jueves, 11 de febrero de 2016

El dolor del clavo

El 3 de Marzo de 2011 fue muy extraño. Tras los intensos días de preocupación vividos, íbamos preparados para el peor de los diagnósticos. Habíamos sondeado a familiares y amigos y sabíamos que estaríamos en las mejores manos allí en Barcelona. Pero nos esperábamos lo peor, incluida la aplicación de láser de urgencia. La multitud de pruebas y profesionales en un entorno tan sofisticado y tecnológico dio paso a la conclusión de que, efectivamente tenía algo de degeneración pigmentaria. Pero que ello era relativamente habitual en unos ojos tan dañados como los míos. Me desaconsejaban el láser: 30 ó 40 impactos podrían solventar el problema en el corto plazo, pero lo agrandaría en el medio y largo. Y la sorpresa: a pesar de mi gran miopía en el ojo izquierdo, su agudeza visual podía permitir una operación para una lente intraocular en un futuro, lo que me podría permitir recuperar buena parte de la visión en ese ojo.
Salimos exultantes. Del peor de los diagnósticos habíamos pasado casi al mejor. De pensar en quedarme casi ciego con el tema de la degeneración pigmentaria, pasaba a plantearme la recuperación de ese ojo izquierdo. Empezaba a entender la frase: “Cada día que pasa, sea como sea, me encuentro mejor, o mi problema desaparece”. Y no paraba de repetirme internamente: “¡Claro!. “Sea como sea”. Sin el susto del primer diagnóstico, nunca habría venido a Barcelona, para una oportunidad como ésta de recuperar mi ojo izquierdo”. Los cuentos de la lechera empezaron a fluir por mi cabeza….Efectivamente, ese “sea como sea” actuaba. ¡Y de qué manera! Pero no como yo me imaginaba.
Durante 4 semanas disfruté de la ilusión por un ojo nuevo como un niño en la mañana de Reyes. Encargué una lente nueva de contacto para probar si mi cerebro toleraría bien una segunda imagen, e hice todos los preparativos que mi nuevo “destino ocular” parecía marcarme. ¡Qué alejado estaba de lo que vendría después!
El 6 de Abril, de forma abrupta, empecé a ver gusanitos negros y bolitas por ese ojo izquierdo. Eran muchas más de las habituales. No quise alarmarme. Pero al día siguiente, jueves, en pleno concierto de mi hijo en el conservatorio, noté cómo se oscurecía totalmente casi una cuarta parte de la visión del ojo izquierdo. Tocaba alarmarse. El hecho de que mi suegro estuviera recién aterrizado de Francia, y que por lo tanto pudiéramos dejarles a cargo a mis tres "fierecillas", me hizo volver a caer en la cuenta del “sea como sea”…
Acudimos a las únicas Urgencias Oftalmológicas de Málaga a las 9 de la noche con el miedo en el cuerpo. El diagnóstico lo confirmaba: desgarro de retina. La médico de guardia trataba de tranquilizar: acudiendo de nuevo al día siguiente a primera hora de la mañana, me aplicarían láser y el punto de desgarro quedaría rehecho. Desde que salimos a las 10:30 hasta la 1 de la mañana la indecisión fue enorme. ¿Qué hacer? ¿Aceptar el diagnóstico de urgencias o acudir a Barcelona de nuevo? ¿No sería “matar moscas a cañonazos” acudir de nuevo a Barcelona, con un alto coste en vuelo y desplazamiento pudiendo ir al día siguiente al láser de Málaga sin más? Y los niños con un “tinglado” de los suyos organizada para ese mismo viernes...Uffff...
Tanto mi mujer como yo sabíamos que esa decisión de justo ese momento podía ser crucial...Y cada uno pusimos nuestra parte de intuición en práctica. Yo, decidiendo rechazar el láser de Málaga y optando por ir a Barcelona. Y ella decidiendo que en ese caso no me dejaría ir solo. Ambas intuiciones resultaron cruciales después.
Reservamos vuelo y cita para Barcelona a las 2 de la mañana, y a las 7 estábamos ya de camino, mientras mis suegros se quedaban al mando en casa con los 3 niños. A las 9:30 se confirmaban nuestros temores: no era un mero desgarro subsanable con láser; era un desprendimiento de retina y vítreo en toda regla, que requería de una intervención quirúrgica y urgente.
A las 2 y media de la tarde me ingresaban en el quirófano, con cada vez menos ángulos de luz en mi ojo, y con la convicción de que lo que venía no iba a ser ninguna broma, ni por el coste económico, ni por las repercusiones médicas. Pero me sentía en las mejores manos. Y eso me dio una extraña tranquilidad en esas circunstancias de desasosiego, que especialmente notaba mi mujer. A las 18h salí del quirófano. Según nos dijo después el cirujano, había tenido que “sudar la camiseta” de lo lindo. Si no hubiera sido por su experiencia, por su pericia, y por estar considerado como uno de los 3 ó 4 mejores retinólogos del mundo, probablemente habría perdido el ojo ese mismo día. Durante la intervención, se quedó con mi retina en sus manos, y se generó una hemorragia masiva en el ojo que le obligó a cambiar de estrategia varias ocasiones en la misma intervención. Finalmente consiguió estabilizar mi retina con un anillo de silicona, cambiaron el gas perfluoroctano por aceite de silicona (cuya densidad, al menos, me permitía volver a casa en avión) y limpiaron mi hemorragia como pudieron.
Aparentemente todo se había solucionado. Aparentemente. Pero ni la cercanía de las revisiones planificadas, ni el estado de mi ojo en carne viva, ni mis extremos dolores de las 2 semanas siguientes presagiaban que la historia hubiera llegado a su final. La hemorragia presionaba contra el nervio escleral, y el dolor más insoportable que jamás había sentido se apoderó de mis dos semanas siguientes. En más de una ocasión no pude reprimir las lágrimas en esos eternos días que se sucedieron. Al dolor físico se unió el emocional, como cuando mi hija me recibió entre lloros al volver de Barcelona y descubrir el deplorable estado que presentaba mi ojo en carne viva, y a su padre “zombi perdido”. El llamado “dolor del clavo” me sacudió de lo lindo, y ni los más fuertes analgésicos que me habían sido recetados, pudieron hacer nada por mitigarlo. A más de una visita que vino a interesarse por mí, tuve de dejarla con la palabra en la boca esos días, ya que era incapaz de seguir el hilo de las conversaciones. La medicación recetada para que la hemorragia se diluyera tampoco ayudó mucho a reconducir mi malestar: todo mi sistema digestivo y la asimilación de líquidos parecieron volverse locos. Curiosamente, tan sólo las meditaciones de mi amiga Carmen me aliviaban en el duro trance de lograr dormir algo para pasar el trago. Descubrí esos días que buena parte de los productos de la “Medicina Occidental” son meros aturdidores de los síntomas, y que todos tenemos en nuestro interior las herramientas para sanarnos, prescindiendo de químicos interesados. La meditación logró lo que los químicos eran incapaces de lograr ¡Yo que siempre había sido tan racional y cientifista!
La primera revisión a los 15 días fue tan sólo un trámite para certificar que el dolor empezaba a remitir poco a poco, y que aún era preciso esperar para que la hemorragia abandonara mi ojo. La segunda revisión, dos semanas después, no resultó tan anegdótica. Yo ya me lo olía, pero no quise alarmar. La oscuridad de nuevo se había hecho fuerte en ese ojo, y ello no presagiaba nada bueno. La hemorragia había impregnado mi cristalino, y ello suponía tener un muro opaco en mi ojo, que impedía que entrase la más mínima luz. Reunión de expertos. Largos minutos de espera y de exploraciones de los más variados especialistas. Cara de miedo y desconcierto en mi amada compañera de fatigas. La propuesta de mi cirujano era contundente: de nuevo debían operarme, y a poder ser de urgencia. Había que extirpar mi cristalino. Sin esa decisión tan traumática, jamás volvería a ver la luz por ese ojo.... Y para colmo, la primera operación, tan sólo 1 mes y medio antes, nos había dejado con las arcas familiares tiritando y con alguna deuda económica pendiente. ¿Cómo afrontar de nuevo otra decisión con esa premura y condicionantes?
Ese día aprendí que, efectivamente, Dios, El Universo o la Energía Universal, escriben recto con renglones torcidos. Y que, sin saberlo, debíamos tener crédito en el Banco de la Divina Providencia. Quizás habíamos acumulado “karma positivo” o “dharma” en algún lado sin saberlo. Venían momentos decisivos para comprobarlo.
(CONTINUARÁ)

lunes, 8 de febrero de 2016

Cooperando en lo cotidiano

A veces la vida está llena de injusticias. Ante ellas podemos "cabrearnos", protestar, o bajar los brazos y rendirnos...Pero también podemos cooperar entre nosotros.
Hace unas semanas, una buena amiga de mi hijo, ante un cambio de trabajo de su padre y los consiguientes viajes que ello suponía, se veía abocada a abandonar la música. Nadie iba a poder llevarla a Málaga, tras el incumplimiento de la Junta de Andalucía (¿firmas, por favor?). No lo permitimos. Su horario coincide  en parte con el de mi hijo. Hay, pues, una plaza adjudicada para ella en nuestro coche. Sí o sí. No hay opción. Si las personas no nos ayudamos cuando la vida "achucha", ¿vamos a esperar a que un político nos resuelva la "papeleta"? ¿Cuántos niños deben abandonar sus sueños y renunciar a su talento porque para las instituciones no somos más que números, o mejor dicho, votos, en una campaña electoral?
Sin embargo no todos estamos preparados para cooperar y ayudarnos en lo cotidiano. Hace unos días, esperando a varios chavales para llevarlos a todos juntos a las clases de Málaga, observé en un coche aparcado a un par de estudiantes que debían hacer el mismo recorrido y a la misma hora, porque me sonaba su cara del conservatorio. Me acerqué para presentarme, ofrecer compartir desplazamientos e intercambiar teléfonos en caso de necesidad. Caras de rechazo y desconfianza. NO rotundo. Mejor seguir siendo unos completos desconocidos ¿Por qué ese miedo a ayudarnos? ¿Por qué nos cerramos al prójimo? ¿De verdad pensamos que sólo desde las Administraciones y desde los políticos se van a resolver nuestras dificultades?
Nuestros hijos estudian música en un pequeño conservatorio de nuestra comarca. Por una falta de eficacia al organizar el profesorado, sólo pueden hacerlo hasta los 14 años. Y con esa edad, se ven obligados a desplazarse 40 kilómetros de ida y otros 40 kilómetros de vuelta de 2 a 4 veces en semana. Muchas familias nos "cabreamos". Otras protestamos. Y gracias a ello, en mayo, logramos que la Junta de Andalucía nos hiciera caso y se extendieran en dos años los estudios musicales, para que ya con 16 años, los chavales pudieran compatibilizarlo con el bachillerato musical y desplazarse ya solos a Málaga con una edad más razonable. Pero ese compromiso lo hicieron en campaña electoral, y después no lo han cumplido. Todavía más cabreo, más protestas, y sobre todo muchas "bajadas de brazos". En concreto el 50% de los alumnos que se matricularon para seguir estudiando en la comarca este curso, tras la promesa de mayo de los políticos, se han visto obligados a abandonar sus estudios ante la imposibilidad de desplazarse a Málaga. Cristina, José Antonio, Ana, Isabel y un largo etcétera a lo largo de los años se han visto obligados a abandonar tras 6 años de estudios musicales, por la negligencia e inoperancia de nuestros políticos de la Junta de Andalucía. La razón puede ser económica para asumir esos desplazamientos. O puede ser de incompatibilidad con los horarios laborales de los padres. Pero sea cual sea la razón, sus talentos se convierten en sueños rotos. Y no podemos evitar pensar cuántos de ellos podrían haber seguido estudiando música, si las familias nos ayudáramos un poco más.
Por eso hemos pensado que es bueno seguir alzando la voz y exigiendo que se cumpla lo prometido. Y mucho más cuando es justo, necesario y sin coste. Pero en paralelo, es crucial que nos organicemos. Y por eso hemos creado un FORMULARIO para que, a quienes les coincidan días y horarios, puedan compartir desplazamientos, y nadie deba abandonar sus sueños por una pequeña falta de cooperación entre nosotros. ¿Te apetece cooperar en lo cotidiano? Ahorremos dinero, tiempo y conozcámosnos mejor. Dejemos de ser desconocidos.


jueves, 4 de febrero de 2016

Ojos que no ven

Cuando la salud falla, podemos sentirnos víctimas, o podemos observar lo que el cuerpo quiere decirnos. Reconozco que hasta hace pocos años yo fui muy ciego a lo que el mío me decía. Y nunca mejor dicho.
Desde muy pequeño, tuve un ojo vago. No sé si se debió al parto tan traumático que al parecer tuve, con fórceps y más de un hematoma cerebral incluido. Pero lo cierto es que con el ojo izquierdo apenas era capaz de atisbar luces y sombras. A fin de cuentas eran nada más y nada menos que 18 dioptrías. Sin embargo, cuando uno convive con alguna rareza, piensa que a todo el mundo le sucede lo mismo. Hacemos de nuestra realidad, la realidad universal. Y eso debí pensar yo: que todos vemos sólo con el ojo derecho. De ahí que fuera en una revisión rutinaria en el “cole”, con 4 o 5 años, cuando mi deficiencia salió a la luz. Yo no había dicho nada porque pensé que aquello era normal. Y además, para aquel entonces, ya había aprendido a sobrevivir y a manejarme con lo que tenía: un solo ojo y una visión monocular.
Eso ahora, bien superados los 40, he entendido que suponía que mis ojos no eran capaces de transmitir al cerebro la información necesaria para que éste generase el efecto “profundidad”, el famoso 3D. Y ello, sin saberlo durante toda mi vida, me ha supuesto adaptarme e interpretar mi realidad de forma algo distinta a como lo hacían los demás. ¿Cuál es entonces la realidad real? Las diferencias de colores y las sombras me ayudaban a intuir si una montaña estaba delante o detrás de otra en un bello paisaje. Y el ensayo y error, me ayudaba a calcular distancias. Aunque bien es cierto que siempre pensé que debía ser algo torpe, ya que se me caían las llaves cuando alguien me las lanzaba, era incapaz de cortar una loncha plana de queso o de jamón, y de vez en cuando tropezaba con objetos cercanos a mí. Ahora he descubierto que todo ello tenía una explicación.
Con 5 años, y tras algún que otro intento para que mi ojo vago espabilase mediante parches en el otro y gruesas gafas, los médicos aconsejaron a mi madre que me pusiera lentes de contacto a pesar de mi corta edad. ¡Y allí estaba yo, en 1977, siendo un pionero de las lentes de contacto con tan sólo 5 años! En un momento en el que las lentes sólo las usaban algunos artistas de cine, aprendí a ponérmelas y quitármelas, y de nuevo me adapté a la situación con total normalidad. Durante 25 años, las lentes fueron otro apéndice de mi cuerpo.
Con unos 25 años, en una revisión oftalmológica rutinaria, me detectaron un pequeño desgarro retiniano. Parece ser que un ojo tan miope como el mío funciona como un plástico del que extiendes al máximo sus extremos cada vez más: en un determinado momento, el plástico puede crear una fisura o una rotura. Puede pasar a los 5 minutos, o puede suceder a los 30 años. Pero tarde o temprano es fácil que ocurra. De inmediato me aplicaron láser, y el problema quedó zanjado en aquel momento. Aunque desde entonces, procuré asistir a revisiones médicas de mis ojos cada uno o dos años para prevenir. Con 28 ó 30 años, mis ojos empezaron a rechazar las lentes de contacto. Se habían cansado de estar con ellas casi 25 años, a una media de 14-15 horas diarias. Se irritaban y empezaban a escocer. Así que por primera vez, empecé a utilizar gafas.
En 2011, en una de esas revisiones anuales rutinarias, ya en nuestro último domicilio, el nuevo oftalmólogo detectó algo preocupante. "Degeneración pigmentaria en ambos ojos", fue su diagnóstico. Un diagnóstico que, acompañado de la solución que me proponían (30 ó 40 impactos de láser en cada ojo), y de la recomendación  de hacerme un TAC cerebral para descartar males mayores, me generó las mismas palpitaciones que se deben sentir al saltar de un puente. Y no sólo por lo preocupante que sonaba todo. ¿Podría perder también la visión en ese ojo? ¿Esa degeneración significaba que podría quedarme ciego? Recuerdo el enorme desasosiego que sentí volviendo de la consulta del oftalmólogo, pensado cómo explicar a mi mujer con tranquilidad y sin alarmismos algo que realmente me asustaba mucho.
Dado lo rutinaria que pensaba que iba a ser la consulta, había asistido solo, y recorrer los apenas 500 metros desde la consulta hasta el polideportivo donde estaban ella y los niños me resultó interminable. Caminé sin apenas visión tras la agresiva exploración ocular, la correspondiente dilatación pupilar, y la infinidad de pensamientos negativos que mi mente atisbaba. Ir rodeado de gente sin apenas poder verla, tanteando y tropezando con los obstáculos de la calle, y con el peor escenario en mente que podía derivarse de ese diagnóstico, hicieron de esos 5 minutos de recorrido un auténtico infierno. ¿Sería así mi futuro, sin ver a mi alrededor? ¿Era ésa una especie de premonición de lo que podía venir después? ¿Cómo iba a manejarme con 3 niños pequeños? ¿Y mi trabajo? Miles de preguntas y de preocupaciones afloraron en mi mente en esos 5 minutos. Y se me debió notar claramente en el rostro. Mi mujer, desde lejos, intuyó que algo malo había sucedido.
El diagnóstico había sino demoledor. Y no sólo por lo inesperado. Sino porque afectaba también a mi ojo “menos malo”, un super-ojo que había trabajado a destajo durante toda mi vida de estudiante y como profesional, y que quizás se podía estar también resintiendo, dispuesto a abandonarme. Pero como sucede en las grandes crisis, y en los grandes grandes de la vida, uno puede adoptar una actitud miedosa, retraída y victimista ante el problema en ciernes, o puede verlo como una enseñanza, como una oportunidad, o como una ocasión para el combate. Y yo, gracias también a mi mujer, decidí esto segundo. De inmediato pedí a ese mismo oftalmólogo que me aconsejase el mejor especialista en vítreo y retina que conociera para un segundo diagnóstico. No estaba dispuesto a aplicarme esos agresivos impactos de láser sin más. Y nada más llegar a casa estábamos llamando a Barcelona, para reservar cita. La semana siguiente estábamos volando a la ciudad condal para encarar de frente lo que mis ojos tuvieran que decirnos. Se acercaban unas semanas llenas de dolor, de miedo, pero también de milagros. Y cuando los milagros te tocan a ti, te ves obligado a abrir los ojos "de par en par" a lo que quieran decirte.
“Cada día que pasa, sea como sea, me encuentro mejor, o mi problema desaparece”. Esa fue la frase que a modo de mantra me repetía una y otra vez, y que se convirtió en un auténtico descubrimiento y en el acceso a una forma de entender la vida. Viví entonces el enorme poder que el pensamiento positivo y las afirmaciones pueden tener a la hora de crear la realidad. Creer es crear. Y mis problemas graves en los ojos, parecían querer "tirarme de las orejas". Algo debía ver, que no era capaz de ver. Y ya se sabe: "Ojos que no ven..." ¡¡corazón que espabila!!
(CONTINUARÁ)

jueves, 28 de enero de 2016

Direcciones opuestas

Hace cuatro años que creamos este blog. Quienes ven por primera vez su estética piensan, a veces, que estamos pensando en mudarnos a otro planeta. Sin embargo, el viaje que iniciamos ya hace más tiempo es más largo y palpitante que el de una simple mudanza de galaxia. Y nuestra propia experiencia personal nos está llevando en cada parcela de nuestras vidas a un periplo tan intenso como apasionante, para el cual no hay peajes, aduanas ni pasaportes. Como brújula sólo la consciencia.
Las distancias en esta travesía a veces son enormes, pero no se miden en kilómetros ni en millas. Y cuando alcanzamos una nueva estación o un nuevo puerto en esa odisea, por muy diferente o distante que sea de paradas anteriores, damos gracias por las anteriores etapas. Sin ellas, no habríamos llegado a donde estamos hoy, y ambas son parte del mismo planeta VIDA. Donde estamos hoy no es ni peor ni mejor que donde estábamos ayer. Cada puerto tiene su sentido y localización dentro de esta excursión vital que todos, con mayor o menor recorrido, vamos realizando desde nuestra niñez.
Hay gente que nos pregunta cómo podemos ser tan distintos de aquéllos que iniciamos ese viaje. Cierto es que ha tocado desaprender mucho. Otros nos  interrogan por el peso de la mochila, que parece cada vez menor. Pero sobre todo hay muchos que nos piden conclusiones sobre hacia dónde dirigimos nuestros pasos como humanidad. Difíciles preguntas para unos simples caminantes. Lo que sí es cierto, es que sin duda, y especialmente en los últimos años, en cada cruce de camino los viajeros parecen optar por dos direcciones claramente contrapuestas. Y no hay direcciones correctas o ganadoras. Sólo hay camino y evolución, aunque a unos nos lleve a un polo, y a otros al opuesto. ¿Hay un polo que suponga menos sufrimiento, más armonía y más paz? Sin duda. Pero eso no hace superiores a los que están en dicho polo, porque para llegar a él, probablemente tuvieron que recorrer antes el otro.
Eso es lo que nos ha sucedido en muchos viajes a nosotros. Así, en el viaje laboral, hubo un tiempo en que lo considerábamos un eje crucial de nuestra vida, entorno al cual giraba todo; hoy lo consideramos sólo un medio al que dedicarle un tiempo limitado, cada vez menor. En el periplo educativo, hubo un tiempo en que andábamos obsesionados por lograr las mejores condiciones para competir en el mercado laboral; hoy creemos que debe ser "sólo" un acompañamiento en el descubrimiento de los dones y talentos de cada uno y en el camino de la felicidad. Nuestro viaje del dinero también ha sido largo: antes quizás más centrados en "tener"; ahora vemos que a veces ese "tener" se convierte en obstáculo para "ser", con lo cual cada vez creemos más en el desapego, y curiosamente también el dinero fluye mejor. Para muchos, nuestro recorrido en la alimentación es quizás uno de nuestros viajes más llamativos: algunos fuimos carnívoros compulsivos, y ya desde hace muchos meses, sin estridencias ni fundamentalismos, hemos apartado los animales y el sufrimiento de nuestra dieta; nunca nos hemos sentido más sanos. También las noticias y los medios de comunicación han tenido su
recorrido: antes contrastando con muchos medios la información para encontrar una "verdad equidistante"; hoy creemos que la realidad no está en los telediarios, y a veces optamos por no informarnos y otras por localizar fuentes menos contaminadas. Ante la violencia de una masacre como la de Paris, antes quizás estuviéramos más cercanos al miedo, a la necesidad de acrecentar mecanismos de seguridad y defensa, y al "ojo por ojo"... pero hoy creemos en la necesidad de buscar reconciliaciones desde el origen de los conflictos. Igualmente la política ha tenido su recorrido en nuestras vidas: antes no veíamos alternativas a nuestra "partitocracia"; ya se sabe: "mejor malo conocido..."; pero hoy ya no tenemos miedo a recorrer otros territorios donde la cesión de soberanía del pueblo se ejecute de una forma muy distinta y con el ser humano como eje central. En nuestro viaje por la solidaridad, hubo momentos en que luchábamos contra las injusticias, cargándonos por oposición de la energía que las impulsa; quizás hoy preferimos dedicar las energías a construir otra realidad, preocupándonos menos por lo que caerá por sí mismo o por aquellos para los que la solidaridad es sólo una medalla más en su currículum.
En resumen: mil y un viajes, que nos han llevado en nuestro interior a recorrer años-luz de distancia, pero que no nos llevan a juzgar a quienes están en otras estaciones. ¿Qué dirección coger en cada cruce de caminos? ¿Hacia dónde va todo esto? ¿Vamos a mejor o a peor? Pregúntale a la brújula de tu consciencia y a tu tranquilidad interior. Son los mejores consejeros.

jueves, 21 de enero de 2016

Reveses de la vida

Ha sido una semana dura, muy dura. No sé si habrá sido por el dichoso "Blue Monday" que dicen que nos altera tras la cuesta de enero, la insuficiente luz solar o el clima invernal, pero la semana se las trae. Suele ser así cuando se juntan a la vez muchos retos. Y esta semana ha tenido unos pocos.
Como ya le sucedió a nuestro hijo mayor, ahora el segundo está en plena efervescencia pre-adolescente, y cerca ya de la frontera que separa al niño del joven adulto, no acaba de dar el salto de asumir sus pequeñas responsabilidades. Así, su mente le lleva a culpabilizar a todo y a todos de lo que él solito se busca, o de no alcanzar sus logros, precisamente por no querer dar ese salto. Son momentos de desconcierto para él, y de reacciones extremas y desairadas, que en su caso, se están prolongando. Pero a fin de cuentas, es un proceso al que no somos ajenos los adultos, ni mucho menos. Especialmente cuando predomina en nosotros el componente mental. En esos casos, si actuamos guiados por el ego, y la cosa se tuerce, nuestra mente ya se encargará de encontrar una razón o un culpable al que "encasquetar" el asunto.
Hace unos años, alguien muy cercano, teniendo a su madre moribunda, y bajo el mismo techo, le negó la mínima atención y cuidado que ya no un hijo, sino cualquier desconocido, le habría dado. Tuve la desgracia de toparme con el panorama, y me generó tales náuseas que no pude reprimir la rabia. No recuerdo nunca haber sentido ni exteriorizado tanto mi furia. Total: para nada. Todo estaba justificado en la defensa propia frente a la mala actitud y cerrazón de una madre que moría tres días después. ¡Menudas ofensas le habría afligido aquella mujer, para recibir esas últimas horas! No he vuelto a hablar con esa persona desde entonces.
Aquella experiencia aún colea en mi interior, aunque creo que ya estaría en condiciones de entablar una conversación con él, pasados varios años. Pero el aprendizaje ha quedado marcado a fuego en mí: actuar sólo bajo "nuestra" razón nos lleva al abismo, y a justificar lo injustificable. Y cuando alguien se rige por esos parámetros, no vale la pena dedicar energías y esfuerzos a argumentar, convencer o contrarrestar esa labor destructiva: mejor dedicar esas energías a construir, o a otra cosa.
Aquel acontecimiento de hace años, hace muy pequeño el proceso de mi hijo. Pero las sincronicidades y las caUsalidades han hecho que justo también esta semana, distintos proyectos solidarios en los que colaboramos, alejados geográficamente y sin conexión entre ellos, estén sufriendo duros ataques. Y lo que, quizás, deberían ser aplausos de reconocimiento a una labor solidaria, se han convertido en críticas, desprecio y negación por parte de dos o tres que antes impulsaban esa solidaridad. De nuevo la mente subida al escenario, sea para defender una forma de gestión, un enfoque de las cosas, o un modelo de actuación. Pero la defensa egoica de nuestro esquema nos lleva a machacar lo que sea, por muy loable que sean los fines solidarios, y muy identificados que estuviéramos hasta ayer con ellos. Gracias al suceso con aquella madre de hace tres años, esta semana no he saltado de aquella manera, y me he dedicado a seguir construyendo en lugar de luchar contra esa "razonada" destrucción.
Sin duda, estas situaciones resultan muy dolorosas, porque donde debería fluir buena energía y cariño para personas concretas, aflora el resquemor, la confabulación y el complot. De poco sirven las explicaciones, los argumentos y los intentos de apaciguar las aguas. Cada persona tiene su momento evolutivo y psicológico, sus picos y su valles, e incluso esos momentos de rabia y sinsentido quizás puedan tener su razón de ser en el proceso de cada uno.
¿Que si duele? Mucho. ¿Que resulta una injusticia? Sin duda. Pero también estas situaciones nos confrontan con nuestra propia actitud en el "hacer". Y quien busca el aplauso, teme al silencio tanto como al abucheo. Por eso, si esperamos un reconocimiento, una "palmadita" en la espalda. o un aplauso por nuestras acciones, es que quizás algo también fallaba ahí. Y esas actitudes tan hostiles y lamentables se convierten en grandes maestros. Cuando veo cómo disfruta mi hijo con su reciente condición de concertista en una joven orquesta, por el simple hecho de serlo, y qué poco le importa si les aplauden más o menos, más me convenzo de la importancia de amar lo que uno hace, y no actuar porque los demás nos aclamen.
Creo que somos simplemente cauces del enorme río de la vida. Y nuestra actitud debe ser simplemente eso: SER cauce. No esperar que nos aplaudan desde las orillas, ni que echen pétalos de rosas al agua. Ser la vía por la que discurra la vida, sin más. ¿Qué surgen obstáculos o caen rocas a ese río? El agua, la vida, se encarga por sí misma, de sortear esos escollos, y sigue fluyendo como si nada. Sin dar ni pedir explicaciones.
Un buen amigo, tras esta semana tan "movidita", nos recordaba hoy una bella imagen: cuanta más luz generemos con nuestro SER y con nuestro HACER, más polillas se nos acercarán. Y no se trata de evitarlas ni de luchar contra ellas. Debemos simplemente ser luz y dar luz. Esa es la misión.

viernes, 15 de enero de 2016

Gente normal, hazañas extraordinarias

A estas alturas no estamos para callarnos hazañas. Quizás porque vivimos un momento en el que parece que todos vamos contra todos, o cada uno a lo suyo. La apatía, la pesadumbre, el pesimismo y la incertidumbre parecen a veces devorarnos. Y por eso, los rayos de esperanza que nos permitan volver a creer en ésta nuestra especie humana son bienvenidos "como agua de mayo". Ante eso, ¿quiénes somos nosotros para callar?
Quizás estamos demasiado acostumbrados a las películas de Hollywood y a sus héroes de cartón-piedra. Pero las verdaderas hazañas las realizan gente como nosotros, conscientes de que "Uno a uno, todos somos mortales, pero juntos somos eternos"  (como reza el encabezamiento de la web de ADAPA) . Y cuando de verdad te crees algo así, pocas cosas pueden detenerte.
ADAPA surgió porque una pareja de amigos, hace unos años, volvieron impresionados de su viaje a Perú. Nos transmitieron su energía transformadora y su determinación "por hacer algo" en favor de aquellos chavales. Y de ahí surgió esta pequeña ONG. Desde entonces ha llovido mucho. Hemos organizado multitud de mercadillos solidarios en centros educativos, festivales musicales, charlas de concienciación, chocolatadas solidarias... Pero sobre todo, hemos tenido claro que lo que nos hace grandes como seres humanos es la capacidad de propagar la ilusión del otro y sus ganas de transformar este mundo hacia algo mejor. A veces con una simple llamada, a veces con un par de whatsapps, a veces con un desplazamiento en coche, a veces haciendo artesanía, o a veces cargando sacos de tapones . Da igual el "qué"; lo importante es el "cómo". Y nuestro "cómo" está lleno de ilusión y del convencimiento de que cuando nos llega una luz transformadora, sea de quien sea, no puede apagarse en nosotros y debe seguir luciendo. Y las últimas semanas han sido pródigas en ese tipo de hazañas:
Hemos podido respaldar a los dos comedores sociales de Vélez, conocedores de su enorme labor solidaria con tantas y tantas familias,  y como tras cada campaña de Navidad hemos podido aportarles 1.000€ recogidos en nuestra tradicional chocolatada y en algún acto más.
Nos hemos sentido muy "tocados" por historias familiares de dificultad y zozobra ante la discapacidad severa de algunos chavales de nuestra comarca, y hemos procurado facilitarles un poco la vida con pequeñas reformas en sus casas para adaptarlas a su realidad, como los casi 3.000€ a destinar a la familia de Samuel, con parálisis cerebral y esclerosis.
Hemos participado en grandes eventos desde la distancia. ¿Cómo? Aún no sabemos muy bien cómo (jajaja). Cuando Josepe nos propuso desde Madrid y sin conocernos, montar allí un gran evento solidario con famosos para recaudar fondos tras su reciente visita a Lesbos, la idea nos pareció descabellada, pero le dimos un "sí rotundo". Y tras ese "sí", hubo otros pequeños "síes" en la distancia que han permitido aportar desde ADAPA a esa tragedia de los refugiados nada más y nada menos que 10.697€ (9.420€ entonces y 1.277€ justo ahora). Poco después repetíamos experiencia en San Sebastián con Irati, en este caso para la ONG Salvamento Marítimo. 
Y de cierre, no hace mucho, nos visitaban desde lejos nuestros amigos Juan, Miren-Lu, Pablo y José Miguel. Éste último, como montañero profesional, había vivido en primera persona el terremoto de Nepal del pasado año, y venía muy "tocado". Había vivido lo mejor y lo peor del ser humano en las circunstancias más extremas. Pero, de nuevo, traía como en todos los ejemplos anteriores, una luz en su interior que ¿quiénes éramos nosotros para dejar que se apagase? Quizás fuimos pocos los que conocimos su historia en directo en su presentación pública. Pero realmente las hazañas no van de titulares de prensa ni de grandes  colas de gente. Van de contagios de ilusión, de energía y de buena vibración. Y eso, como las ondas de un estanque generadas por una piedra, ha provocado que de aquella pequeña luz que trajo Jose aquel día hayan partido para Nepal, donde justo ahora están Juan y Miren-Lu, nada menos que 10 tejados para casas derrumbada en aquel seísmos, a rehabilitar con los 3.700€ enviados "de aquí para allá". De 100 a 150 personas podrán guarecerse gracias a esta pequeña gran hazaña.
En las últimas semanas y con mayor o menor cuantía (¡eso es lo de menos!) la solidaridad de personas individuales ha ido tomando forma de hazaña aquí y allá, bajo el paraguas de una ONG, ADAPA, que no es de nadie, o mejor dicho: es de todo el que quiera volcarse en el prójimo y necesita un marco donde hacerlo. Y unas simples siglas, un anagrama y un viejo garaje donde amontonamos de todo (artesanía que hacemos y donaciones que nos hacen) obran el milagro de aunar fuerzas y esparcir ilusión. Un grupo de "amiguetes" normales hemos conseguido contagiar solidaridad y hemos logrado movilizar en estas semanas casi 19.000€ hacia gente normal que lo necesitaba. Es el momento de la gente normal haciendo cosas extraordinarias. ¿Nos lo vamos a callar? ;)

sábado, 9 de enero de 2016

Alzando el vuelo

Mi hijo mayor cumple en pocos días 15 años. Aún recuerdo como si fuera ayer cuando lo tuve en mis brazos recién salido del paritorio, mientras atendían a su madre. Fue una sensación inolvidable. Allí, con su enorme gorro y sus patucos, ese ser estaba llamado, de repente, a ser alguien muy importante en nuestras vidas, y sin embargo era un completo desconocido en ese momento. ¡Qué maravillosas contradicciones trae la vida! Pues bien, ese ser es ya todo un hombre. Y no lo digo ni mucho menos con nostalgia, sino con mucho orgullo. No sé si es que los jóvenes de hoy crecen más rápido que los de antes, pero desde luego percibo que mi hijo está entrando de lleno en el mundo de los adultos con tan corta edad.
Cuando a unos padres les preguntas cuál es su misión como tales, básicamente las respuestas suelen reconducirse a dos grandes grupos. Los que consideran que su cometido principal es proteger a sus hijos, y los que consideran que de lo que se trata es de conseguir que vuelen, y cuanto antes mejor. Reconozco que nosotros nos encontramos más bien en el segundo grupo. Y no porque no adoremos a nuestros retoños, sino porque creemos que ellos están perfectamente capacitados para esta vida, y lo único que necesitan es un acompañamiento y algún barniz de experiencia, pero poco más. Sin duda, además, nuestra identidad en esta vida no nos la proporciona el ser padres: somos mucho más. Y por ello espero que no suframos esos síndromes de nido vacío, o esas crisis de pareja cuando los hijos emprenden su propio camino, que tanto abundan, por desgracia en el primer grupo de padres.
En esa maduración hacia la edad adulta, creo que los tropiezos de la vida son los mejores maestros para nuestros hijos, y a veces pretendemos ahorrárselos todos. ¡Qué flaco favor les hacemos! Hace poco, mi hijo, con otros dos "amigotes", gastaban bromas pesadas a terceros, y al no medir bien las consecuencias se metieron en un lío que les podría haber acarreado incluso una denuncia en la policía. Fue un momento crítico en casa. Hubo lágrimas ante la inmensidad del abismo. Pero él debía salir solo del atolladero. Con nuestra acompañamiento, pero solo. Y eso incluía asumir la responsabilidad de sus actos. Las semanas siguientes parecieron años en su evolución como persona. Nos escribió mucho sobre lo sucedido, y recapacitó aún más. Y a veces queremos evitarles malos ratos, eliminarles los obstáculos, y allanarles el camino. O incluso inculcarles nuestras conclusiones tras años de experiencia, cuando las conclusiones son cosa de cada uno, y tras un proceso evolutivo.
Notamos que sus amigos, algunos incluso mayores que él, aprecian mucho su criterio y buen juicio. Ahora ha decidido desapegarse del mundo del fútbol, tras una etapa de "super-forofo" empedernido. Ha descubierto el concepto del "pan y circo", y ha optado por equilibrar su afición, lejos de las histerias y del negocio de masas.
También en unos días celebra un año con su novia. Efectivamente, precoz, como sus padres. ¡Poco le podíamos reprochar al respecto! Muchos nos preguntan nuestra opinión: acompañamiento, como no podía ser de otra forma. Ella puede ser alguien importante en su vida, o puede frustrarse la relación en cualquier momento. Y nuestro papel debe ser el equilibrio entre una amiga importante y la no generación de ataduras que les pueda condicionar en un futuro. Hasta la fecha, la plena compatibilidad de esa relación con los buenos resultados académicos e incluso con la posibilidad de viajar al extranjero, sin condicionantes ni cadenas, es el mejor termómetro para nosotros. Con sus errores. Con sus aciertos. Con sus picos. Con sus valles. Pero como la vida misma, ni más ni menos.
El haberse integrado como violinista en una joven orquesta de la provincia, sus primeros conciertos semi-profesionales, e incluso la gira que tienen programada para Rumanía en unos meses, también le está viniendo muy bien para entender el mundo, y lo que desde pequeño muchas veces le decíamos: "El que algo quiere, algo le cuesta". Y el verlo disfrutar con el sano esfuerzo que eso está representando para él, nos llena de satisfacción.
En el verano, muy probablemente, viajará a Estados Unidos a pasar allí un curso académico. Ha surgido la oportunidad, y él está siendo el principal impulsor de la misma. Así que nosotros a lo nuestro: acompañar. Sabiendo que se nos partirá "un poco" el corazón, y que lo echaremos de menos "un mucho". Pero que lo estamos preparando para vuelos así desde aquel día del gorro y los patucos. Cuando hemos compartido la noticia con otras personas, algunos nos han dicho lo de "yo no podría hacerlo". Y en unos casos esa respuesta puede ser por miedo a lo que pueda pasar; y en otros por amores que esclavizan... En nuestro caso, precisamente porque lo queremos tanto, hacemos este esfuerzo económico, pero sobre todo sentimental y de desapego. Como dice Fito: "Nunca se para de crecer, nunca se deja de morir".

martes, 29 de diciembre de 2015

Amor es Voluntad

Tengo 43 años. Llevo con la que hoy es mi mujer desde recién cumplidos los 15. Hasta hoy ha sido la única mujer en mi vida, tras 28 años juntos. Muchos nos preguntan cuál es el secreto. Pero no creo en recetas mágicas, ni soy quién para juzgar lo que otros hacen. Sólo puedo contar mi experiencia.
Cuando nos conocimos, yo era muy distinto. Era tan racional que había decidido que hasta que no hubiera acabado la carrera y tuviera mi vida profesional encarrilada, no me "echaría novia". Hoy me río "a carcajadas" de aquel plan. Ya se sabe: "la vida es eso que pasa, mientras tú estás con otros planes", como dijo Lennon. Y mis planes eran una auténtica tontería, comparado con lo que la vida me deparaba. Afortunadamente decidí cambiar de planes.
Aunque los dos somos de Málaga, nos conocimos en Inglaterra justo cuando teníamos que conocernos, ni antes ni después. Y tras un breve período de bellísima amistad, empecé a no poder dormir por ella. Jamás me había pasado algo así. Decidí hacer caso a los planes de la Vida, y dar la espalda a los míos.
Más de uno apostaba poco por nuestra relación: poco después yo me marchaba a Madrid a estudiar la carrera, y ella se marchaba a estudiar a Inglaterra, Francia y Canadá. Era momento de formarnos, pero ¿por qué debía afectar a nuestro amor? Nueve años de noviazgo en la distancia no sólo no lo debilitaron, sino que lo fortalecieron a base de centenares de cartas. No había whatsapp ni apenas internet: nos decíamos "te quiero" con 3 llamadas perdidas al teléfono fijo.
Por supuesto que hubo oportunidades para estar con otras personas. Y por supuesto que era una edad de hormonas disparadas. Pero decidimos estar juntos en la distancia, y eso reforzó nuestro amor.
Nos casamos muy jóvenes; yo con 24. Quizás una locura para alguno en los tiempos actuales. Disfrutamos de unos inolvidables años de recién casados, a pesar de no tener "ni un duro" y de las dificultades laborales del momento. Recuerdo incluso apuntar en una lista detrás de la puerta los chicles que comprábamos, para controlar el gasto. :)
Por fin todo parecía cuadrar. Tanta espera tenía su recompensa. Habíamos encontrado un grupo de grandes amigos, un pisito maravilloso en Madrid, y una vida que nos encantaba. Los planes cuadraban....  "¿Cómo?" Seguro que pensó la Vida. ¿Haciendo planes de nuevo? ¡Toma 7 cubos de planes! De forma inesperada, apuntaron a mi mujer a unas oposiciones "por probar", y sin prepararlas ni nada se presentó a ellas. Sacó la número 1. Eso suponía trabajar en Andalucía. Yo acababa de montar empresa en Madrid. Momento de zozobra y muchas dudas. Decidimos priorizar nuestro amor de nuevo en la distancia: dos años de idas y venidas en coche todos los fines de semana para vernos.
Decidimos tener hijos. No sin esfuerzo, decidí dejarlo todo y bajar a Andalucía para estar juntos. Travesía en el desierto laboral. Muchas "tortas" y poco reconocimiento. Buena terapia para el ego, y buen pegamento para la relación de pareja. Decidimos que los hijos no son quienes dan el sentido a la pareja. Que es la pareja la que da sentido a los hijos. Nosotros somos lo prioritario. Y si lo hacemos así, desparramaremos sobre ellos todo nuestro amor. Nunca hemos creído en las parejas que encontraban su sentido en los hijos, y que cuando éstos vuelan se desmoronan como castillo en la arena. Es algo que nuestros 3 "tesoros" saben bien desde pequeños, y que tienen muy interiorizado. Y están encantados con los resultados.
Después tocó otra dura prueba. La larga y dura enfermedad de mi madre se cruzaba también en nuestro camino. Momentos de fuerte tambaleo emocional. Nuevos momentos de toma de decisiones.
Día a día seguimos tomando decisiones. Cada vez más ligeros de otros equipajes. Y no hay duda de que hoy soy un ser muy distinto de aquel que inició esta relación hace casi 30 años ya. Doy gracias a aquél, ya que sin él no sería quien soy hoy. Pero sin duda, el amor por mi alma gemela me ha permitido construirme. Y ha sido así porque yo he decidido que así fuera, y me he lanzado al vacío confiando decenas de veces en ella, como también le ha sucedido a ella.
Hoy doy gracias por esas pequeñas decisiones que han ido reforzando nuestro amor. Decisiones que superan los miles de inconvenientes, obstáculos y dificultades que han jalonado nuestra sendas, y que hoy estoy seguro que han sido los verdaderos maestros del milagro que entre los dos hemos construido. Por eso me apena profundamente ver que muchos tiran la toalla ante el primer sinsabor o las primeras diferencias, cuando eso es lo que verdaderamente encierra la semilla de los milagros. En nuestro caso, sin duda, esa semilla es la voluntad.

viernes, 25 de diciembre de 2015

Cuento ¿de Navidad?

Erase una vez una niña que vivía en un país muy muy lejano. Con la inocencia de su corta edad, aún creía profundamente en la magia, y en la capacidad de crear su propia suerte. Sin embargo, poco a poco, empezaron a hablarle de lo mal que andaba el mundo. De que debía tener cuidado y desconfiar para que no le hicieran daño. De que debía estudiar para competir con los demás y conseguir un trabajo para toda la vida. De que había mucha gente mala y de que si compartía sus cosas, se quedaría sin nada... Le describieron un mundo de políticos corruptos, de empresarios mezquinos, de países en guerra y de estructuras  injustas. Y le animaron a "ir a lo suyo" para salir adelante en un mundo tan hostil.
Una noche se despertó llorando con las pesadillas de ese mundo que los adultos le describían y contra el que debía protegerse y luchar. Cerró sus ojos fuertemente y pidió que el mundo cambiara. Se lo imaginó en todos sus bellos detalles y esa fue la única forma de calmar su inquietud y volver a dormirse.
Al día siguiente se despertó sobresaltada. Tenía una corazonada. El sol entraba por la ventana como hacía meses que no recordaba. Bajó las escaleras, pero no había nadie en casa. Al principio se asustó, pero luego decidió darle una oportunidad a ese "nuevo mundo" que había pedido de madrugada, y que sentía que le había sido concedido. Encendió la "tele" para encontrar alguna pista. La primera imagen que vio le confirmó su corazonada: Un hombre había movido una montaña para acercar un hospital a su pueblo. Eso, sin duda, formaba parte de su deseo. Jamás había oído una proeza similar. Cambió de canal, por si había sido casualidad, y otra noticia la acabó de convencer: Otro hombre había plantado una selva para dar refugio a especies animales amenazadas. ¡Eso sí que formaba parte de ese mundo por el que había rogado tanto!
Volvió rápidamente a su habitación, cogió el primer chándal que pilló, y sin peinarse ni nada, decidió salir a la calle. ¡Necesitaba explorar esa nueva realidad!. Nada más salir, de nuevo le invadió la sorpresa: se escuchaba música en la calle, y gente riéndose y bromeando. Corrió en la dirección de las voces y vio a centenares de personas compartiendo en la calle principal del pueblo un suculento desayuno. Aprovechó y se llevó alguna galleta a la boca. Cerca, vio a otro grupo de vecinos, que cogían fruta y verdura de lo que parecía un gran huerto compartido. Avanzó unos metros y descubrió en una esquina un frigorífico donde los vecinos depositaban comida para las personas sin recursos. Le pareció una idea "alucinante". Cogió una manzana, y dejó una chocolatina de las que siempre llevaba en el bolsillo del chándal. Más adelante descubrió una tienda en la que no hacía falta dinero, y en un descampado observó a varios operarios acabando unas pequeñas casitas que luego le explicaron que eran para acoger a las personas sin hogar. A pesar de la sorpresa, continuó, y en la plaza se topó con un restaurante que ofrecía descuentos si comías con alguien con quien te llevaras mal, como gesto de reconciliación.  ¡Estaba alucinada! 
Se montó en el primer autobús que vio para hacer un recorrido más amplio y conocer qué mas novedades había. Le sorprendió ver que transcurridos unos minutos, los pasajeros se agolpaban en las ventanillas del lado izquierdo para saludar a una ancianita que siempre saludaba a sus viajeros al paso del vehículo. Por uno  de los barrios por los que pasaron vio un montón de gente agolpada cantando villancicos y celebrando la Navidad. ¡Pero si era octubre! ¿Qué hacían? ¿Se habían vuelto locos? El conductor del autobús le explicó que  un chaval del barrio estaba muy enfermo, y habían adelantado por él las celebraciones de Navidad, por si su enfermedad no le permitía disfrutarlas. Le pareció que un gesto así sí que daba sentido a la Navidad.
Se bajó del autobús muy cerca de la playa, donde contempló extasiada a un niño corriendo con su cometa. En una papelera encontró un periódico usado que sobresalía, y aunque aún le costaba leer bien, pudo entender algunas noticias que la dejaron perpleja. ¡Siempre le habían dicho que las buenas noticias no eran noticias! ¿Quizás por eso sólo se escuchaban desastres y peleas por todos lados? En el apartado de sociedad pudo leer pequeñas grandes historias: Una pareja que donaba la mayor parte de su sueldo porque no necesitaban realmente el resto. Otra pareja que alimentaba a cientos de personas todos los días gratis, como forma de honrar a su hijo fallecido. Un señor que preparaba comida de acción de gracias para 84 personas tras anunciarlo en la prensa. Una pareja que invitaba a su boda a 4.000 extranjeros. Una estudiante que lograba continuar estudiando gracias al apoyo de cientos de personas anónimas. Un modesto sastre que arreglaba ropa para los pobres en plena calle. Un abuelo que había creado farmacias sociales para atender a las personas que no podían pagar los medicamentos. E incluso un científico que había inventado una incubadora por piezas para países sin recursos... No salía de su asombro...
Cerró el periódico. Ya no necesitaba más evidencias. Su sueño se había hecho realidad. Y fue en ese momento cuando lo entendió todo. No era un sueño ni obra de magia o de algún milagro. Toda esa realidad que esa mañana había entrado "a borbotones" por sus ojos existía ya en su día a día. Pero el panorama tan sombrío que le describían todos los que le rodeaban, le había llevado a ver siempre el vaso medio vacío. Y entendió que CREER ES CREAR. Y que el mundo que vemos depende muchísimo de nuestra decisión respecto a cómo vivirlo. Y en ese momento tomó una decisión muy sencilla: vivir "su mundo".

martes, 15 de diciembre de 2015

Nuestro voto

Hablar de a quién vas a votar, según en qué entornos, suele resultar casi tan incómodo como hablar de tu vida sexual. Quien haya leído este blog desde hace años quizás tenga ya algunas pistas de lo que vamos a votar este domingo. A fin de cuentas, hemos abierto al mundo nuestra forma de ver la vida, y el acudir a las urnas debería ser una continuidad de ello. ¿O no?
Sin duda, vamos a ir a votar con más ilusión que otras veces, porque sentimos aires nuevos respecto a lo que hemos conocido hasta ahora. Hemos tenido la ocasión de conocer y bregar en primera persona con concejales, alcaldes y delegados provinciales. También tuvimos ocasión de conocer en primera persona a la reciente alcaldesa de Madrid hace más de 20 años, en aquel entonces en un compromiso compartido en favor de los derechos penitenciarios, y tenemos claro el tipo de personas que preferimos en política. Sin duda, no la de los partidos que han gobernado siempre en nuestra ciudad, en Andalucía y en España. Hemos sufrido en nuestras carnes una concepción de la política en la que nuestros problemas se usan como arma electoral, en lugar de volcarse en su resolución.
Vaya por delante que ningún partido puede hoy por hoy aglutinar nuestras preferencias al 100%, ya que por la propia dinámica electoral y de la lucha partidaria, entran en actuaciones que nos dan urticaria. Pero hay alguno que se acerca más a nuestra forma de ver la realidad, y nuestro voto no va a ser "contra" nada ni "contra" nadie, sino "a favor de" a qué nos gustaría dedicar nuestras energías:
  • Nos gustaría votar a favor de principios, más que de ideologías: nunca hemos entendido el voto esclavo a "mi" partido o a "mi" ideología, aunque estuviesen haciendo lo peor de lo peor. Las ideologías sirven para dividirnos en derechas e izquierdas, más que para unirnos en una dirección. Y ya se sabe: "divide y vencerás".
  • Nos gustaría votar a favor de mayorías minoritarias: no hay nada más sano que los distintos tengan que dialogar para ponerse de acuerdo. ¡Ojalá que a quien votemos nunca logre mayoría absoluta!
  • Nos gustaría votar a favor de personas que no hayan vivido de la política, y que se limiten los ingresos de la política, e incluso los compartan. Y también a favor de los que buscan que quienes les apoyan les financien, en lugar de dilapidar en carteles y folletos los presupuestos públicos.
  • Nos gustaría votar a favor de una política sin fronteras, o con las menores fronteras posibles. Y a favor de quienes den respuesta digna y no como ganado al problema de los refugiados, sabiendo que nosotros también lo fuimos, y que somos seres humanos en distintas circunstancias.
  • Nos gustaría votar a favor de la paz, en lugar del "ojo por ojo".
  • Nos gustaría votar a favor de los puentes, del entendimiento y de los consensos, y no de la crispación, del insulto o la descalificación, o del "y tú más" que tanto predomina en nuestra política.
  • Nos gustaría votar a favor de actuaciones por la igualdad, aunque ello suponga que se reduzcan en concreto nuestros privilegios o los beneficios que puedan tener actualmente nuestras creencias. Somos conscientes de que quizás ello suponga desaprender lo aprendido y entender de verdad que el verdadero cambio empieza por uno mismo.
  • Nos gustaría votar a favor de una revolución y un cambio de las estructuras, más que de un mantenimiento del "status quo", aunque éste nos beneficie personalmente.
  • Nos gustaría votar a favor de un modelo distinto de educación, donde prime más la búsqueda de la felicidad de los niños y futuros adultos, que la búsqueda de un puesto de trabajo.
  • Nos gustaría votar a favor de quienes entiendan mejor que las estructuras están al servicio de la persona, y no para "aborregarnos".
  • Nos gustaría votar a favor de quienes apuesten por un planeta que no está a nuestro servicio para usarlo y abusar de él, sino del que formamos una pequeñísima parte.
  • Nos gustaría votar a favor de los que estén dispuestos a probar experimentos y laboratorios de vida, que nos hagan vislumbrar que existe algo más que esto que vivimos.
  • Nos gustaría votar a favor de quienes estén a priori más dispuestos a plantar cara a los poderosos y las multinacionales en sus injusticias. También a favor de nuevos esquemas financieros, aunque luego no consigan el 100% de sus propósitos. Especialmente importante será saber distinguir bien entre lo justo y lo legal.
  • -Nos gustaría votar a favor de quienes no temen dar la voz a la gente, en lugar de darles mordaza.
  • -Nos gustaría votar a favor de quienes se planteen que quizás nos toca a todos vivir con menos sin ser menos, frente al mantra del "crecimiento, crecimiento" de unos a costa de otros.
  • -Nos gustaría votar a favor de quienes sean más sordos a las advertencias sobre lo imposible.
  • -Nos gustaría votar a favor del corazón, más que del bolsillo, del estado del "bienser" más que del "bienestar", y de una vida que no sea sólo trabajo y producción para tener más.
  • -Nos gustaría votar a favor de las utopías, más que del miedo


Quizás muchos coincidamos en votar a favor de estos principios, y  votemos al final por colores distintos. No pasa nada. No pretendemos convencer a nadie. Y votes lo que votes tendrá su sentido. A fin de cuentas es más importante ser feliz que tener razón. Y si el que hemos elegido nos falla en estos principios, no vacilaremos en votar a otros en las próximas elecciones. De todas formas, por muchas urnas que nos pongan delante, siempre deberemos saber diferenciar entre Democracia y Libertad. Pero si todos los partidos, algún día, trabajan en favor de estos principios, quizás mucho habrá cambiado entonces. 


domingo, 6 de diciembre de 2015

Nuestra Casa de Acogida Pepe Bravo

Tenemos 3 hijos de 14, 13 y 10 años. Son nuestro principal proyecto en la vida, aunque bien sabemos que están destinados a volar. Y cuanto mejor equipados estén para ese viaje, mejor para ellos. Pero en su equipaje es importante que lleven clara una hoja de ruta, un buen mapa que les guíe por los, a veces, complicados caminos de la vida. Y si se pierden, la ruta debe ser clara: UN MUNDO MEJOR.
Por eso, aparte de matemáticas, música o natación, nuestros hijos deben aprender el sentido de la vida. Y por desgracia eso no se aprende en la escuela, ni tampoco te lo cuentan cuando logras tu primer trabajo. 
Más bien al contrario: te suelen entregar un mapa que te lleva a dar vueltas y vueltas hasta perderte. Esa es la razón por la que, desde hace años, decidimos que en casa se viviera en primera persona la experiencia de personas que están luchando de forma decidida por ese MUNDO MEJOR. Y en esa búsqueda nos encontramos con una piedra preciosa: la Casa de Acogida Pepe Bravo, de Alozaina (Málaga). 
Si te dicen de entrada que es una antigua fábrica y que el empresario en lugar de "forrarse" con su venta, dedicó años con su familia a acondicionarla como casa de acogida, ahí huele a "mundo mejor". Si luego vas y descubres que hay personas como Mariló o Nacha que lo han dejado todo por dar una segunda oportunidad a personas excluidas, ese olor a "mundo mejor" se hace más intenso. Pero cuando te involucras en el proyecto y descubres que hay magia por todas sus esquinas, entonces la enseñanza para tus hijos no puede ser más clara: "si todos apostáramos por sitios así, sin duda tendríamos UN MUNDO MEJOR".
Por eso decidimos hacernos UNO con la Casa de Acogida. Hay pocos sitios en los que, de forma tan clara, se vislumbre esa hoja de ruta. Y aunque nos "pilla" a más de una hora de casa, cuando te sientes UNO con alguien, las distancias no son problema. Y desde entonces hemos colaborado como hemos podido: difundiendo en las redes sociales, participando en su campaña de crowdfunding, echando una mano en algún que otro evento solidario...
Ya hace 4 ó 5 años que colaboramos con ellos. Y la magia no ha dejado de manifestarse. Hemos conocido personas que han salido del pozo sin fondo de los intentos de suicidio y tienen su vida normalizada. Hemos entablado amistad con gente hundida emocional y físicamente, que hoy disfrutan de un presente, y sobre todo de un futuro. Hemos visto sueños hechos realidad, como ese deshidratador solar industrial, conseguido por las aportaciones de centenares de personas vía crowdfunding, y que hoy genera recursos para la Casa. Hemos visto cómo un almacén de trastos viejos se convertía en un precioso restaurante solidario gracias a las donaciones de hoteles y restaurantes. Y hemos visto que personas reconocidas que apuestan por la apertura consciencial, veían en la Casa un lugar idóneo para sus encuentros y sus enseñanzas en favor de ese mundo mejor (Emilio Carrillo, Suzanne Powell, Avihay, Julio Simó, Enric Corberá...). Y nos hemos sentido muy acogidos para aportar nuestro grano de arena en aquello que fuera mejorable, y colaborar en los frentes que siempre un proyecto de esa envergadura es lógico que tenga.
Hemos visto también que la magia existe en los libros de contabilidad, porque aún no nos explicamos cómo han podido tener aquí una segunda oportunidad tantas personas, con tan pocos ingresos y con tan escaso apoyo de la Administración. Por eso decidimos también apoyar económicamente el proyecto y hacernos socios hace meses: por ser parte activa de esa magia. Y estamos encantados. En ningún sitio hemos conocido tan de primera mano el fin solidario y transformador al que se destina nuestro dinero. Por eso te animamos a que, incluso con una cantidad simbólica, también te unas a esa magia. Los polvos mágicos están formados de infinidad de pequeñas partículas.
Nuestros hijos se hacen grandes más rápidamente de lo que nos damos cuenta. Y antes de lo que nos demos cuenta, volarán. Esa es nuestra misión. Y en alguno de esos cruces de camino de la vida, deberán decidir. Y quizás recuerden lo vivido con la Casa de Acogida Pepe Bravo. Y entonces tendrán clara la ruta a escoger: UN MUNDO MEJOR.

viernes, 20 de noviembre de 2015

Mi guerra

Llevo varios meses con profunda desazón interior. Me noto tenso e irascible. Salto con más facilidad de lo normal, y ante el más mínimo contratiempo. Y por suerte o por desgracia, soy muy consciente de ello, aunque realmente me cuesta salir de la espiral en la que me encuentro ahora. Reconozco que me genera inquietud porque últimamente había encontrado un equilibrio que me causaba cierto placer interior. Probablemente me aferré a la etiqueta de bienestar que ello me generaba, y me gusta menos la etiqueta de esta etapa. Quizás necesitaba practicar el noble arte de la aceptación, del que sin duda, aún ando muy alejado.

¿Por qué esa inquietud? Porque me encuentro en guerra. Y la guerra no va sólo de bombardeos, de ejércitos, de venganza, de sangre, de dolor, de lágrimas, de destrucción... Todo eso es posterior y externo. La guerra empieza antes, mucho antes. Cuando nuestro interior reacciona frente a la afrenta y frente a la injusticia. Cuando nos llenamos de razón frente a la razón del contrario. Cuando pensamos que es necesario dar una respuesta contundente para reforzar nuestra postura o evitar que la liquiden. En mi caso se han sucedido distintas afrentas o injusticias que, seguro que para otras personas serán absurdas, pero que parecen haber despertado mi fiera interior, ésa que todos tenemos. Y absurdas o no, han activado mi guerra.

Por un lado la indignación ante la evolución del conflicto de los refugiados y las distintas manipulaciones sobre ese problema empezaron a "calentarme". Necesitaba informarme bien para ello. Y ver las noticias no es muy recomendable en estos tiempos si quieres mantener una cordura interior. Eso se mezcló con un asunto educativo: el "ninguneo" que estamos sufriendo por parte de los políticos ante el compromiso tan explícito, concreto y público que les arrancamos hace 6 meses sobre la educación musical en nuestra comarca, y que ahora incumplen. Si en algo tan pequeño se actúa de forma tan flagrante, ¿cómo no se actuará en los grandes asuntos con tantos intereses y dinero de por medio? La injusticia activó mi inconformismo y mi actitud de denuncia, sabiendo que si lo dejo pasar, una vez que estaba ya conseguido, muchos niños se verán perjudicados. La consecuencia: muchas personas jaleando esta "guerra justa", y yo por medio. Todo ello se ha mezclado con personas tóxicas que, con buena intención o con la peor de ellas, ponen en peligro proyectos solidarios en los que llevamos trabajando mucho tiempo, o influencian peligrosamente los valores de mis hijos. Eso, aderezado con decenas de pequeñas circunstancias cotidianas de tensión, de prisas, de idas y venidas y de agobios crean un caldo de cultivo idóneo para mi guerra interior. No he parado de luchar estos meses, y me siento exhausto y en desequilibrio interior. Y lo he hecho con lo que yo creía que era la fuerza de la razón. Pero las pequeñas victorias que cualquier guerra genera no dan alegría ni paz .

El viernes pasado saltaba otra guerra a las pantallas de todos los hogares del mundo. La mecha prendió en Paris, aunque sin duda esa guerra ya habitaba también en el interior de muchos hombres desde lugares lejanos. Hombres catapultados a la inmolación más vil en base a sus razones: torturas, invasiones, desprecios, abusos, religión...Y según su lógica endemoniada, ahora tocaba devolver la afrenta. Y tras su respuesta, Occidente lanza ahora también su "ojo por ojo", quizás hasta que todos nos quedemos ciegos. Y mientras la espiral bélica crece y crece, esa guerra interior que antecede y se afianza en cualquier guerra, se difunde por todos los confines. Todos tenemos opiniones al respecto. Todos tenemos razón en algo, y nos equivocamos en algo. Porque, a fin de cuentas, ¿quién tiene LA VERDAD? Cuando suceden acontecimientos tan graves, el miedo, la sed de venganza y los instintos más básicos se extienden como la pólvora. En pocos días son muchos los ejemplos que personalmente he vivido: desde aquel contacto de facebook que me reprocha la solidaridad con los franceses porque cree que esa solidaridad está mercantilizada; hasta aquella profesora de uno de mis hijos que condena un simple "Pray for Paris" en la pizarra porque considera que lo de París fue auto-provocado; hasta aquellos amigos que ridiculizan mis pronunciamientos por la paz en las redes sociales abogando por respuestas contundentes frente al agresor; hasta el propio miedo que mis propios hijos expresan de que algo así pueda suceder aquí, con la psicosis colectiva de constantes alarmas falsas de ataques yihadistas que empiezan a difundirse por todos lados....

Las bombas, las inmolaciones, los atentados y el derramamiento de sangre siempre empiezan con una guerra interior. A veces con temas tan absurdos e insignificantes como los que me atormentan a mí personalmente en los últimos meses. A veces con una disputa por agua, por unas lindes, por la religión, por cuestiones tribales, por protagonismos... Pero el ego de cada uno se va hinchando de razón, hasta que estalla salpicando a todos. Por eso quiero parar mi guerra. No significa con ello que me rinda. Pero quizás me toca equilibrar mi inconformismo con la aceptación de los resultados de algunas injusticias como parte de mi propia evolución y aprendizaje, y no aferrarme al resultado que yo considere que debería lograrse.

La clave está en el equilibrio. Dijo Einstein, que tuvo que emigrar a EEUU ante la amenaza de la locura nazi, contemplando que había países que se declaraban neutrales mientras otros perdían millones de vidas en la contienda mundial, que "La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa". Quizás no se trate de sentarse en una actitud pasiva, insensible o inconmovible. Pero quizás tampoco se trate de avivar los demonios que todos tenemos dentro. Decía Thich Nhat Hanh: "Cultiva tu propio poder interno. Respeta la vida de los demás y de todo lo que existe en el mundo. No trates de forzar, manipular y controlar a los otros. Conviértete en tu propio maestro y deja a los demás ser lo que son o lo que tienen capacidad de ser." 

Hace un rato he leído lo que el marido de una de las víctimas de los atentados del viernes en París ha escrito: "...Así que yo no les daré el regalo de odiarlos. Ustedes lo están buscando, pero responder al odio con la cólera sería ceder a la misma ignorancia que hace de ustedes lo que ustedes son. Ustedes quieren que yo tenga miedo, que mire a mis conciudadanos con ojos desconfiados, que sacrifique mi libertad por la seguridad. Perdieron. Sigo siendo el mismo de antes. (...)Por supuesto que estoy devastado por el dolor, les concedo esa pequeña victoria, pero ésta será de corta duración. Sé que ella nos acompañará cada día y que nos volveremos a encontrar en ese paraíso de almas libres al que ustedes jamás tendrán acceso. (...), Tengo que volver con Melvil que ya ha despertado de su siesta. Tiene apenas 17 meses de edad. Va a comer su merienda como todos los días. Después vamos a jugar como siempre. Y, toda su vida, este pequeño les hará frente siendo feliz y libre. Porque no, ustedes no obtendrán su odio." Impresionante victoria la de Antonine Leiris frente a su gigantesca guerra interior. Enorme aprendizaje para las nuestras.

domingo, 15 de noviembre de 2015

Lotería

Sin duda este es otro tema en el que somos "raros" en casa. O al menos muy minoritarios. Y especialmente en esta época en que se forman "corrillos" en los trabajos y en las cafeterías para repartirse los décimos de lotería con vistas al Gordo de Navidad. Hubo un tiempo en que compré alguna participación o puntualmente alguna quiniela. Pero éste es un asunto en el que desde hace años hemos querido poner también un poco de consciencia.
La lotería, como otras tantas cuestiones, es una auténtica historia mental, que nos hemos creado de forma colectiva y mayoritaria. No en vano, es una de las grandes "joyas de la corona" de Hacienda para recaudar fondos. Sin embargo, si lo pensamos detenidamente, no deja de ser una zanahoria que apela a nuestros instintos más primarios: el "forrarse" rápido y sin esfuerzo. Y no sólo eso: se convierte en la varita mágica que convierte vidas desdichadas en el paraíso. El dinero, de nuevo, como centro de nuestra existencia. Y toda la sociedad, de forma masiva, dedicando sus energías, sus anhelos, y sus esperanzas en convertirse en "los elegidos" por la diosa fortuna.
Creamos lo que creemos. Y si nos apegamos a que la felicidad es eso, el "batacazo" cuando no se hace realidad es monumental. A fin de cuentas hemos puesto nuestras esperanzas, hemos pagado el "precio", y el destino nos da la espalda. El sinsentido. Y más aún cuando muchos participan porque lo hacen los demás, y para no quedarse fuera de juego: "si toca en mi oficina y no compro, sería el "hazmereir" de todos".
Que el Estado fomente esos instintos tan básicos del "forrarse" o de "el dinero es la felicidad", demuestra los principios que nos rigen. Y cuando se emplean argumentos publicitarios como los del anuncio del año pasado, todavía más. Con un marketing impecable, se nos vendía una historia lacrimógena de un desdichado que no había comprado su décimo donde siempre, y esta vez sí había tocado. Su amigo, el dueño del bar donde se vendió, en lugar de quedarse el décimo, se lo reserva, y le entrega en un sobre rojo: la felicidad plena. Parece una bella historia de solidaridad, pero en realidad pretende sólo que compremos más lotería (como así sucedió) y recaudar más para el Estado (como también sucedió). ¿Qué pasaría si, esa solidaridad, en vez de dedicarla en comprarnos décimos de lotería unos a otros (que nunca tocan), se dedicase a ayudarnos de verdad los unos a los otros, aunque fuera con ese mismo dinero? Seguro que todos sabemos de familias o casos que lo necesitan. Esa sí sería una bella historia de solidaridad y sin una intención mercantilista de fondo. Veremos qué depara el anuncio de este año...
Pero sin hay un apartado donde el tema de la lotería se convierte en inaceptable para mí, es cuando se utiliza para conseguir fondos para campañas solidarias. Es decir, las ONGs, asociaciones y entidades sin ánimo de lucro, para recaudar fondos y contribuir a la sociedad, se convierten en vendedores ambulantes de lotería, y venden décimos de lotería a 20€ para conseguir 2 ó 3€ para el fin solidario en cuestión. ¡Como si no hubiera otras vías para ello! Y lo más triste es lo que subyace a ese acto. Ya que no consigo que colabores con mi fin solidario, mercantilizo la cuestión, y te vendo la esperanza de que te "forres". A eso seguro que estás dispuesto/a. Así consigo fondos para el fin solidario, aunque sea utilizando medios que apelan a instintos poco solidarios"
Dicen que la vida es una tómbola. También que es una lotería. Yo creo más bien que es un río, con sus obstáculos y dificultades. Cada recodo con un aprendizaje o un recuerdo de la verdad. Pero lo importante es fluir y avanzar, sin atajos ni esperanzas trucadas.

jueves, 5 de noviembre de 2015

Los milagros son cosa de locos

Cuando una locura llama a tu puerta, ábrela "de par en par", especialmente si la locura va de cambiar el mundo. No soy muy amigos de normas, pero ésa es de obligado cumplimiento. 
Hace unos días una locura "muy gorda" llamó a mi puerta. Un amigo de un amigo me llamaba desde Madrid para proponerme una insensatez. Josepe es un empresario de éxito en el ámbito de la formación y el coaching, y había oído hablar de él, aunque no nos conocíamos personalmente. En el mes de septiembre, a raíz de las desgarradoras imágenes de los refugiados decidió dar el paso: no bastaba ser activista pro-refugiados en facebook; debía involucrarse activamente. Se lo dijo a su mujer y a sus dos hijos de 7 y 9 años, reservó un vuelo, y se fue a la isla de Lesbos a conocer in situ el problema y ofrecer sus manos para lo que hiciera falta. Su locura se incrementó exponencialmente con la experiencia. Y cuando eso sucede, la marcha atrás es harto complicada. A la vuelta, decidió montar un gran evento pro-refugiados en Madrid, e involucrar en él a primeras figuras y personajes famosos. Pero él no tenía experiencia en ONGs, ni en cómo gestionar fondos solidarios. Comentó su inquietud con Miguel Ángel, otro "loco", y éste le dio mi nombre. Cosas de locos. Y con esas me llamaba para, en 5 días, montar un evento de primer orden en Madrid, donde nuestra pequeña ONG ADAPA pondría el nombre, la gestión de los fondos y toda la tramitación burocrática correspondiente hasta que los fondos llegasen a Lesbos. Me pareció de tal calibre la locura que le dí un "SÍ" rotundo sin dudarlo. ¿Quién era yo para detener la circulación de una bella locura así, cuando ni su carrera profesional, ni su esposa, ni sus hijos habían parado su empuje solidario? ¡Había que dar curso a esa energía transformadora!


Cuando le colgué, pensé en cómo convencer a mis compañeros de ONG. La verdad es que algo "locos" deben estar también, porque no me costó mucho vencer las lógicas dudas. A fin de cuentas, una ONG no es más que una carcasa, un paraguas bajo el que auspiciar iniciativas destinadas a cambiar el mundo para mejor. No es ni tuya ni mía. Le pasa como a las ideas: no son de nadie, y simplemente están en nuestras manos o en nuestras mentes como vehículos para circular y mejorar nuestras vidas.
Nos pusimos en marcha: logotipos, apertura de una nueva cuenta, creación de una cuenta paypal, landing page, difusión, facebook, twitter...Nuestra parte estuvo "chupada" comparada con la de Josepe, que convenció nada más y nada menos que a Mario Alonso Puig, Anne Igartiburu, Javier Iriondo, Antonio Garrigues Walker, Joaquina Fernández, el capitán de la selección española de basket Felipe Reyes, Sergio Fernández, Ramiro Calle y Ovidio Peñalver. Las entradas para el evento y las donaciones por fila cero empezaron a colapsar los servidores y nuestro correo electrónico. La locura se iba contagiando. Daba igual si los asistentes pagaban por ver a un personaje famoso, o si lo hacían por pura solidaridad para apoyar la lamentable situación de los refugiados. A fin de cuentas, como dijo en el evento Mario Alonso Puig "lo distinto no deberíamos sentirlo distante". Por eso la energía de esa locura se fue contagiando y extendiendo hasta emocionar a los asistentes y a los que no pudieron ir. En sólo 5 días se recaudaron nada más y nada menos que 9.000€ para los refugiados de Lesbos. Aún siguen llegando aportaciones, una vez finalizado el evento
Según nos cuenta Josepe, para los voluntarios de la StarFish Foundation que reciben a los miles de refugiados a pie de playa en Molyvos, organizando comidas, abrigo y tiendas de campaña, cualquier ayuda extra se convierte en un milagro. Pero los milagros no caen del cielo. Hace tiempo que dejé de creer en una providencia externa a nosotros o en ese "dios proveerá". La providencia eres tú, soy yo, somos nosotros, creyendo en nuestras posibilidades, en crear una realidad, en no limitarnos por nada, en manifestar nuestros dones y talentos...Quizás no abunden los milagros porque sólo los hacen los que actúan de esa forma. Se les llama "locos", pero sólo porque son minoría.
Los milagros los hacen los locos que no ven límites donde los demás sí. Pero cuidado: dicen que la locura es contagiosa. Por eso los locos deberían llevar un cartel en la espalda: para procurar acercarnos a ellos, y que se nos pegue su "demencia". Yo es lo que hago. Cada vez que puedo, me pego a locos maravillosos como Xavi, Laura, Luije, Mariló, Nacha...Locos que apuestan por hacer de un mundo bueno, un mundo mejor. Bienvenida locura. Bienvenidos milagros.