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jueves, 29 de marzo de 2012

El poder del "NO"


Una de las primeras palabras que decimos de bebés (por no decir la primera) es el inquietante "NO".
Cuando un niño dice "NO", deja a sus padres desarmados, confusos y en muchas ocasiones, frustrados. Pero esta simple palabra es una declaración de independencia, el reconocimiento de la propia conciencia, el primer grito de libertad como seres humanos. El niño que por primera vez articula un "NO" afirma su propia identidad como ser independiente y se trata, por tanto, de una aserción.

Sin embargo, conforme nos vamos haciendo adultos, esta sociedad nos domestica y nos ensaña que, para pertenecer al rebaño y no desentonar, es necesario reprimir ese "NO", o, al menos suavizarlo o enmascararlo. Aceptamos pasivamente lo que se nos impone con la excusa de que "es lo mejor para el conjunto de la sociedad", o "porque así me lo han enseñado", cuando en realidad no nos atrevemos a decir lo que realmente pensamos y sentimos.
Nos escudamos en que el "NO" puede herir sensibilidades cuando en realidad no queremos que nos señalen. O (y tristemente es así) no queremos hacernos responsables de lo que ese "NO" significa: no queremos tomar las riendas de lo que implica una decisión propia.
Esta última afirmación nos conduce hasta una dura realidad. Preferimos que otros tomen las decisiones. Que otros actúen porque es mucho más cómodo. Y no cargamos con la responsabilidad de equivocarnos. Cedemos nuestra libertad en favor de la comodidad. Ésta es nuestra sociedad.

Parémonos a reflexionar sobre esta idea: decir "NO" no es una agresión hacia el otro, sino la aserción y el reconocimiento de uno mismo. Quizás un simple "NO" nos haga libres.

lunes, 26 de marzo de 2012

Enseñanzas de un chaval de 16 años

Hace justo un mes tuvimos en casa una de las experiencias que más nos han interpelado, no sólo a mi mujer y a mí, sino también a los tres niños. Durante una semana convivió con nosotros un chaval peruano de 16 años, que con su actitud removió nuestros cimientos.
Ha habido gente que, a raíz de iniciar este blog se ha preguntado si pretende que nos lancemos a la calle, si aspira a que se cambien las leyes, a apostar por un nuevo sistema...También. Pero sobre todo aspira a que nos demos cuenta de que la vida, como la educación, es integral u holística. Y que si nos centramos mucho en las matemáticas pero nos olvidamos de los sentimientos o de empatía, algo acabará fallando. Con la vida pasa igual: podemos quejarnos de nuestros políticos, de las deficiencias del sistema, de la manipulación que sufrimos....¡Por supuesto que sí! Pero si seguimos rigiéndonos en nuestras casas y familias por los mismos valores, algo acaba cojeando. Y quizás acabemos teniendo lo que nos merezcamos.
Creemos que esta vida está para aprender. Y el que no lo haga, quizás tendrá que repetir curso. Nuestro amigo peruano nos dio una verdadera lección. Vino a casa a través de una asociación con la que colaboramos, y que organizó una gira musical de un grupo de chicos peruanos, pertenecientes a la Comunidad Sagrada Familia de Perú, que alberga a más de 800 niños y niñas sin familia, y a los que se les facilita comida, alojamiento, educación y un futuro. 
Antes de su llegada, organizando las familias que los iban a acoger en sus hogares, se evidenció la primera enseñanza. Familias que estaban "locas" por recibirles, pensando en niños de 8 a 10 años, finalmente se "desinflaban" porque el consulado había cerrado la salida a los más pequeños y sólo vendrían chicos y chicas de 13 a 16 años. Ya no era un peruanito-peluche al que cuidar. Ya no era un pobre niñito del que apiadarse y con el que mostrarse bondadoso/a. Ya era un chaval/a de 16 años que podría causarnos problemas en casa. Mejor cerrarle la puerta y dejar la solidaridad para otra ocasión. ¿Quizás es que la solidaridad es también una mercancía que compramos cuando nos interesa para acallar nuestra conciencia, pero que realmente nos transforma poco en nuestras actitudes de vida? Hubo gente que dijo que no porque temían no tener suficiente espacio en casa, o porque sus horarios laborales podrían no cuadrar. Hemos aprendido estos días que "nuestros" esquemas se ven desarbolados cuando las realidades hablan de supervivencia, de compartir la escasez, y de luchar contra las injusticias de este mundo. Y nosotros aquí seguimos hablando de horarios, de estética en nuestros hogares, y de fútbol. Primera enseñanza.
Nada más llegar a casa, ofrecimos a Juan Alex la posibilidad de elegir entre ocupar la habitación de las visitas en el sótano, donde tendría más holgura, más intimidad y comodidad, o estar con nosotros en la primera planta, cediéndole la habitación de nuestra hija pequeña, y que ella durmiera con los hermanos. Su respuesta fue: "yo prefiero darles a ustedes su espacio, y que tengan intimidad; casi mejor el sótano". Yo alucinaba. No podía imaginarme un "niñato" de 16 años de los de aquí, dando una respuesta tan educada y considerada, y no colocando sus intereses lo primero. Le dijimos que si él estaba en casa, era de la familia, y que lo fundamental era que estuviese a gusto. Se decantó sin vacilar por estar con nosotros. Ellos allí duermen muchos en cada habitación. Las personas que sufren y tienen que sobrevivir se arriman unos a otros. Se dan calor como los pingüinos en plena tormenta de nieve. Nosotros cada vez nos aislamos más. Nos separamos en nuestras habitaciones con televisores y ordenadores individuales. Juan Alex, sin embargo, lo que más valoraba era un ratito de conversación, los seis "arremolinados" en el sofá bajo una manta compartida. O los abrazos sinceros después de unas pocas horas sin vernos. Mi Pablo me dice que nunca ha sentido un abrazo tan "de corazón" como los que le daba él. Segunda gran enseñanza.
Mi segundo hijo tuvo la gripe esos días y llegó a los 40 de fiebre. Juan Alex cuando volvía a casa lo primero que hacía era pregunta por él. Pero se ve que la gripe también le tocó. Una mañana era imposible levantarle. La ronquera apenas dejaba escucha su voz. Le dolía todo el cuerpo. Y ardía su frente. Le dije que quizás tendría que quedarse en casa ese día. Que así no podría dar ningún concierto, ni visitar colegios o institutos. Él, con una contundencia desconocida para mí en chavales de 16 años, lo rechazó de plano. Debía estar con sus compañeros. Codo con codo. Había tocado el bajo en conciertos incluso con una fuerte infección en un brazo. Y ésta no iba a ser una excepción. Ellos eran una "piña", y no se iba a escaquear" por una gripe. La solidaridad con sus compañeros, el sentimiento de pertenencia, y su sentido de la responsabilidad eran mucho más importantes que su estado de salud. No cabía hablar de MI gripe. MI dolor. MI situación. Él sólo pensaba en el NOSOTROS. Tercera enseñanza.
Estuve inquieto todo el día. Me temía que, a pesar de sus buenas intenciones, llegará "hecho polvo" y aún peor por la noche. Cuando llegó a las diez y media, tras una larguísima jornada de visitas y conciertos, estaba como una "rosa". Mejor que nunca. No lo podía creer. Mejor incluso que los días anteriores. Le pregunté cómo era posible, habiéndole visto esa misma mañana tan griposo. Sus sabias palabras me dejaron boquiabierto: "La enfermedad, en gran medida, es mental. En nuestro interior tenemos todas las herramientas para curarnos de lo que sea. Y si no queremos dejarnos caer podemos lograrlo". Impresionante. Y no sólo aplicable a la enfermedad. Quizás también en la consecución de un mundo mejor. Cuarta enseñanza.
Fueron unos días de febrero de bastante frío, y dado lo desabrigado que venía, decidimos comprarle un chaquetón. Apenas llevaba nada consigo en su maleta. Tan sólo los CDs que iban vendiendo y algunos recuerdos regalados por familias anteriores en su ruta. Es curioso cómo las personas que apenas tienen posesiones o propiedades sienten un gran desapego por lo material. Juan Álex llevaba dos años sin gafas graduadas, a pesar de necesitarlas, porque se le rompieron las anteriores, y sus ojos necesitaban protegerse del sol. Le dí unas gafas mías recién compradas, que usó durante varios días, pero que no quiso llevarse a Perú pensando que yo las necesitaría. El último día, para sorpresa de todos, no permitió bajo ningún concepto que mi hijo Pablo, con el que había trabado amistad, no aceptara quizás una de sus más preciadas (y únicas) posesiones: una camiseta de fútbol del equipo "Alianza Lima". Mi hijo (y nosotros) no podíamos dar crédito. Regalaba sin pestañear una de sus más preciadas posesiones por agradecimiento y amistad. Ahora es difícil que Pablo se cambie de camiseta. Quinta enseñanza.
Mis tres hijos, durante la semana que estuvo él en casa apenas discutieron o rivalizaron entre ellos, como suele ser habitual. El tipo de relación con Juan Álex no lo propiciaba. No había rivalidades, ni divisiones, ni protagonismos, ni individualismos, ni "es mío"... Tan sólo hablar de corazón a corazón. Aprendiendo unos de otros. Con las virtudes y defectos de cada uno. Y cuando eso sucede, nos quedamos desarmados todos. Sexta enseñanza.
Son muchas enseñanzas para tan pocos días. Y hubo muchas más. Y de un chaval de 16 años. Ahora entiendo como nunca lo de "Dejad que los niños se acerquen a mí". Está claro que cuanto más tenemos o más "adultos" nos creemos, "desaprendemos" a ser humanos. Y cuanto menos tienes, o más sencillo eres, más valoras lo auténtico y más te desapegas de lo superficial. Se nos olvidan los principios de una vida plena. Trato de transmitir a mis hijos esos principios, pero lo que nos rodea nos puede. Algo habrá que hacer...



jueves, 22 de marzo de 2012

Nadie vive más esclavizado que quienes falsamente creen ser libres (Goethe)

Para que mis hijos no me planteen muchos problemas con la comida, siempre tengo un truco infalible. "Mamá, ¿qué hay de comer?" "Pues mira hijo, puedes elegir, o pescado con pisto, o pisto con pescado, ¿qué prefieres?" Ya está, solucionado: dos opciones y hay que elegir una, todos contentos.
¿¿Todos contentos??
Hoy en día me parece estar viviendo esta situación a una escala diferente. No estamos contentos con nuestros gobernantes y políticos y a todas horas se nos anima a acudir a las urnas para decidir sobre nuestro futuro. Si no te gusta lo que tienes, puedes elegir con tu voto algo diferente. Pues mucho me temo que se trate del mismo truco que uso con mis hijos: la misma cosa con distinto nombre, no tengo una alternativa diferente. No soy libre de expresar mi opinión, ni de salirme de unas directrices  que otros han establecido. Yo, desgraciadamente, no tomo decisiones: otros las han tomado ya por mí y me crean la ilusión de que mi voz cuenta, de que soy libre de elegir.
Y en esas estamos: ¿Pescado con pisto o pisto con pescado? ¿Y si no quiero ninguna de las dos?; ¿y si soy alérgico a las dos?

Estaba un condenado a muerte en el patíbulo, cuando se le acerca su verdugo: "Como medida de gracia se le otorga la posibilidad de elegir: ¿horca o fusilamiento?" "Elijo no morir", exclama el condenado.

lunes, 19 de marzo de 2012

Libertad no es lo mismo que Democracia (#libertadnoesigualquedemocracia)


Doy un premio a quien en los últimos meses no haya escuchado en casa, en su trabajo, o en la cafetería de siempre la frase: "Esto no puede seguir así: tenemos que hacer algo". Es curioso cómo todos tenemos la sensación de vernos abocados a algún precipicio sin saber muy bien  a dónde nos lleva, cómo ni por qué... Sin embargo, tengo la firme convicción de que sí hay salida a todo eso. El problema es que nos creemos libres, y no lo somos.
Libertad no es lo mismo que Democracia. La Democracia es un sistema que permite una cierta  organización, pero que ni mucho menos es perfecto, ni por supuesto fijo o definitivo. Durante muchos  años nos han estado diciendo que nuestro sistema no tenía quiebras, y que no se podía ni tocar la  Constitución. Pero cuando ha interesado a los de turno, se ha cambiado con nocturnidad y  alevosía, pero sólo para reforzar esos intereses ocultos. Curioso...
Hoy se celebran 200 años de la Constitución de 1812, la famosa "Pepa", la primera Constitución  promulgada en España, que fue una de las más liberales de su tiempo, y con gran influencia en otros  países. Sin embargo, a pesar de su importancia, siempre me he preguntado por la exclamación "¡Viva  la Pepa!", expresión peyorativa probablemente fruto de su uso irónico por los enemigos políticos de  los liberales, que ha terminado imponiendo su empleo como sinónimo de anarquía o incluso de  improvisación, desorden o vagancia. Decir de alguien que es "un viva-la-pepa", equivale a llamarle  irresponsable o despreocupado. Es paradógico que una Constitución de tal relevancia haya acabado identificando una situación tan degradada. Me temo que de seguir así, la Democracia puede seguir sus pasos, ¿y quién sabe lo que puede significar dentro de un par de siglos la expresión "¡Viva la Democracia!"
La Revolución Industrial no se consolidó porque la clase preponderante quisiera liberar a sus siervos, sino porque se dieron cuenta de que con determinadas "libertades adicionales" podían conseguir notables incrementos de la productividad. Cuando las vacas son confinadas en cubículos muy estrechos terminan golpeándose las cabezas unas a las otras, provocándose  con ellos heridas e infecciones. Por lo tanto, los granjeros vieron más productivo darles más espacio, pero no porque quisieran ver a sus vacas libres, sino porque querían más productividad y menores costos. De esta forma, curiosamente, el paso siguiente a "mayor libertad" no es "libertad". Y sin embargo, resulta muy curioso cómo de forma reiterada, cuanto más enérgicas han sido las manifestaciones y el "no" social de la calle en estos últimos meses, la respuesta desde la clase predominante que quiere mantener el "status quo" ha sido la misma: "la verdadera libertad está en las urnas". Pues como dice mi mujer: "¡va a ser que NO!. La posibilidad de meter un papel en una urna cada 4 años es la ampliación  de nuestro cubil para hacernos creer libres, y mantenernos no-críticos.
Nuestro sistema democrático necesita un largo número de reformas. Y me temo que algunas de mucho calado. Los parches aquí sobran, y huelen a panfleto electoralista. Es tan largo el listado de cuestiones en crisis en nuestra Democracia, que me planteo si realmente habría que inventarse otro término, u otro sistema: evitar los "cheques en blanco" a los partidos que logren mayorías (¿alguien votó la Guerra de Irak o los recortes de unos y otros?), el establecimiento de una verdadera democracia directa (¡que hay países que ya lo están intentando como Suiza con mecanismos telemático y consultas periódicas!), la odiosa disciplina de partido entre nuestros representantes,  las instituciones totalmente politizadas (RTVE, Tribunal Constitucional, etc), Ley Electoral más proporcional que huya de las distorsiones del sistema D´Hont, listas abiertas, revocaciones de mandato por los electores, presupuestos participativos, transparencia en las cuentas de partidos e instituciones como la Corona, políticos sin privilegios (pensiones, sueldos, viajes, s.Social, etc),  corrupción sin prescripción, etc, etc...
Desgraciadamente, para hacer eso posible tenemos que ser conscientes de esta manipulación del concepto de libertad, y también dejar nuestra apatía a un lado. Millones de personas manifestando su descontento no pueden ser paradas de ninguna forma. Pero es necesario participar. Pronunciarse y actuar. Vías hay. Agradecemos los muchos mensajes de ánimo y apoyo recabados a raíz del inicio de este blog.  Pero mucho más importante es que se conviertan en mensajes de debate en el blog, en difusión en Twitter, Facebook o e-mail de las propuestas y contra-propuestas que puedan surgir, de lucha activa e inconformista.  El que calla otorga. Y en el momento actual más que nunca. Intentan incluso apropiarse de nuestro  descontento partidos y sindicatos cómodamente instalados en el sistema y con una larga retaíla de  incoherencias a sus espaldas que nos han llevado hasta lo que hoy tenemos.
Tenemos dos opciones, como en la película "Matrix": tomar la píldora azul y creer que "mi" partido va a solucionar lo que a mí me interesa, que visitando la urna cada 4 años ya soy libre, y que no vale participar más porque siempre van a hacer lo que quieran. O tomar la píldora roja, y despertar de este sueño de manipulación.

jueves, 15 de marzo de 2012

Comparto sueldo para que otro/a trabaje (#compartosueldoyotrotrabaja)


Llamemos al pan, pan y al vino, vino. La economía va mal, el déficit está en las nubes, se despide a mucha gente porque no hay recursos... ¡Señores, hay que apretarse el cinturón! Si, pero ¿para qué? Si me aprieto el cinturón es para poder meter barriga y que no se vean los michelines, pero aquí, los michelines deben ser de campeonato, porque ni alcanzo a verlos; ¡ni tan siquiera llego a saber qué clase de pantalón me estoy poniendo!. En resumen ¿a dónde demonios va el dinero que me han reducido de la nómina? ¿Y el de los recortes éstos que se anuncian a bombo y platillo? ¿A DÓNDE? Porque yo, que soy de monedero y "mercaillo" no me entero de nada con tanta palabrería oscura. (O quizás es eso lo que se pretende)

Bueno, pues tengo una propuesta , una de esas de "la cuenta de la vieja",  pero que todo el mundo entiende, clara y directa. No me importa que se me reduzca un 10% o incluso un 20% o 25%  mi sueldo si con ello otra persona puede trabajar. Es decir, si varios hacemos esto, la unión de esos tantos por ciento llegaría a formar un sueldo para otra persona. Hasta aquí, las matemáticas funcionan.
 ¿Para qué nos van a hacer trabajar más horas por menos y , en consecuencia, se reducen puestos de trabajo? ¡Es absurdo! ¡Si lo que necesitamos son más familias con ingresos! Por eso propongo: NO a las reducciones arbitrarias. Yo doy voluntariamente, pero... ¡Si me quitan dinero que sea para otro!  Quiero ver una lista de nombres, quiero saber que hay una familia que ya no mira preocupada la cuenta del banco temblando. En definitiva, quiero saber que ese dinero va para personas de carne y hueso, que luchan día a día, que ven la tele y meten 50 céntimos en el carrito de la compra, no a partidas presupuestarias y números sin cara,  sin manos y sin alma.

¿Cambiar el modelo exigirá "harakiris"? (#harakiriparacambiarelsistema)

Hace unos días, hablando con mi mujer de las posibles vías para salir del momento actual, llegué a la conclusión que difícilmente se podrá salir de la crisis sin que más de uno se haga el "harakiri". Especialmente en lo que a la clase dominante se refiere (políticos, banqueros, etc).
Cuando hace un año miles de personas colapsaron las calles de toda España bajo la bandera del 15M y sus lemas y reivindicaciones salieron a la palestra en todos los medios de comunicación, aparte del consiguiente "peloteo" de muchos políticos que  trataban de ser identificados con un movimiento con una fuerza inesperada e impredecible, algo que se evidenció fue la búsqueda de mecanismos dentro del sistema para dar cauce a tantas reivindicaciones. Llevo pensándolo mucho, y en base a mi propia experiencia, a veces sólo cabe el sacrificio personal, el "harakiri", para dar cauce a una situación poco sostenible.
¿Acaso os imagináis a unos políticos que lleven años medrando, "haciendo la pelota" a sus superiores y a los poderes económicos cuyo apoyo les resulta imprescindible para llegar, que cuando lleguen al poder estén dispuestos a poner cortapisas a dichos poderes (véase daciones en pago obligatorias, tinglado de las SICAV, por ejemplo) o a sí mismos (limitaciones de mandatos, instituciones no politizadas (RTVE, Tribunal Constitucional, etc), pensiones vitalicias, etc, etc. Ello, desgraciadamente, supone que nos encontremos ante una difícil dicotomía: o el sistema se hace añicos y nace de cero (que es lo que mi mujer augura), o surge un colectivo de personas, quizás tachados por  los medios de comunicación de "extremistas" o "de dudosa credibilidad", que aupados por una gran mayoría de personas (¡por favor, sin ideologías como bandera, pero con muuuuuchos principios!) lleguen arriba y estén dispuestos a "hacerse el harakiri" en cuanto a los privilegios que en tal momento tendrían. 

Soy de los que piensa que este momento tan crítico no lo podremos superar con las mismas herramientas ni con los mismos principios y valores que hemos venido usando durante tanto tiempo. El mejor camino para que las cosas sigan igual es utilizar los mismos métodos. Y ello, indudablemente, nos va a exigir cambiar de mentalidad. Por eso hablo de "hacerse el harakiri". Porque lo mismo que con esa práctica oriental se renuncia a la vida, quizás nos toque renunciar al prestigio, a los privilegios, al individualismo, al dinero, al consumismo, y al "yo por encima de los demás".
Por mi condición de asesor técnico, he tenido la experiencia de trabajar cerca de más de un político. Y cada vez que me he visto cerca de algunos de esos egocentrismos contagiosos siempre me he preguntado: "Si tuviese que explicarle a mis hijos mi postura en este asunto, ¿qué les diría?" Ese ha sido mi mejor antídoto. Respondiendo a esa pregunta hacía aflorar mis principios, con independencia que mi interlocutor fuera del PP, del PSOE, de IU, de UGT, de CCOO, de la Iglesía Católica o del más radical Ateísmo.
Bien es cierto que practicar ese "harakiri" de forma activa me ha llevado a presentar la renuncia en puestos públicos (a pesar de estar triplicando mis objetivos) por no verme mezclado con prácticas poco edificantes, a enfrentarme públicamente en comidas e incluso por la radio con ciertos políticos o sindicalistas, a renunciar a jugosos puestos directivos en alguna que otra multinacional, y a ser considerado por muchos (incluidos familiares) un fracasado, a pesar de mi teórico potencial. Durante mucho tiempo, el "kilo" de principios ha cotizado a la baja. Y lo que valía más era ganar más que los demás, aparecer en los medios como triunfador, o tener capacidad para recalificar terrenos o realizar dudosas permutas. Pero yo he dormido muy bien todos estos años. Con menos dinero en la cuenta, con mucho más esfuerzo para evitar el "zancadilleo" y los "enchufismos", pero siendo coherente con los principios que siempre he tratado de trasladar a mis hijos.
Por eso creo que el momento presente exige cambios de mentalidad.Y por eso digo también que es necesario que busquemos personas dispuestas a guiarse por principios, no por ideologías. Personas que juzguen en función de la calidad ética de las acciones y no del color o signo de quien las hace. Personas dispuestas a sacrificarse por el bien común. Personas con capacidad de ascender y resultar influyentes, pero que estén dispuestos a "hacerse el harakiri" en beneficio de todos, cambiando el actual "status quo", cuando lleguen al poder. Busco, pues, un grupo de intrépidos que, lejos de estar en peligro de extinción, consigan que esas actitudes se reproduzcan por todos lados. Es imprescindible reclamar y luchar contra las injusticias que nos oprimen por doquier. Pero tan importante como ello es cambiar nuestras actitudes y principios. ¡Hagámonos el "harakiri"! (#harakiriparacambiarelsistema)



domingo, 11 de marzo de 2012

PRINCIPIOS no es lo mismo que IDEOLOGÍA (#SIprincipiosNOideologia)

Nuestra primera reflexión es la siguiente: Los PRINCIPIOS no son lo mismo que la IDEOLOGÍA. Y de esta simplificación surgen buena parte de los problemas con los que nos encontramos en la actualidad. A pesar de la gravedad de la situación actual, creemos que cada vez la sociedad se encuentra más dividida y polarizada. Dividida entre los que piensan que la forma de salir de esto se basa en ser muy austeros y ajustarnos el cinturón al máximo, y entre los que piensan que esto sólo se arregla dinamizando la economía y animando el consumo y la inversión pública.  Dividida entre los que tienen empleo y los que no. Dividida entre los que ven una solución en el más allá y los que la ven en el más acá. Dividida entre quienes quieren más Europa y entre quienes quieren abandonarla. Dividida entre los empleados públicos y los que trabajan en el sector privado. Dividida entre quienes se sienten legitimados por las mayorías absolutas de las urnas y los que se sienten legitimados por las afiliaciones sindicales o los gritos en las calles. Pero al final divididos.
Sin embargo, cada vez tenemos más convicción mi mujer y yo, que esa división está basada en una Ideología u otra, y que a modo de marionetas, tales ideologías son aireadas por intereses que se nos escapan para tenernos ocupados en lo que nos diferencia (si tú eres de derechas no eres de los míos, si tú no eres católico no eres de los míos, si tú defiendes a los funcionarios no eres de los míos...o a la inversa). Y a la luz de la ideología de cada uno, o de la etiqueta que nos hemos o nos han puesto, andamos dando vueltas y más vueltas dentro de nuestra "rueda de la rata".
En el momento que se trata de vincular movimientos cívicos ciudadanos como el del 15M con ciertas posiciones políticas o ideológicas, parece que los postulados que tales movimientos propugnan pierden fuerza, ya que los del "ala opuesta", que muy probablemente coincidían con ellos en un 90% ya piensan: "claro, es que los del partido X estaban detrás...".
Creemos, pues, que en este despertar colectivo, es preciso huir de ideologías, que son usadas para manipularnos y dividirnos, y optar por unirnos entorno a Principios. Principios que en su aplicación práctica y concreta todos podemos compartir y que nos hacen a los pequeños tan fuertes como a los poderosos.
¿Acaso no es más fácil remar todos en la misma dirección cuando hablamos de principios como el de evitar el desahucio de pobres familias por bancos multimillonarios que les han hecho firmar cláusulas radicalmente injustas? ¿Acaso no estaremos de acuerdo en el principio de evitar privilegios eternos para unos políticos que tratan de eternizar sus ventajas? ¿Acaso incluso no estaremos de acuerdo en el principio de que no es lógico ni justo que haya personas de una empresa que apenas ganen 600€ mientras que otras superen los 12.000€? ¿Acaso no estaremos dispuestos, como seres humanos, a compartir parte de lo que ganamos si con ello se ayuda a alguna familia en concreto que pasa necesidad y no se nos usurpa en impuestos o reducciones de sueldo para acabar pagando intereses de la deuda o rescates a empresas que acaban siendo premiadas por sus desmanes?

Iniciamos la búsqueda


Mi mujer y yo tenemos 41 y 39 años. Llevamos 15 años felizmente casados. Eso ya es un logro hoy día. Pero más aún parece serlo el que ambos tengamos la suerte de trabajar y poder mantener a nuestros 3 hijos de 11, 9 y 6 años, con los tiempos que corren.
Ella y yo llevamos tiempo preocupados por la situación que nos rodea. Y no hablo simplemente de la crisis económica. Hablo del continuado proceso de manipulación que padecemos, y que parece abocarnos a un camino sin retorno. Y nos preocupa que ese sea el legado para nuestros hijos.
Esta mañana, sin levantarnos siquiera de la cama, hemos vuelto a hablar de ello por enésima vez. Y aunque somos de los privilegiados que no sufrimos la crisis con tanta severidad como millones de personas, creemos que es el momento de hacer algo. Y hacerlo YA. Y la mejor forma que se nos ha ocurrido ha sido crear un blog familiar en el que ella, nuestros 3 hijos y yo podamos exteriorizar, a modo de mensaje en una botella lanzada al mar, lo que opinamos de este mundo que nos rodea. Queremos que sea como un anuncio por palabras en el que expresemos nuestra activa búsqueda por un mundo mejor. Y nos gustaría encontrar muchos cómplices en esta aventura. Otras familias y ciudadanos que aspiren a cambiar esta forma que tenemos de relacionarnos los unos con los otros, y de dejarnos dominar por la manipulación.