones, luego 70, más tarde 100...Y así fue creciendo y creciendo la cosa. También los voluntarios que se unían a una causa de locos en un mundo insensibilizado. Dar de comer al hambriento. ¡Menudas cosas tiene la gente!
Quizás lo más duro para él fue actuar "sin medias tintas". Amar al prójimo así cuesta mucho. Es más fácil pedirle papeles, ponerle fronteras, o encasillarlo en cupos. Antonio no estaba dispuesto a ello. Y ello le valió la indiferencia y la oposición de instituciones y poderes de todo pelaje, incluidos los religiosos y solidarios. También la incomprensión de familiares y amigos. Es curioso: a Jesucristo le sucedió lo mismo hace dos mil años. Y Antonio tuvo que repartir sus comidas a la intemperie durante años en una caseta  de obra donde se hacinaban cientos de personas todos los días en colas interminables, lloviera, hiciera frío o un calor sofocante.
Hace unos meses, y gracias a su locura contagiosa, consiguió un local a pocos metros de aquella caseta de obra. Las donaciones privadas y la abnegación de muchos obró el milagro. A la inauguración asistieron las instituciones que poco o nada le han ayudado. Y ahora se reparten allí miles de comidas todos los días.
Conocimos a Antonio por esas bellas caUsalidades de la vida. Mis abuelos tenían un piso muy antiguo precisamente sobre el nuevo comedor social, y habíamos quedado porque habían intentando entrar en él los okupas. Y lo que iba a ser una conversación sobre el sector inmobiliario, derivó hacia lo humano y lo divino. Esa divinidad que habita en cada uno de nosotros, y que Antonio sintió con una fuerza enorme y llevó hasta el extremo. Sin medias tintas.
A pesar de su historia de años, Antonio sigue a lo suyo: cuidando la dignidad del que se acerca a pedirle un plato de comida. Y por eso no le pide explicaciones a nadie. Y por eso ha creado un comedor social que parece un restaurante normal. Y por eso rechazó sillas de plástico de publicidad, y quiso sillas de madera, como en cualquier casa. Eso sí: con el nombre puesto del que donó cada una.
Probablemente empecemos a colaborar con estos locos que se hacen llamar los Ángeles Malagueños de la Noche. Aunque ya el nombre se les ha quedado pequeño. Son decenas de nacionalidades y atienden las veinticuatro horas. También hemos decidido cederles el piso durante un tiempo, para que puedan hospedarse en él voluntarios y personas que hoy viven en la calle. Alguno pensará que es una locura y que podríamos sacar una buena renta por un piso en pleno centro de Málaga. Quizás sea cierto. Pero estos ángeles reparten ya cerca de un millón de raciones todos los años a gente sin recursos. Probablemente sean un ejemplo único a nivel mundial. Probablemente nos hemos topado con gente única que se ha creído de verdad que amar es urgente. ¿Vamos a andarnos con medias tintas?


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jueves, 1 de diciembre de 2016

Martina

No conocíamos su cara. Ni su olor. Ni la suavidad de su piel. Pero ya era probablemente el ser más querido y deseado de la Tierra. Aunque no lo recuerde, tuvo que luchar lo suyo para llegar a su familia. Sus padres si lo recuerdan, porque también les tocó luchar. Pero desde el lunes, ya se les ha olvidado. Es lo que pasa con los milagros: todo se da por bien empleado cuando despliegan su magia.
Ayer conocimos su cara, su olor y la tersura de su piel. No somos familia de sangre, pero la sentimos ya como parte de nosotros también. Fuimos testigos de los maravillosos agobios de unos padres en rodaje, y de los consejos contradictorios de amigos y familiares. Benditos agobios. Benditas contradicciones.

Cuando te encuentras ante un ser tan indefenso, y a la vez tan adorable, no puedes evitar sentir una conexión brutal con el verdadero sentido de la vida y de la existencia. Un sentido que pasa por lo pequeño, por lo sutil, por lo sencillo, por lo frágil... Y no puedes evitar reír a carcajadas, aunque sea interiormente, pensando las de veces que te has preocupado por "el qué dirán", por el color a juego de unas cortinas, o por quedar mejor o peor en el trabajo. Todo se relativiza, y la VIDA toma el escenario. Probablemente ése sea el gran misterio de la Navidad: el Universo, Dios, o como queramos llamarlo, se convierte en pura fragilidad en el cuerpecito de un bebé. Y una catarata de sentido común te zarandea, llamándote a nacer de nuevo. Y es entonces cuando te das cuenta de que esta vida va de nacer de nuevo. Y que no hace falta hacer nada para merecer nada. Nacer. No-hacer.

El padre de Martina seguirá sin dormir por las noches, aunque quizás lo hará con buenas razones para ello. Probablemente se sorprenderá a sí mismo absorto mirando por la ventana, o susurrándole a un ser que ni le puede entender. Quizás decida cuidarse más por ella. Y la madre se verá inundada de lágrimas con más frecuencia de las que quiera reconocer. Quizás por gratitud. Quizás por poder rozar el paraíso teniendo en brazos a su Martina.
Bienvenidos a la profesión más difícil del mundo. Bienvenidos a la aventura de ser padres sin manual de instrucciones. Bienvenidos a la relativización de lo que antes era vital. Bienvenidos al centro de la VIDA.


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