martes, 20 de febrero de 2018

De puntillas

Ya han pasado seis meses. Y uno no acaba de acostumbrarse a la ausencia de un hijo. Por mucho entrenamiento que tuviéramos con el otro el pasado curso. Aún nos levantamos y lo primero que hacemos es mirar si hay un audio, una foto o un vídeo suyos en el whatsapp. Algo que nos conecte con él al otro lado del "charco".
Sorprende ver hasta qué punto los hijos crecen en la distancia. Cuando los ves a diario, los avances son difíciles de advertir en el "día a día". Pero en plena adolescencia y con tantos meses de por medio, los cambios son abismales. Y de repente te lo encuentras hecho casi un hombre a la vuelta de un skype. Casi de puntillas. Casi sin darte cuenta.
Francia, verano de 2006
En la mirada lejana, alucina comprobar hasta qué punto cada hijo es distinto. Por mucho que los hayas educado igual. Por mucho que se hayan ido con la misma edad, al mismo país, o bajo las mismas premisas. Siempre hay un hijo que prefiere pasar inadvertido. Como esos valiosos libros que, como diamantes, se ocultan en los rincones más recónditos de las grandes bibliotecas. El nuestro busca a conciencia el anonimato. Siempre lo ha hecho. Incluso cuando mentía a su profe de lengua sobre lo poco que leía, para no tener que hablar del "libraco" de mil quinientas páginas que le esperaba debajo de la almohada cada noche. Despliega todas sus artes para mimetizarse con el entorno. Y cede el protagonismo a otros. Quizás por timidez. Quizás por convicción. Quizás por guardar celosamente su intimidad.
Lo más difícil es cuando, como padres, tratamos de desentrañar cómo está por dentro a seis mil kilómetros de distancia. Qué siente. Qué anhela. Qué ansía. Y nos toca descifrar los mensajes en clave que nos llegan sueltos. Es cierto que la comunicación se llena de pequeñas anécdotas. Pero el corazón sigue ahí, escondidito. 
En ese proceso oculta sus dones y no acaba de descorchar el manjar de su alma. Por si acaso. Pero siempre, como padres, nos preocupa pensar hasta qué punto estará reservando parte de su tesoro. A lo mejor porque piense que con el talento es suficiente. Por ahorrarse esfuerzos baldíos. O quizás porque no le interesen los trenes que a veces pasan ante nosotros en la vida.
Sin duda pertenece a ese grupo de personas que, probablemente tienen más controlado su ego. A fin de cuentas no van vanagloriándose de sus logros. Aunque hayan sido escogidos entre todos los estudiantes de piano de Pensilvania para una masterclass. O aunque se estén desenvolviendo de maravilla en territorio forastero,con notas espectaculares, y con asignaturas en inglés. 
Nunca sabes, como padre, si deberías apretar un poco para que el trabajo haga el tándem perfecto con el talento. O si debes simplemente observar el devenir de los procesos personales de cada hijo. Aunque puedan pasar de largo maravillosas oportunidades ante ellos. Las oportunidades, en definitiva, pueden estar a tu lado o dentro de ti. Y a veces podemos obsesionarnos con grandes retos, grandes proyectos o lugares lejanos. A fin de cuentas sólo somos sus compañeros de viaje. Quizás unos compañeros algo pesados, eso sí. Pero simples compañeros de aventuras, a fin de cuentas.


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miércoles, 14 de febrero de 2018

Es broma

No hay nada más fácil. En serio. No, en serio no. En risa. Repito: no hay nada más fácil. No cuesta dinero. No cuesta esfuerzo. Activa las endorfinas. Y nos coloca las gafas para ver la vida color de rosa. Reír, reír y reír. Es lo que hacen los niños sin parar. Porque la vida está para eso. Para reír sin parar. Sin embargo, nos empeñamos en hacer lo contrario. Nos tomamos la vida muy "a pecho". Sobre todo cuando nos hacemos adultos. Consigue un trabajo para toda la vida. Sé políticamente correcto. Cuidado con el "qué dirán". No toques esto. No digas lo otro. No hagas aquello. No te salgas del camino. Eso no es posible. Aquello no puede ser. Haz como el resto. Sé alguien de provecho...
Tres bromistas en la granja de la bisabuela. Francia, 2007.
Estamos hasta las narices de tanta seriedad. De tanta rigidez. De tanto encorsetamiento. Y nos encanta reír. Es algo que Mey practica con desenfreno. Y probablemente es el mejor regalo que podamos dar a los demás, incluso si no los conocemos.

Hace algo más de un mes, lo practicamos con auténtica desvergüenza. No recuerdo un almuerzo más divertido en mi vida. Y eso que era un almuerzo en plan "novios". Era 28 de diciembre, Día de los Inocentes. El día anterior habíamos compartido aventuras con Magdalena y David, no sólo sobre su éxito literario y poético, sino sus desventuras en el mundo del celuloide. Nos narraron cómo, para salvar su negocio de restauración familiar, se habían embarcado en una serie y en una película con actores de primera línea. La primera película de la historia en la que los actores principales eran todos de la misma familia. Un precioso proyecto de ilusión. Una pena que a veces las cosas se tuerzan y que la vida acabe gastando bromas pesadas. Es sorprendente la conexión que sentimos con esta pareja: familias de tres hijos, avidez por un mundo mejor, complicidades a través de la escritura...Impactados por su relato de cine, decidimos conjugar el verbo "bromear" en todas sus conjugaciones, y anunciamos "a bombo y platillo" la buena nueva: habíamos recibido una oferta para hacer una película con ellos. Las dos familias juntas. El cartel de la primera y el enlace a su serie nos lo dejó "a huevo". Y los primeros en caer fueron nuestros hijos. Ya se veían los pobres pisando las alfombras rojas de Hollywood, y firmando autógrafos. Pero lo cierto es que la práctica totalidad de las personas a las que les anunciamos la buena nueva se lo tragaron por completo. Y fueron un buen puñado. Ni se acordaron de que era el día que era. Ni titubearon. El "mosqueo" fue generalizado cuando les enviamos el borrador de cartel para la "peli", que no era otro que el monigote del día de los inocentes. Y aunque nos partíamos con esa inocencia colectiva, en la situación había mucho más que jarana o cachondeo por la gamberrada.
Había una confianza extrema en nuestras posibilidades. Quizás por sintonía, por cariño o por puro amor. Pero casi nadie titubeó ante la noticia y la dieron por buena. Probablemente ha pasado lo mismo en tantas y tantas de nuestras aventuras de los últimos años, que podrían parecer mentira y que se han hecho realidad: el libro, la televisión, pequeñas revoluciones solidarias, los logros de nuestros hijos... Y eso significa sobre todo una cosa: que cuando te rodea gente que cree en tus posibilidades, no tienes límites. ¿O acaso es que alguien piensa que lo que hemos conseguido, y que a tantos les parece mágico, es por mérito nuestro? Sentimos desilusionaros. No. El mérito es de tantísima gente que cree en nosotros. El mérito es de quienes visualizan que no hay obstáculos que nos paren. El mérito es de quienes te aúpan hasta los confines de las utopías y de los imposibles. Así que lo tenemos claro: rodéate de gente que te quiera tanto como para creer en ti hasta la locura. Y haz tú lo mismo con ellos. Rodéate de gente que no dude en encumbrarte hasta las cimas más altas. Y si aún no has tenido la enorme suerte de poder rodearte de gente así, haz oídos sordos. Que lo que piensen o digan los demás, no coarte tus posibilidades, porque éstas son infinitas. Será más difícil quizás. Pero también es factible hasta que puedas encontrar a gente así.

Lo decía Le Bouvier de Fontenelle: no te tomes la vida demasiado en serio; al final no saldremos vivos de ella. Habrá que tomarse en serio la broma. Habrá que reírse más de la vida. Y habrá que rodearse de gente cuya fe en nosotros nos mate de risa. ¿No os habíamos dicho nunca que creer es crear? Jajaja

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martes, 6 de febrero de 2018

El sueño de un hijo

Dos lagrimones cayeron por sus mejillas. Es difícil verla llorar, pero el momento lo merecía. Lágrimas de orgullo, de satisfacción y quién sabe si de sentir que estábamos cruzando una puerta sin retorno. Es algo a lo que te preparas desde que nacen, pero cuando llega un momento como el del sábado, te pilla desprevenido.
Este fin de semana nos fuimos de excursión a las nubes. Dicen que "de Madrid al cielo", y allí estuvimos. Sí, también en Madrid. Tuvimos nieve en la capital. Pero sobre todo tuvimos la carne de gallina casi todo el tiempo. Unos días que habíamos estado visualizando durante meses y que no defraudaron ni un ápice. Patricia y Alfonso nos mimaron de lo lindo en su hogar. Y la vida nos había regalado dos días antes una maravillosa sobrina, Julia. Todo parecía ir a favor de algo mágico.
Nos enteramos de esta historia hace poco más de un año. Nuestra amiga Ana Isabel nos contó que había una organización internacional cuya vocación era educar a jóvenes de 16 a 19 años en la cultura de la concordia, la paz, y el encuentro. Luego nos enteramos que Mandela presidió en su día esta locura, y que hay 159 países involucrados, con 17 colegio repartidos por todo el mundo, y con unas 90 nacionalidades conviviendo en cada colegio hasta un total de 8.000 jóvenes por año. Un sitio en el que compaginar el bachillerato internacional con el compromiso solidario y social. Un sitio en el que unirse a otros chavales utópicos, dispuestos a cambiar el mundo. Una cantera de soñadores por un mundo unido y mejor. Pero un sitio reservado para unos pocos. De hecho, cada año, desde España, sólo entre 10 y 20 jóvenes acceden al privilegio de esas becas, entre cientos o miles de solicitudes ¿Imposible? Sin duda: imposible. Por eso había que ponerse manos a la obra.
Pablo en Ordesa (agosto 2016)
Llamamos para informarnos y de entrada ya nos chocó que nos pasaran con la Directora General, y que durante casi media hora se preocupara por la hipotética posibilidad de que nuestro hijo Pablo, en aquel entonces en Estados Unidos, pudiera presentarse al proceso de selección y probar. No nos sentimos un número. Sentimos conexión con esa aspiración superior. Y ahí se inició algo. Hace unos meses, un simple anuncio de facebook reactivó el tema, y Pablo retomó ese imposible . Daba igual que ya estuviera en primero de bachillerato y que si esto salía, accediera a la universidad más tarde. No hay prisas ni hora de llegada para un cometido así.
Durante meses estuvo interiorizando, redactando y revisando hasta la última coma del formulario de solicitud, muy atípico porque no iba de méritos académicos, de sobresalientes, o de medallitas, sino de anhelos y de ansias por comerse el mundo. Y cuando pulsó el botón de "enviar", nos olvidamos de esta historia. Es lo bueno de no aferrarse a nada: no desperdicias energías en "pre-ocuparse", y las reservas para cuando toque "ocuparse". En diciembre llegó el primer "subidón": había superado todas las fases de evaluación y estaba en la gran final de los últimos 60 aspirantes, ya en Madrid. Pero desde navidad aún tocaba lo más difícil, el triple salto mortal: preparar un proyecto solidario para ser implementado en la realidad y exponerlo ante un tribunal. Todo ello junto a entrevistas, dinámicas de grupo, tests psicológicos y pruebas de conocimiento general y actualidad. Menudo reto a los 16 años. Evidentemente me diréis que soy poco objetivo. Así es. Es lo que tiene ser padre. Pablo desplegó todo su talento hasta límites que desconocía. ¿Hacer el resumen del proyecto en rima? ¿Darle nombre a cada objetivo con guiños a su aspiración por ese mundo mejor? ¿Unir su pasión por la música con los proyectos solidarios con los que trabajamos en casa? ¿Ponerse un apodo que conectara con su sinfonía favorita? Con un par. Pero el talento no es nada sin esfuerzo. Y ahí ha estado "currándoselo" día y noche durante semanas hasta asentar argumentos, tiempos y expresiones. Evidentemente hemos compartido su ilusión y también nos ha tocado dar el callo: con el cronómetro, haciendo de tribunal, de abogados del diablo, de motivadores... Y también tirando de las orejas cuando ha hecho falta.
El sábado hubo más que nervios. Hubo gritos. Hubo risas. Hubo tensión. Hubo dolor. Y hubo que dar el cien por cien para alcanzar ese imposible.Y cuando a las ocho de la tarde, en una sala abarrotada de jóvenes acompañados de sus familias, junto con otros elegidos, se pronunció el apodo de Pablo para la entrevista final, la cosa no estaba ya para reprimir lágrimas, la verdad.
Uno espera que cuando reúnes a 60 personas que van a competir por 10-15 plazas de un sueño único, puede haber puñaladas traperas de todo tipo, como en las oposiciones. No se te ocurre pensar que esos 60 chavales van a crear un grupo whatsapp, y van a organizar una quedada después de que muchos hayan sido descartados. Es lo que hicieron el sábado. Quizás es que son gente de otro planeta. Quizás son madera de un nuevo mundo. Quizás los liderazgos que están por venir van de colaboración y de "hacer piña", más que de lo que vemos hoy en las portadas de la actualidad. Quizás es que debemos ser más optimistas. Cualquiera de los chaveas que no han entrado en este sueño este fin de semana tienen miles de puertas por abrirse ante ellos, y toda la capacidad para cambiar este mundo. Sin duda alguna. 
Luego el domingo tocó esa entrevista final, ya con miembros del patronato, gente del más alto nivel de la carrera diplomática y de las relaciones internacionales, atentos a lo que un chaval adolescente tenía que contarles. Y después hacer números y cuadrar las becas donadas por las distintas fundaciones con los elegibles. Hasta en eso esta historia es revolucionaria: antes, si había 10 becas, iban 10 jóvenes. Pero se dieron cuenta que podían estar becando a gente que podía sufragarse ese sueño, y entonces decidieron ofrecer la posibilidad de regalar ese sueño a otras personas. Así que las familias elegidas, y sólo ellas, podrían decidir aportar algo para beneficiar a los siguientes en la lista que hubieran quedado descartados. El año pasado había becas para 9 jóvenes. Al final fueron 19. La magia de apostar por un mundo mejor. El "deja lo que puedas, coge lo que necesitas" desplegándose y aterrizando de lleno en la realidad. Nosotros también participaremos en ese esfuerzo económico. Todo lo que se da, el Universo lo devuelve con creces. A ver quién nos va a decir lo contrario...
Hechos todos esos cálculos, y abiertos los sobres de los primeros elegidos con su posible aportación en beneficio de otros, tocaba dar una respuesta. Pero esa respuesta final sólo la iba a saber cada uno de los elegidos por teléfono hoy martes. Ni padres ni gaitas. Sólo ellos podían recibir esa llamada. Su máster en imposibles les ha dado ese privilegio. Y esa llamada se ha producido hace media hora. Pablo está dentro. En agosto partirá hacia ese nuevo mundo.
No sabemos si compaginará su pasión por la música con todo lo que ahora se le abre por delante. No sabemos si su billete para los dos próximos años será para Italia, Armenia, India, Canadá o Singapur. No sabemos si acabará fichado por alguna lejana universidad de las que buscan talentos inquietos en estos colegios. Y la verdad, poco nos importa ahora. Esa será otra historia. Ahora toca disfrutar del presente. Toca flipar con el imposible hecho realidad.
Tener un hijo es hacerlo compañero de camino. Es ayudarle a tener alas para cuando toque volar, aunque se antoje muy temprano. Es donarle parte de tu alma para lo que tenga que venir. Es hacer magia a través de sus manos, de su talento, de su esfuerzo. Es dejar una semilla al futuro, cargada de sueños, aunque toque empaparla con lágrimas, para que acabe creciendo. Lágrimas como las de este sábado.

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domingo, 28 de enero de 2018

Prohibido cínicos y pesimistas

Hoy me he levantado con el pie izquierdo. Menudo día que llevo. Todo me sale mal. No doy una. Parece como si todo el mundo estuviera en mi contra. Incluido el ascensor, el semáforo de mi calle, y el surtidor de la gasolinera a la que acudo cada semana. Hay días que sería mejor no levantarse, la verdad. Es como si llevara un cartel a la espalda que dijera: "hoy no me va a salir nada bien". Y lo curioso es que se cumple "a rajatabla" el dichoso cartelito. Estoy seguro que si pusiera "Dame una colleja", hoy habría colas para dármela.
Eva, viendo el mundo desde otra perspectiva.
El anterior párrafo hubo un tiempo que me lo decía interiormente. Sí. Es cierto que hace ya bastante tiempo de eso. Pero lo hacía. En cuanto algo se torcía mínimamente, activaba el modo pesimista, y se iba cumpliendo escrupulosamente mi destino autoimpuesto. Hoy ya es más difícil que eso pase. Mi querida Mey me dio clases particulares e intensivas de optimismo. Y ahora sé que el optimismo, como el amor, es casi al cien por cien pura voluntad. Tú decides ser optimista. Contra viento y marea. Contra esa dichosa epidemia contagiosa de cinismo pesimista que nos invade. Esa que hace que sea mucho más sencillo e incluso aceptado socialmente, hablar de las malas noticias, de lo mal que va todo, y de que esto no hay quien lo cambie. Y frente a eso, hay toda una legión de optimistas que han decidido prepararse para soñar un mundo diferente. Y como dice Mark Stevenson, son gente que cree que la vida tiene que ver mucho más con tus creaciones que con tus posesiones, aunque eso te tenga continuamente embarcado en mil y un proyectos. Gente que se compromete con ideas, anhelos y aspiraciones que van más allá de sí mismos. Gente que piensa y actúa como un ingeniero para hacer realidad sueños, más que como políticos condicionados por ideologías que sólo son capaces de ver una parte de la realidad. Gente que cree que las ideas están para compartirse, más que para protegerse, y que con ello consiguen conferir poder a otros, más que ejercer ese poder sobre esos otros. Gente que sabe que lo verdaderamente irresponsable para lograr un mundo mejor es no intentarlo, y que para ello se arriesgan a equivocarse cuantas veces haga falta, hasta alcanzar el "error adecuado". A veces no hay mejor forma de empezar que tomando el camino equivocado, sabiendo que es un camino largo y lleno de tropezones. Pero quedarse quieto no es opción. Son gente que se niega a ser encasillada en una profesión, en una etiqueta o en un colectivo. Gente que sabe que somos lo que hacemos y lo que sentimos, y no lo que tenemos intención de hacer
Es un imperativo moral. Lo siento. No tenemos opción. Sí o sí. Sólo cabe ser optimistas prácticos y pragmáticos. El tic-tac de este mundo suena para nosotros. Este mundo no puede permitirse el cinismo ni el pesimismo. Prohibido. 

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sábado, 27 de enero de 2018

El pueblo de los abuelos

Cabra (Córdoba)
Eran días de risas y de carreras.
Días de cuentos de la guerra en la cama del abuelo.
Días de escondite tras la puerta del trastero.
Días de tambor y de ondear de bandera.

Días de triturar pan o tomate con la manivela.
Días de pelota y macetas caídas en el patio.
Días bajo la escalera portátil cubierta de trapos.
Días de dulces regañinas de la mejor de las abuelas.

Días de petardos y latas por la Fuente del Río.
Bajada de la Virgen de la Sierra
Días de gajorros a escondidas, auténticos manjares.
Días de Virgen de la Sierra, de gente en los bares.
Días de todo lleno, de nada vacío.

Días de procesiones, de batallas de flores, de ir de flamenco.
Días de patatas fritas en el Paseo.
Días de pilla-pilla, de pollito inglés.
Días de "carpe diem", de "vivir el momento".

Días de olor a incienso bajo la mesa camilla.
Días de complicidad y gamberrismo con todos los primos.
Días de besos, de encuentros, de mimos.
Días que nunca se irán, aunque se vayan las vidas.


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domingo, 21 de enero de 2018

Malas hierbas

Era una auténtica selva. Ortigas, cardos, zarzas, tréboles, cerrajas y verdolagas se habían hecho fuertes. Los días de lluvia, unidos a algún que otro resfriado y al quehacer diario, nos impidieron darle una ojeada a nuestro huerto. Y nuestras pobres coles, guisantes, lechugas y fresas estaban sitiadas por las malas hierbas. Es lo que tiene una tierra tan fértil y un clima tan benigno: que todo crece que es una barbaridad. Y si te descuidas, el huerto se convierte en una jungla.
Nos resistimos a llamar "malas hierbas" a especies que las pobres también tienen derecho a existir sin que se las descalifique, y que en muchos casos incluso son comestibles. Pero lo cierto es que ya nos ha pasado que acaban usurpando el terreno de tomates, pimientos, cebollas y calabazas. Y si el objetivo del huerto es precisamente tener una pequeña producción ecológica, que evite los pesticidas, que reduzca la factura del súper, y que de camino permita un mayor contacto con la tierra, no queda más remedio que estar ojo avizor a esas hierbas. Sabemos que hay métodos como el del japonés Fukuoka, que pretende conseguir las condiciones más naturales posibles con la mínima intervención por el ser humano: sin arar, sin abonos, sin fertilizantes, sin podar y sin eliminar malas hierbas. Nosotros cultivamos sin químicos, y lo más ecológicamente posible, pero aún no hemos llegado a lo de este método, la verdad. Quizás todo se ande. Pero por ahora no nos da la vida para tanto.
Así que este fin de semana tocaba quitar hierbas, agachados, con el azadón y en posiciones casi imposibles entre tanto matojo. Buena terapia para la espalda y la vida de oficina. Y es curioso cómo ese contacto con la naturaleza, con el agua, con la tierra y el barro, despierta mil y una analogías con la vida cotidiana. Tras las recientes lluvias, el suelo estaba aún húmedo, y el quitar las hierbas se convertía en una tarea mucho más sencilla de lo habitual. Apenas había que escarbar un poco y con un simple tironcillo la hierba salía sin apenas esfuerzo. Nada que ver con lo de otras veces, que casi nos obligaba a ir con motosierra. El momento era propicio para ello. Como pasa también en la vida. Y los padres lo sabemos muy bien. Hay pequeños actos cotidianos que si se siembran, se acaban convirtiendo en hábitos. Y hay también otros, que como esas hierbas de nuestro huerto, si se dejan crecer, no sólo acaban siendo hábitos perjudiciales para nuestros hijos, sino que incluso acaban forjando un carácter, e incluso un destino. 
Y ahí surge la gran pregunta que todo padre o madre tarde o temprano se hace: ¿intervengo o no intervengo? ¿Corto esa hierba, o estaré coartando parte de su encanto, de su chispa, de su espontaneidad? ¿Hasta dónde dejar crecer su salero, y a partir de dónde podrá acabar convirtiéndose en un maleducado, en un consentido, en un perezoso o en un asocial? ¿Aplicamos el método Fukuoka o cortamos esas posibles malas hierbas? Desde luego, si optamos por lo segundo, mejor en terreno blandito, como nosotros en nuestro huerto este fin de semana. Porque si esperas mucho, el chaval puede tener ya novia, sacarte medio metro, y mandar tus tijeras de podar al "quinto pinto". Los que tenemos hijos en edad pre-adolescente y adolescente vivimos permanentemente en esa dicotomía. Ante una mala respuesta, ante un portazo, ante un desaire, ante una chulería o ante la enésima confrontación: ¿tijeras o Fukuoka? Y curiosamente también en las últimas semanas, algunas personas cercanas nos hablaban justo sobre esto, pero aplicado a su relación de pareja: si le hubiera dicho a tiempo que compartiéramos las tareas de casa, si hubiéramos puesto las cartas sobre la mesa en su momento, si, si, si.....
Nuestro huerto no sólo nos alimenta, también nos da que pensar. Vemos que hay plantas que no se pueden juntar; otras que se asocian entre ellas; otras que deben plantarse para proteger la producción contra caracoles, pájaros o bichos variopintos... Menudo máster si lo aplicamos a las relaciones humanas. Habrá que acudir más al huerto, para seguir aprendiendo de la vida.

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lunes, 15 de enero de 2018

Luz y espectadores

"¡Por si no lo sabéis! Ilumináis el camino y esa luz es la que nos guía a muchas personas...Gracias, gracias, gracias".
Este comentario reciente de "Ani" a uno de nuestros posts nos dio un vuelco al corazón nada más leerlo hace pocos días. Desde hace tiempo abrir el correo o el whatsapp es una preciosa aventura. Toda una ventana a un mundo fascinante de vivencias que se cuelan por la rendija de nuestras vidas cotidianas, entre idas y venidas de actividades extraescolares, entre fogones y la tabla de la plancha, entre horarios laborales y escolares...Vivencias muchas lejanas y otras cotidianas y próximas. Todas formando parte de ese objetivo de tejer complicidades, de urdir conspiraciones utópicas, de hilar connivencias del alma.
Nuestro Faro de Torre del Mar,
dando luz hace unos días
Pero sería iluso y pretencioso por nuestra parte creernos gurús, maestros, "influencers" o referentes de nada a raíz de mensajes como el de "Ani". Casi nos causa risa siquiera el pensarlo. Y eso que estas navidades han sido continuos los encuentros con desconocidos que resulta que nos leen a través de un amigo, de un compañero del trabajo, de un vecino... Gentes que desconocemos pero que nos conocen. Admiradores anónimos desde la distancia y el silencio. Pero es cierto que nuestro simple compartir ha ayudado a algunos que se sentían solos, desorientados, sin rumbo claro. Y eso nos hace recapacitar. Porque no somos maestros de nada, más allá de nuestras propias vidas. Pero cuando las compartimos, sentimos la conexión inmediata con las vidas, preocupaciones y anhelos de otros. Es como si ese compartir fuera la excusa perfecta que alguien estaba esperando para abrirse, para activarse, para emprender su rumbo. Lo notamos con total claridad en las charlas que a veces damos en colegios o asociaciones: empezamos a contar algunas de nuestras vivencias, de nuestros enfoques de vida como familia, y de inmediato se alzan las manos para compartir experiencias similares, dificultades similares, éxitos o fracasos similares. Es como si ese compartir nuestro fuera la forma de romper el hielo que parece separarnos del prójimo en un paisaje de apariencias y de normalidad.
Dicen que vivir la vida, de verdad y con autenticidad, es un arte. Eso hace que todos seamos artistas en potencia. Algunos ya consagrados y otros diamantes en bruto. El genial compositor Schumann dijo una vez: "mandar luz a la oscuridad del corazón de los hombres: ese es el deber del artista". Quizás por eso nos ilusionó tanto ese comentario de "Ani". Porque lejos de activar en nosotros pedantería o engreimiento, nos conecta de lleno con el papel de artistas que todos tenemos en esta vida. Da igual que sea con un violín como nuestro hijo Pablo, con un hermoso whatsapp de ánimo, con un abrazo en la cola del súper, o con uno de nuestros posts. El hecho es mandar luz a la oscuridad del corazón de los demás. Hay corazones que necesita muuuucha luz. Y en esa tarea, lo sentimos mucho, pero no hay artistas que toquen y público que aplauda. Todos somos artistas que deben subir al escenario de la vida. O jugamos todos o pinchamos la pelota. No cabe remolonear. No cabe repanchingarse en un rincón. No cabe esperar a que otros hagan la pirueta y unirnos a la ovación. Nos toca a todos dar luz al corazón de los otros. Ser faros entre la tiniebla. Y si damos luz, recibiremos luz. Antes siquiera de pedirla. Así funciona el Universo. 
¿Que te sientes vulnerable? ¿Que metes la pata una y otra vez? Como todos. ¿Y si resulta que la vida va de compartir vulnerabilidades? ¿Y si dos vulnerabilidades compartidas se convierten en una fuerza indestructible? Hoy he acabado de leer el libro "Instrumental" de James Rhodes, que mi amiga Tania me prestó. La cita de Schumann aparecía en él. Y trata de la vida de este pianista de fama mundial, que fue violado durante cinco años en su niñez, creándole tales traumas psicológicos y físicos que intentó suicidarse varias veces y tuvo que ser recluido en varios psiquiátricos. La música clásica le salvó la vida, y él la está revolucionando. Y su historia es todo un alegato al optimismo, partiendo de lo más sórdido que quepa imaginarse, y de cómo el compartir, incluso aunque sean traumas, problemas o trabas, da luz al corazón de otros.
Pronto nuestro blog llegará a las doscientas mil visitas. Las visualizaciones en televisión o youtube de nuestra aparición en Televisión Española irán ya por millones (por la lata que han dado repitiéndola en distintas cadenas, incluso en la internacional...jajaja). No hemos parado de incrementar las donaciones a varias ONGs con las ventas de nuestro libro o con los donantes solidarios de nuestro Patreon. ¿Y sabéis lo que os decimos con sinceridad? Que todo eso nos importa realmente un pimiento. Nos hacen propuestas para vender más libros, para incrementar los seguidores aquí y allá... Nosotros siempre respondemos lo mismo. Esto no va de espectadores. No va de "Likes", de "Me gusta", o de ventas. Ni siquiera va de recaudar mucho para causas solidarias. Si se producen números altos en todo eso, mejor, porque significará que conectamos con más gente, y que de ahí se puede apoyar a más causas solidarias. Pero no nos aferramos a números, a visitas, a seguidores, a fans, a dinero recaudado o a espectadores. Sólo nos aferramos a los abrazos y a esa luz compartida que ilumina corazones.
Por ello,si recibes alguno de nuestros posts por whatsapp, mail, facebook, twitter o instagram, está bien que pulses a "me gusta" o lo compartas con tu círculos de amigos. Está genial que si te brota del corazón, nos pidas un ejemplar del libro solidario o te unas a los donantes de nuestro Patreon, para ayudar a nuestras ONGs. Pero lo que realmente será maravilloso es que dejes de ser nuestro espectador, y te hagas nuestro amigo de verdad. Que no te quedes en leernos, estar más o menos de acuerdo, y mirarnos como en un escaparate o sentir admiración o pena. No nos mires, ¡únete! (como dice el lema en las manifestaciones...jajaja). Hay gente que nos lee, nos ve al día siguiente y no se atreve a comentar lo que le ha suscitado o generado en las entrañas. Quizás por pudor. Quizás por desacuerdo. Quizás por timidez. Pero las complicidades por un mundo mejor no surgen de ser espectadores, opinadores o jueces. Surgen de ser cómplices. Y eso sólo se logra con dos cosas: con la experiencia personal, y con el sentimiento. Así que entra y únete. Comparte tu luz (o tu sombra, si es lo que toca en ese momento) con nosotros y con los demás. Comparte tu vivencia y cómo te sientes por dentro. Cuéntanos de ti como ya hicieron otros muchos en comentarios del blog, facebook, whatsapp o twitter. Y si puede ser, queda con nosotros o con quien sea para un café, o un paseo por la playa o el parque. Con ello, te aseguramos que se va creando un nuevo mundo desde centenares o miles de hogares. No hace falta luchar contra el mundo oscuro. Caerá por su propio peso gracias a la luz compartida desde tantos faros de tanta buena gente.
Ya lo decía Martin Luther King: "Nuestra generación no se habrá lamentado tanto de la maldad de los malos, como del estremecedor silencio de los buenos". Toca dejar de ser espectadores silenciosos. Toca ser artistas de la luz.

NOTA: Este post se publica, como todo lo que escribimos, de forma gratuita y en abierto tanto en nuestro Blog como en nuestro Patreon. Pero si te gusta lo que escribimos, te ayuda, te sientes en gratitud, y quieres también impulsar un mundo diferente para vivir con nosotros, puedes colaborar en nuestros proyectos solidarios colaborando con una cantidad simbólica (desde 1€/mes) en nuestro Patreon Solidario. Actualmente estamos apoyando a los Ángeles Malagueños de la Noche, uno de los Comedores Sociales más importantes de España. 

miércoles, 10 de enero de 2018

¡ Lárgate !

El 2018 ya va que chuta a toda máquina. Y siempre en estas fechas surgen propósitos, deseos, anhelos y multitud de peticiones al nuevo año: que si un nuevo trabajo, que si salud, que si dinero, que si un nuevo coche, que si dejar de fumar, que si una nueva novia o novio...Pedir, pedir, pedir. Por pedir que no quede. Pero desde hace tiempo sentimos con fuerza que el Universo no funciona así. Porque cuando pedimos, pedimos y pedimos, la energía que irradiamos y la vibración que nos domina es la de la ausencia, la de la falta, la de la escasez. Y cuando irradiamos escasez, nos es devuelta escasez. Por eso desde hace años, las personas más felices que conocemos, las que año tras año se felicitan por el año transcurrido y encaran el nuevo con determinación y alegría contagiosa son aquéllas que en lugar de pedir, dan. Se muestran agradecidas por lo que tienen y viven, visualizando con el corazón y no con la mente.
Encarando el 2018.
Calblanque (Murcia)
Por eso desde hace tiempo decidimos dar, empezando por nosotros mismos. Por eso decidimos compartir nuestras vivencias de forma pública en un blog, en un libro o incluso en la tele, por mucha vergüenza que nos diera, porque dando es como puedes conectar con el otro, fomentar la relación y tejer preciosas redes de colaboración y cariño. Por eso nos embarcamos en reivindicaciones contra injusticias o en campañas en favor de causas solidarias. Y por eso también dejamos espacios y tiempo para desarrollar nuestra creatividad, para el encuentro, para visitar y ser visitados, para conspirar por un mundo mejor... Sólo dando se contagia la esperanza. Nunca esperando. ¿Utópicos? Sin duda. ¿Minoría? Hasta que deje de serlo. ¿Que si  nos viene devuelto ese dar? A raudales.
A raíz del nuevo año muchas personas nos comentan preocupadas sobre el discurrir del mundo, sobre la gente que va a lo suyo, sobre el individualismo contagioso. Es como si el mundo se partiera en dos dualidades antagónicas. Los que dan y los que sólo piden. Los que se muestran agradecidos y los que exigen sin parar. Los que sólo ven cosas buenas a su alrededor y los que sólo ven lo malo. No solemos dar consejos porque no somos quién para darlos. Pero permitidnos que os animemos en este 2018 a algo. A dar más y a pedir menos. A agradecer más y a exigir menos. Y si los que os rodean o las circunstancias que vivís no son propicias para ello, ¡¡largaos!!. Sí, tal cual. ¡¡Largaos!! Cuando no estamos a gusto en un sitio, o no va con nosotros, no dudamos en irnos, ¿verdad?. Pues hay lugares en nuestro interior, en nuestra mente y en nuestro corazón, a veces por la presión de lo que nos rodea, que son más inhóspitos que el desierto del Gobi. Y de esos sitios conviene huir si no queremos pasarlo regular. Así que largaos de ese eterno "lo haré cuando las circunstancias cambien". Largaos del lamento. Largaos de la comparación. Largaos del "qué dirán". Largaos del "quizás en un futuro" o del "ya veremos". Largaos de vuestro rinconcito oscuro en el que nadie repara en vosotros o en el que nadie os señala. Largaos del conformismo, y de quedarse enganchados al pasado o al futuro. Largaos de la autocomplacencia. Largaos de la tele-basura, del chismorreo y de la crítica de rebaño. Largaos del inmovilismo. Largaos de las banderas, los colores y las consignas. Largaos de las etiquetas. Largaos del "pan y circo". Coged las maletas y largaos muy lejos de aquello que os atenaza y os impide daros a los demás y que podamos disfrutar de vuestra creatividad, de vuestros dones y talentos, de vuestras carcajadas, de vuestras ganas de vivir, de vuestros errores y aciertos, de vuestros abrazos...Coged esas maletas y largaos muy lejos de lo que nos impide disfrutar de vosotros.
Un año nuevo acaba de empezar. Hay mucho por dar y muchos sitios maravillosos por recorrer. Sobre todo en el interior de cada uno de nosotros. ¡Vayamos a por todas!

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domingo, 31 de diciembre de 2017

Palabras que curan

Miles de personas habrían querido estar allí. Quizás millones, a juzgar por el número de reproducciones, comentarios y "me gusta" en las redes sociales. Pero éramos nosotros los afortunados. Ya nos sentíamos unidos por muchas cosas desde hace semanas: ser familia de tres hijos; estar en búsqueda de un mundo mejor; crear complicidades a través de las palabras... Pero hasta hace tres días no había sido posible el ansiado abrazo ni el cruce de miradas. Esa maldita enfermedad y las sesiones de quimio habían retrasado el encuentro. Y en lugar de en nuestro terreno, ha tenido que ser en el suyo. Pero es lo de menos. No existe espacio ni tiempo en la conexión de almas. Y sólo hubo que aguardar un poco más.
Muchos nos preguntan cómo hacemos para rodearnos de tan buena gente. Simplemente nos dejamos llevar: por la intuición, por las circunstancias, por las causalidades... Constantemente estamos atentos a todo lo que nos pasa, y leyendo entre líneas las buenas y malas cosas que cada día depara. Y en cuanto se atisba un regalo, allá que vamos a por él. Cueste lo que cueste. La Vida nunca defrauda. Nos pasó con la gente de O Couso. Nos ha pasado con los Ángeles de la Noche. Y ahora con Magdalena Sánchez Blesa, la poetisa del momento, y su familia.
Desde que los niños eran pequeños hicimos un juramento: hacer una escapada en pareja al menos una vez al año. Por la salud de la pareja. Por superar las conversaciones en morse interrumpidas por cientos de aportaciones infantiles. Por compartir silencios, atardeceres, risas y alguna que otra cena romántica. Ahora era el momento. También de conocerla a ella. Así que nos fuimos a explorar tierras murcianas en nuestra escapada anual.
Desde que salimos en televisión y empezó nuestra venta del libro solidario, hay gente que nos considera "gente famosa", y se nos acerca con esa actitud reverencial, que tan poco nos gusta. Somos gente normal que comparte sus anhelos y vivencias. Y a Magdalena le pasa igual. Es poeta de aceras, de patios, de momentos y de mirar a los ojos. Sentimos el flechazo con ella desde que nos intercambiamos el whatsapp hace pocos meses. Y su cercanía y autenticidad nos enamoró. Pero nos tenía guardado un regalo inesperado: David, su marido, un "pedazo" de pan, como ella.
Las horas en aquella cafetería pasaron rápido. Había mucho que compartir, mientras sus pobres chavales nos esperaban pacientes. Mientras la escuchábamos y la mirábamos a los ojos, entendimos rápido por qué se estaba convirtiendo en un auténtico fenómeno de masas. La gente está cansada de "famosetes" de cartón piedra, de celebridades vacías, de personajillos que aprovechan su momento para ganar un puñado de euros, un ratico de fama, y un hueco en el Sálvame. La gente busca autenticidad. Busca la conexión con sus vidas sencillas. Hay grandes escritores que escriben para la mente. Otros usan buena literatura para desahogarse. E incluso los hay que tratan de saldar cuentas con sus palabras. Ella no es de esos. Magdalena habla directamente al corazón. Sabe muy bien la magia que las palabras atesoran. Sabe de su poder terapéutico. Y las usa para lo que mejor sabe: para curar el alma, para ahuyentar demonios y para construir un mundo mejor. No conocemos a nadie que pueda recitar como ella lo que ha escrito. Y si encima David hace de sus poemas una película de vida, ¿que más se puede pedir? Menuda llamada a la coherencia: que lo que hago, pienso, digo y siento estén en armonía.
Las horas de la cafetería nos supieron a poco. Insistieron en continuar la conversación ante una paella en su casa al día siguiente. Al principio nos resistimos para no cansarla. A veces el gesto torcido o la respiración entrecortada nos recordaban, como su pañuelo en la cabeza, los demonios que recorren sus venas. Pero accedimos ante su insistencia. Y sellamos nuestra unión eterna ante una paella deliciosa, en su famoso restaurante de Moriana donde tantas y tantas aventuras se han fraguado. También se unió otro nuevo amigo para nosotros: otro David, murciano afincado en Bogotá, que más tarde nos hizo de guía por las calles de la capital de la región.
Uno puede pensar que los famosos viven siempre en grandes mansiones, que conducen coches de lujo, que derrochan dinero, y que no tienen problema alguno. Magdalena y David hasta en eso son auténticos. Su coche está en el taller, viven austeramente en el campo, sufren con dureza las ausencias, hacen cuentas para llegar a final de mes y se encuentran en plena batalla contra el cáncer. Disfrutaron de lo lindo de la fruta que les llevamos, a juzgar por la foto que nos enviaron. Ahora tendrán nuevos compañeros de camino para compartir mochila cuando les haga falta. Su preciosa dedicatoria en su último libro nos lo recordará siempre.

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lunes, 25 de diciembre de 2017

Nacimiento

Es 25 de Diciembre. Navidad. Son las siete y media de la mañana y aún no ha amanecido. Todo está en profundo silencio. A esta hora Papá Noel estará acabando su ronda mundial de entrega de regalos por millones de hogares. Espero no cruzármelo ahora por las escaleras. ¡Menudo susto nos íbamos a llevar los dos, la verdad! Prefiero que despliegue su magia en tantos y tantos otros hogares. Nosotros este año hemos sido bendecidos con tantos momentos únicos, con tantos dones, con tantos encuentros maravillosos, y con tantos aprendizajes, que no podemos pedir más. Sólo dar gracias, y compartir lo recibido.
Ayer fue una Nochebuena muy especial. Samuel se encontraba a 6.200 kilómetros, en Pensilvania. Pablo y Eva se marcharon a 1.700 kilómetros, a Londres, para disfrutar de unos días inolvidables con nuestros queridos Pete y Nuria, toda una tradición ya para nosotros. Efectivamente, la familia desperdigada por el mundo en la Nochebuena. Y la gente parece que sufre cuando nos preguntan y lo contamos. Nada más lejos de la realidad. El gozo fue enorme. Realmente quizás la Nochebuena no es tanto un día obligado para el encuentro, o para estar en familia. Para eso están los 364 días restantes del año donde tenemos tiempo de sobra para compartir miles de encuentros, de instantes, de momentos únicos. Por eso es sagrado en esta casa desayunar, almorzar o cenar juntos todos los días de año que podamos. Navidad viene de "nativitas", nacimiento. Probablemente Jesús no nació en la noche del 24 al 25 de diciembre, sino que la fecha concreta tiene más que ver con el solsticio de invierno. La fecha concreta es lo de menos. Lo que quizás más importa de esta fiesta es que se celebra el nacer. El nacer al ser. No el hacer. Más bien el no-hacer. Y probablemente sea una llamada anual a nacer dentro de nosotros mismos. A renovarnos por dentro. A encontrar ese hombre, esa mujer, ese niño o esa niña nuevos que residen en nosotros. A avivar la luz divina que, sin lugar a dudas, habita en los más de siete mil millones de seres humanos que poblamos la Tierra, haciéndonos UNO.
Ayer no fue un día de prisas, compras o aglomeraciones en centros comerciales. Tampoco encendimos la tele ni escuchamos discursos de monarcas, presidentes o autoridades terrenales. No nos vestimos con nuestras mejores galas. Ni siquiera cantamos un villancico. Por la mañana, acompañamos a Pablo y Eva al aeropuerto. El aeropuerto estaba vacío al mediodía. Nunca lo había visto así. Pocos padres vimos despidiéndose de sus hijos en una fecha tan señalada. Ninguno, para ser precisos. Pero verlos tan felices, tan autónomos y con tantas ganas de volar nos llenó de orgullo. Nuestra función de padres va de eso: de ayudarles a cruzar fronteras, a atravesar aeropuertos, a emprender nuevos retos, sean interiores o externos, físicos o mentales. Da igual el día del año. Da igual las tradiciones. Por fortuna su hogar es ya el mundo entero.
Desde el aeropuerto nos fuimos directos al centro de Málaga, pero no para ir "de compritas". A medida que nos acercábamos a nuestro destino, los carritos de la compra empezaban a prodigar mezclados con las caras de resignación. Centenares de personas aguardaban su turno en una plaza enorme para que un ejército de voluntarios les sirvieran su ración de solidaridad en sus carritos de la compra: pollo asado con ración, tortilla de patatas, zumo, galletas, dulces navideños...El bullicio de tanta gente, se mezclaba con los flashes y las cámaras de los periodistas, y el ajetreo del ir y venir de los voluntarios trayendo paquetes, manteniendo el orden, limpiando por aquí o por allá. Nos pareció un auténtico milagro que esa muchedumbre pudiera ser alimentada tan sólo por los gestos solidarios de otra muchedumbre silenciosa con las aportaciones que habíamos animado en los últimos días. No pude evitar acordarme del milagro de los panes y los peces. Algo así debió ser. 
Los contrastes fueron enormes. Y mientras un Porsche se hacía paso entre esa muchedumbre para vaciar su maletero de bolsas de la compra destinadas a ser compartidas, alguna familia intentaba colarse, o pasar por segunda o tercera vez para acumular víveres para varios días, o quizás para revenderlos. La condición humana. Da igual que seas pobre o rico. Mucho que aprender. Mucho a lo que nacer de nuevo. Nueva llamada de la Navidad.
A mi me tocó ir a recoger comida donada en sendos asadores en Churriana y en el Rincón de la Victoria, y a Mey atender el teléfono de infinidad de establecimientos que no querían tirar a la basura los restos de un día tan señalado. No pudimos evitar pensar qué será del mundo cuando en lugar de dar de lo que nos sobra, demos de lo nuestro. Nueva llamada a nacer. 
Compartimos momentos únicos con gente excepcional como Manolo o Paco, como la pareja del asador del Rincón o la señora de la panadería de la Divina Providencia. Curioso nombre para un día así. Gente dispuesta a desparramarse por los demás hasta límites insospechados. Nueva llamada a nacer. Nueva llamada de la Navidad.
Aún no conocemos a muchos de los voluntarios de los Ángeles de la Noche, y por eso accedimos a sentarnos con ellos y almorzar algo ya anocheciendo, tras una agotadora jornada. Gente normal. Gente de todas las condiciones, color de piel, procedencias y educación. Risas, abrazos, y sensación de deber cumplido. Quizás el darse al prójimo no sea una opción sino efectivamente un deber. Nueva llamada a nacer. Nueva llamada de la Navidad.
Después nos fuimos abrazados a tomarnos un café "en parejita". Estos momentos "de novios" son también mágicos para nosotros. Pero sin despistarse mucho para estar en casa pronto y charlar con los niños por Skype junto al fuego. De nuevo risas. De nuevo bromas. Y nosotros aún sin saber qué cenar en la tradicional cena de Nochebuena. Calentamos la sopa del cous-cous de hace tres días, cortamos unas lonchas de queso, y preparamos una buena ensalada. Eso sí, con el mantel, los platos y las copas de las ocasiones especiales. Y con dos velas encendidas, como en las ocasiones especiales. De postre el violonchelo del CD de  "Todas las mañanas del mundo" mientras comentamos las vivencias del día absortos ante el fuego. Nueva llamada a nacer. Feliz Navidad.

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domingo, 10 de diciembre de 2017

#LocosPorUnMundoMejor

La vida es un fluir constante. Y nunca sabes las sorpresas que te puede deparar. Sólo hace falta estar dispuesto a dejarse sorprender y a ser abrazado por el presente. Sea el que sea.
Nunca imaginamos cuando hace justo un año nos llamaron ante el peligro de que el piso vacío de mis abuelos fuera "okupado", que un año después ese piso lo disfrutaría gratis una ONG con la que nos sentimos en profunda conexión hoy. Tampoco imaginamos entonces que hoy, justo un año después, trabajaría a apenas cinco minutos de su sede, y que me podría escapar en ratos sueltos de mis desayunos para echar una mano en lo que hiciera falta. Y lo cierto es que hoy, justo un año después, nos sentimos parte de esa gran familia de "Los Ángeles Malagueños de la Noche".
Nuestro frigo: "el frigo de los Meys"
Ayer fue un día grande para ellos. Se celebraba una Gala Benéfica organizada por Dani Rovira y Claro Lago en beneficio de esta entidad solidaria. Y era un momento en el que tocaba dar a conocer al público que abarrotaba el teatro en qué consistía lo que hacen. Nos hicieron el encargo hace unas semanas, y de nuevo nos dejamos fluir. Elaboramos un pequeño guión. Al principio dudamos qué enfoque darle, pero luego vimos con claridad que era el momento de integrar tantos y tantos conocimientos de proyectos en los que hemos participado, y sumarlos a esta nueva causa. Vimos claro que la locura por un mundo mejor puede ser contagiosa, y quizás es momento de que deje de ser minoritaria. E incorporamos al guión frases, principios y lemas que nos han seguido en los últimos años con muchos compañeros con los que hemos compartido y seguimos compartiendo andanzas solidarias: Trans-Formando, ADAPA, Proyecto OCouso, la Casa de Acogida de Alozaina...Las frases fluyeron fácilmente. Pero quizás montar un vídeo iba a ser algo más complicado. Tanteamos por whatsapps a unas amigas de las televisiones Mindalia y Velevisa, y en cinco minutos estaba acordado el reparto de tareas. No salíamos de nuestro asombro. Marina nos echaría un cable con la grabación, y Mª Ángeles haría lo propio con la voz en off y el montaje. Está claro que cuando el Universo se confabula no hay nada que le detenga.
Ese mismo martes vinieron a grabar al Comedor Social, y aunque me resistí, tuve que hacer las veces de reportero. Tocó aplicarme el cuento de lo de "fluir". El domingo quedábamos para el montaje que se ejecutó en poco más de una hora. Alucinante. Una tarea que se nos antojaba titánica se había conseguido en apenas un par de días y sin el esfuerzo o las dificultades de proyectos anteriores. Al día siguiente lo mostré a mis compañeros de la ONG, y el respaldo fue unánime. Ni un sólo "pero". Cosas también del Universo, que nos lleva a la confluencia de sensibilidades, cuando son muchas las que hay.
Quedaban aún semanas para la Gala, y quisimos ponerle el broche final. Mey en inglés y Anne en francés liquidaron los subtítulos en un "plis-plas". Y ayer se proyectó públicamente en la Gala.
Estábamos un poco preocupados porque un espectáculo desternillante de improvisación quizás no era el mejor foro para emitir un mensaje trascendente. Pero lo cierto es que la ovación fue cerrada, y escuché alguna "lagrimilla", síntoma de que algún que otro corazón se había visto conmovido por el mensaje.
Ahora ya, lo que el Universo diga. El vídeo está sobre la mesa. Y queremos que sirva de homenaje a tantas mujeres y tantos hombres que están #LocosPorUnMundoMejor. Puede que sirva para visibilizar a tantas personas que están poniendo su granito de arena. Puede que sirva de punto de encuentro en las redes sociales. O puede que sea un eslabón de algo que está por venir. Sin agobios. Sin aferrarse a nada. Con la facilidad que surgió, así se desplegará lo que tenga que venir.

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domingo, 3 de diciembre de 2017

Pintando atardeceres

Se despidió despacio. Muy despacio. Como siempre. Con movimientos tan imperceptibles que no sabíamos si se iba o si venía. Pero eso sí, con su mejores galas. También como siempre. Como en la mejor pasarela de moda del mundo. Amplias sedas con tonos malvas y ocres. Destellos amarillos por aquí y por allá. Líneas sinuosas. Garabatos perfectos. Brillos y sombras. Deslumbrante como siempre antes de oscurecernos con su ausencia.
"Papá: hoy te ha salido mejor que nunca". La voz de Eva, desde el asiento trasero me despertó. Y eso que iba conduciendo y dormir habría sido una locura. Pero el espectáculo era tan hermoso que parecía estar en un sueño. Siempre he dudado si la belleza es tal porque sí, o porque la ven así nuestros sentidos. Un atardecer. Una luna llena. Una composición de nubes. Una pieza al violín. Un desayuno en familia... Quizás por eso, desde que Eva tenía tres años, siempre que llegaba ese mágico momento le decía igual: "Hoy me he esmerado en los colores, y mira cómo te he pintado el cielo". Aún recuerdo su cara de asombro. Sus ojos perplejos. Su sonrisa de gratitud. "Gracias, papi", me decía... Hasta que le empezó a parecer una bobada.
Eva pintando un atardecer con su vitalidad
en Canillas del Aceituno. Noviembre de 2017
Llega un momento en que la magia parece una cursilería. Y cuando la adolescencia llama a la puerta toca hablar de las cosas "reales", y dejarse de ñoñerías. Hasta que te das cuenta con la edad que lo real es esa magia. Que son los ojos los que crean esos espectáculos. Y que la belleza habita en el corazón y no en lejanos paisajes, que sólo tocan a la puerta de nuestra sensibilidad para ser contemplados. 
¿Cuántos atardeceres únicos nos quedan por presenciar? ¿Cuántas lunas llenas reflejadas en el Mediterráneo? A veces vemos esas maravillas como algo cotidiano. Como algo que estuvo ayer y que estará mañana. Pero desde jóvenes, Mey y yo siempre que observamos una luna llena pensamos lo mismo: ¿Cuántas nos quedan por contemplar? Desde luego no cien mil. Desde luego no diez mil. Quizás con suerte quinientos o setecientos momentos únicos más como ese. Y siempre contemplar ese hechizo nos sitúa como nunca en el presente. Nos ayuda a darnos cuenta de que cada momento es único e irrepetible. Y que probablemente no se repita. Todo parece eterno... mientras dura. 
Esas palabras de Eva me dieron un vuelco al corazón. A veces el silencio es el mejor regalo para la belleza. Pero sus palabras iban a hacer más especial aún ese instante. No porque conectase con sus recuerdos de mis obras de arte vespertinas en tantos atardeceres de su infancia, sino porque conectaba con las razones profundas por las que yo le había repetido tantas veces esa pequeña tontería. "¿Te das cuenta, papá, que estamos aquí los tres alucinados contemplando esa preciosidad de atardecer, y que habrá un montón de coches de los que nos adelantan que ni se estén dando cuenta de esa "pasada"? ¿Cómo puede ser que no nos percatemos de algo tan bonito? ¿Cómo puede ser que vayamos siempre sin fijarnos en cosas que valen tanto la pena? Ahora entiendo por qué, de vez en cuando, te activas un gong aleatorio en el móvil, para caer en la cuenta de esto. El otro día lo pensé precisamente mientras hacía un dictado en clase. Escribía las palabras que nos decía la profesora sin ser consciente, casi como un robot. Y al cabo del rato me di cuenta que había casi acabado el dictado pensando en otras cosas, sin estar realmente allí, haciendo lo que estaba haciendo. Y nos pasa eso continuamente, papi. Vamos por la vida sin fijarnos en lo que vemos o hacemos..."
Menuda reflexión que acababa de hacernos la niña. Menudos doce añitos incipientes. Menuda sabiduría en un ser tan pequeñajo. Convertirnos en observadores de la vida. Vivir el presente y la eternidad en el ahora. Carpe diem. Seguiremos pintando atardeceres, vistos los resultados.

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domingo, 26 de noviembre de 2017

Soy tus ojos

Es difícil encontrar esa emoción en un adulto. Pero Camilo la irradiaba este miércoles. En un niño sí es frecuente. Pero en un adulto es raro. Es como si la edad nos hiciera sosos, resabiados, apáticos... Ese entusiasmo, como cuando abríamos la puerta del salón de pequeños la mañana de Reyes. Esa pasión, como cuando salíamos al recreo corriendo como locos. Ese arrebato permanente descubriendo en cada esquina pequeños tesoros de la vida que, por desgracia, con el tiempo, nos pasan inadvertidos. Por eso ver a Camilo así me ponía los vellos de punta. Era como conectar con esa maravillosa locura infantil, pero en un adulto. Como niño con zapatos nuevos. Pero lo de Camilo no eran zapatos nuevos. Eran ojos nuevos. Los míos.
Dicen que el mundo está muy mal. Que esto no hay quien lo arregle. Que nos vamos "a la porra". Y desde luego si tus ojos son el telediario, los periódicos, o las palabras de un compañero o vecino pesimista, sin duda, será así. Pero nosotros vemos y vivimos otra realidad cotidiana. Y esta semana hemos sido testigos de un precioso episodio de ella con Camilo. Aunque no nos demos cuenta, estamos en un momento histórico único en el que la tecnología nos permite abrazar la necesidad de cualquier persona aunque esté a miles de kilómetros. Nunca antes había sido posible. Y hoy lo tenemos en nuestro bolsillo las veinticuatro horas. Literalmente. Y no nos damos cuenta. 
Camilo es un chico invidente colombiano que vive en Alemania. Nos conocimos este miércoles. Su pequeño apartamento es como si fuera ya mi casa, aunque no he estado allí. Solicitó ayuda a través de la aplicación BeMyEyes (Sé mis ojos), que a través del móvil permite a cualquier invidente del mundo solicitar ayuda para que un voluntario o voluntaria vea a través de su móvil y le guíe. Así de sencillo y así de revolucionario. Camilo usó mis ojos para leer una carta que le había llegado y para que le describiera detalles de su apartamento. Y no podía evitar emocionarse al pensar que con esa sencillísima aplicación podría evitar desde ahora sentirse ridículo llevando calcetines de distinto color, o localizar cualquier ingrediente o conserva en su cocina. No se tendría que echar a llorar de desesperación cuando se perdiera en la calle, y no supiera qué camino tomar. 
Si es maravillosa esa posibilidad para una persona ciega, de forma tan sencilla y con tanta calidad, esta historia tiene aún más jugo. Y es que hasta esta semana no he podido asistir realmente a ningún invidente. Y en esta ocasión fue porque estaba leyendo un whatsapp y en ese momento probaba Camilo la aplicación por primera vez. Cogí su llamada de inmediato. Otras veces me han llamado, pero tardé unos segundos en coger la llamada, y hay toda una legión de voluntarios dispuestos a asistir a los invidentes. En concreto más de 615.000 voluntarios para asistir a unos 48.000 invidentes. Es decir, que cuando una persona ciega llama para pedir ayuda, hay más de doce personas dispuestas a ayudarle, y aquel que coge antes la llamada es quien le asiste. Y esto se visualiza perfectamente en la aplicación nada más entrar, con un dibujo del planeta Tierra, y las cifras de los invidentes a un lado, y las de los voluntarios a otro. Dos mundos completamente distintos, como pude comprobar con la emoción de Camilo ante detalles que nos pasan inadvertidos a los que vemos.Pero dos mundos unidos en uno solo por un dibujo de un corazón. Y curiosamente los dispuestos a arrimar el hombro son aplastante mayoría. Los que se han puesto a tiro de esa solidaridad concreta son tantos que surge una sanísima competencia por ver quién atiende antes al ciego que lo necesite. ¿Estaremos quizás más cerca de lo que pensamos de que los dispuestos a cambiar el mundo no sean vistos como unos bichos raros, y sean mayoría?
El mundo se polariza cada vez más. Aunque estemos llamados a ser UNO. Cada vez hay más personas con una vibración muy alta y otras con una muy baja. Unos trabajando para el prójimo y otros para sí mismos. Unos acumulando dinero y bienes materiales y otros buscando la sencillez y vaciarse de bienes. Unos viendo las malas noticias del telediario, y otros construyendo un mundo diferente para vivir. Ayer lo hablábamos con nuestro hijo Pablo mientras volvíamos a casa andando tras recogerle de clase de francés. Está leyendo el libro "Un mundo feliz" y le horripilaba observar lo cerca que estamos de un mundo de ficción como ese. Se espantaba viendo tanto pesimismo y tanto reduccionismo en compañeros suyos de dieciséis años. Para muchos somos sólo pura biología, pura aleatoriedad, puro egoísmo. Quizás habrá que prestarles los ojos, como a Camilo. Y mostrarles que hay todo un mundo maravilloso de gente trabajando por los demás. Habrá que hablarles de nuestro amigo Joserra y su revolución altruista con un montón de locos como él. Habrá que hablarles de nuestro querido Antonio y otro montón de ángeles con los pies en la tierra como él. Habrá que hablarles de Xavi o Luije, y otro montón de utópicos haciendo realidad las utopías como ellos. Y quizás a través de nuestros ojos, esos dos mundos se vayan haciendo uno. Ojalá llegue pronto el momento en que sean muchos más los dispuestos a coger esa llamada por un mundo diferente, que los necesitados de esa llamada.


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domingo, 19 de noviembre de 2017

Ponerse a tiro

Ese no era el plan. Tenía las ideas muy claras y ése desde luego no era el plan. Era momento de estudiar, de hincar codos, de sacar las mejores notas posibles, y de abrirse paso en el mundo laboral. Pero desde luego no de distraerse con noviazgos. Siempre fui muy mental y "cuadriculado". Un auténtico "pesado", como dicen mis niños hoy. "Una gota en el latón". Y no estaba dispuesto a desviarme ni un ápice del rumbo trazado. No sé si ese rumbo me lo tracé yo a los 15 años, o me lo habían trazado otros. Pero el plan era el plan. Y estaba para cumplirse ante todo y sobre todo. Hasta que llegaron otras certezas. Unas certezas que no venían de la mente sino del corazón. Unas certezas que nunca había sentido, y que me desvelaban de madrugada por primera vez en mi vida. Unas certezas a las que me resultó imposible dar la espalda, y que me obligaron a ponerme a tiro de las flechas de Cupido. En realidad esas certezas no rompieron mi plan. Hubo estudio, hubo codos, hubo buenas notas. Hubo nueve largos años de noviazgo en la distancia. Y toneladas de cartas de amor. No había whatsapp y había que sustituirlo por nuestro código morse de llamar y colgar el teléfono. O por las frecuentes visitas al buzón de correos.
Sin vértigo por los Pirineos franceses, verano de 2017
Aquellas certezas iniciales fueron desoxidando el corazón y domando a la mente. Luego surgieron  otras certezas que muchos no entendieron: renuncias a trabajos en grandes multinacionales, a sueldos disparatados y al mundo de las alfombras rojas. Estaba programado para eso. Me había preparado para eso. Y cuando por fin había llegado el momento de tenerlo, ¡renunciaba a ello! ¿Qué estaba haciendo con mi vida?
Mi vida ha sido la historia de un desaprender continuo, de una desprogramación continua. Quien me conociera hace diez años probablemente pensaría que está hoy ante otra persona. Y probablemente todo empezó con aquella primera certeza. Con aquella primera decisión loca. Con aquel primer "ponere a tiro". Aquel encuentro con mi compañera de viaje por este mundo fue un tren que no pude dejar pasar. Hoy, casi treinta años después me colma de felicidad y de permanente apertura a nuevos aprendizajes, a nuevas certezas, y a nuevos encuentros mágicos. No piso alfombras rojas. Mi cuenta bancaria no es de seis cifras. Y mi agenda echa humo. Pero no para ganar dinero, prestigio o poder, sino para ponerme a tiro de nuevas flechas que valen la pena.
Siempre me encantó la frase de Gandhi de "Sé el cambio que quieres ver en el mundo". Pero lo cierto es que nunca entendí bien su aplicación práctica. Hoy creo que me acerco más a lo que quiere decir. Y creo que va de seguir poniéndose a tiro de ese cambio y del amor que requiere. Y eso se manifiesta de multitud de formas, y en infinidad de instantes cotidianos. Siempre surgen esas flechas. El problema es si nos pillan viendo la tele, apoltronados en el sofá, u ocupados con otros planes como ganar dinero o prestigio. Pero siempre la pregunta es la misma: ¿en qué medida esto me conecta con el cambio que quiero ver en el mundo? Si esa situación, esa persona o ese proyecto nos acerca a ese mundo diferente para vivir, nos ponemos a tiro, y a pecho descubierto. Da igual si es en una charla ante padres en el instituto de Benamocarra, en eternas sesiones se sobremesa con nuestro hijos, o en desayunos o conversaciones de pasillo con los nuevos compañeros de trabajo. Da igual si es intercambiando recetas, viajes, charlas, cuentos o lágrimas de preocupación y dolor. Da igual si es compartiendo hasta las tantas preocupaciones de adolescentes con familias amigas, o charlando de la salud y sus somatizaciones con un amigo en el taller. Da igual si es coordinando un vídeo o un musical para el comedor solidario de los Ángeles de la Noche, difundiendo novedades, alguna jornada o un curso de nuestra ONG ADAPA o de nuestro querido proyecto O Couso, o luchando contra alguna injusticia. Da igual si es prestando dinero a unos amigos en apuros, cambiando de compañía eléctrica por un consumo más responsable, o de entidad bancaria para que nuestro dinero sea más ético. Da igual si es hablando en los trayectos de coche compartido, si es escribiendo posts, si es impartiendo sesiones de mindfulness o si es firmando libros. Da igual que sea ante conocidos o desconocidos. La cosa es ponerse a tiro. Ponérselo muy fácil a ese cambio en el mundo que nos gustaría ver. Hacer de puente y viaducto hacia él. Aunque sea un milímetro cada día. Sin vértigo, porque para divisar un gran paisaje, hay que subir alto (los sueños, si no asustan, es que no son suficientemente grandes). Poniendo en el centro a la persona. Por encima de dineros, de cargos, de prestigios y del "qué dirán". Los encuentros con almas amigas se multiplican entonces. Y las certezas del corazón se contagian. Como los milagros.

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