jueves, 23 de junio de 2016

Patreon: otra locura nuestra sin marcha atrás

No hay nada más "peligroso" que una locura hecha realidad. Bueno sí: un imposible hecho posible. Quizás ni lo uno era una locura ni lo otro un imposible. Quizás resulta simplemente que algunos nos hemos vuelto sordos a las advertencias ajenas de cordura. Es entonces cuando te vuelves adicto a esa deliciosa sordera. Y afortunadamente, desaparece la  marcha atrás.
¿Cómo dar marcha atrás cuando reduces sueldo y horario, y la vida te recompensa con libertad, disfrute de tus dones e incluso más capacidad de ahorro? ¿Cómo dar marcha atrás cuando inesperadamente publicamos un libro en familia y se vuelve un éxito, sin buscarlo ni quererlo? ¿Cómo va a haber marcha atrás si la prensa, la radio y la televisión se vuelcan en conocer ese mundo diferente para vivir, cuando pensábamos que estábamos solos en esa búsqueda? ¿Cómo podrías dejarlo, si te tiras al vacío del "deja lo que puedas, coge lo que necesitas" y la magia de la conciencia hace que la solidaridad se triplique incluso en euros contantes y sonantes? Sería una irresponsabilidad parar. Por eso sabemos que es una senda de no-retorno, cuyo final es impredecible. Pero el final es lo de menos. Esto va de caminos, no de metas.
Dice nuestro gran amigo Xavi, con razón, que hay tres males que nos aquejan como especie humana: la inercia que nos hace creer que la vida funciona siempre de la misma forma y para todos igual; la ceguera de pensar que sólo es real y posible lo que alcanza a ver nuestra miope visión de la realidad; y la esclavitud, que nos ata a los mismos hábitos, a los mismos círculos, a los mismos errores, y a las mismas decisiones de siempre. En estas últimas semanas bastantes personas nos han expresado que nuestro don como familia, va precisamente de eso: de evolucionar frente a esa inercia, de superar esa ceguera, de liberarnos de algunos grilletes, y de tener capacidad para compartir y difundir nuestro proceso.
No sabemos si efectivamente será ése nuestro don, pero lo cierto es que sí es ése el camino que hemos emprendido. Y por suerte, cada vez hay más posibilidades de explorar y hacer fructificar posibles dones y talentos, como ése. Patreon es uno de ellos. Es una plataforma o comunidad de internet que permita que personas con dones y talentos como la pintura, la música o el vídeo, entre otros muchos, puedan recabar apoyos de otras muchas personas y dedicarse a desarrollar sus dones, en lugar de dedicar su tiempo a un trabajo alienante. Es importante buscar medios para que los dones sigan creciendo, y no sean engullidos por el "día a día". Pero el don que nos atribuyen como familia no se alimenta de dinero, ni lo buscamos como familia. Se alimenta de relaciones y del propio impulso de un mundo diferente para vivir. Por eso, hemos hecho la "locura" de darle la vuelta a Patreon, y no recaudamos dinero para nosotros sino para que fluya hacia otros. Hemos creado un perfil en Patreon para que la gente pueda disfrutar de ese posible don nuestro, si lo hay, abriéndolo a otras formas de expresión. Hasta ahora lo que compartíamos lo hacíamos mediante posts o mediante el libro recién publicado. Ahora nos abrimos a hacerlo por vídeo u otras formas que se nos irán ocurriendo.
Si te apetece hacerte cómplice de este impulso de dones y de un mundo diferente para vivir, y aún no encuentras la forma o el tiempo para hacerlo, quizás unirte a nuestro Patreon pueda ser un buen comienzo. Entra en nuestro perfil Patreon recién creado, lee de qué va toda esta historia, y únete (*). Con ello estrecharemos los lazos de relación compartiendo lo que creemos durante nuestra aventura. Y todo lo que se recaude mensualmente irá destinado a proyectos solidarios que impulsan ese nuevo mundo. Al ser una plataforma mundial, se expresa en dólares, y puedes aportar desde 1$ hasta 500$ al mes. Sea lo que sea será un regalo maravilloso, un gran don para seguir impulsando dones. De entrada nos planteamos el objetivo de lograr incorporar a la Casa de Acogida de Alozaina a dos personas más, y con ello regalarles una segunda oportunidad en la vida a dos personas al filo del precipicio. Posteriormente, a medida que consigamos más objetivos, iremos definiendo con vosotros qué proyectos e iniciativas impulsar. Colocaremos el dinero donde debe estar: al servicio de los dones y de las relaciones entre las personas. E incluso si quieres participar en nuestro Patreon, ¡encantados! Hemos pensado en traducir lo que escribimos también al inglés para conectar con muchas más personas, y nos vendría de maravilla apoyo para traducir al inglés y para editar los posibles vídeos que vayamos haciendo.
¿Qué si puede fracasar esto? ¡Claro! Aunque algunos penséis lo contrario, no todo lo que emprendemos funciona. No nos aferramos a ningún objetivo o resultado. Ni tenemos prisa en lo que deba alcanzarse. De lo que se trata es de no tener miedo al fracaso, y emprender el camino, abriéndonos a las enseñanzas y a los encuentros que cada aventura nos depara. ¡Y siempre hay enseñanzas maravillosas y preciosos encuentros! Por eso nos subimos a todos los trenes que pasan por nuestra puerta, y siempre nos han mostrado bellísimos paisajes, lleguen a donde lleguen. Nos aguardan momentos únicos de mestizaje y encuentro en este nuevo periplo con Patreon. Nos encantaría contar con tu complicidad. ¡Únete!

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Para unirte a nuestro perfil de Patreon:
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martes, 14 de junio de 2016

A gusto de todos

Algunos estamos programados para agradar a los demás. Es la forma en la que, inconscientemente, buscamos el cariño y la aceptación ajena desde pequeños. Pero sin consciencia en ese proceso, nos volvemos esclavos del "qué dirán". Por eso, en mi caso particular, aprender a decir "NO" y aprender a contrariar fue uno de los principales hitos de mi proceso de liberación personal.
Por eso, este baño de popularidad que estamos teniendo estas semanas también trae sus enseñanzas debajo del brazo. El libro, las entrevistas, los artículos y ahora el reportaje en Televisión Española nos han señalado públicamente. Durante toda esta semana varios profesores y compañeros de los niños, la frutera, los vecinos y algún desconocido por la calle nos ha parado a alguno de los cinco para decirnos que nos vio en la "tele". Y casi siempre nos felicitan, aunque el objetivo de todo esto no sea la felicitación, que a fin de cuentas no hace sino alimentar nuestro ego. Más bien esa felicitación es el precio que debemos pagar frente a nuestra preferencia por el anonimato. Pero "a lo hecho pecho".
Salir del armario implica una exposición pública tremenda. Todos se sienten legitimados a opinar, a juzgar y a proponernos su visión. Que si en el libro hay capítulos muy largos o muy cortos, que si cómo da cobertura Televisión Española a dos funcionarios con reducción de jornada, que si lo nuestro es veganismo o flexi-vegetarianismo... Pero nosotros no queremos imponer nada a nadie. Ni siquiera aspiramos a que nadie nos siga o nos imite. Sólo queremos compartir nuestra forma de ver la vida, y conectar con otros buscadores de un "mundo diferente para vivir". Nada más y nada menos. Pero un posicionamiento, sea el que sea, siempre va a generar adeptos y detractores. Y pretender el 100% de adhesiones es tarea no sólo quimérica sino absurda. Que se lo digan a Luther King o Gandhi: por muy universal que fue su sabiduría y enseñanza, acabaron como acabaron por posicionarse y generar con ello malestar, resentimiento e incluso odio en algunos. Por eso todo esto supone una enseñanza para mí, que inconscientemente siempre busco el beneplácito general.
Salir en un reportaje ante millones de espectadores genera detractores. Escribir un libro sobre los aprendizajes familiares ante la vida genera detractores. Abrir la boca clamando justicia ante incumplimientos políticos genera detractores. Posicionarte ante las mejoras necesarias en tu trabajo o en la Administración genera detractores. Incluso posicionarte de determinada forma en actuaciones solidarias genera detractores e incluso vetos.
No podemos gustarle a todo el mundo. De eso va la vida: de saber que estamos en distintos momentos evolutivos, y a pesar de ello, aceptamos e incluso amamos a aquéllos que nos rechazan. Especialmente si te planteas ser verdaderamente libre. Por lo tanto, ¡que llueva! Eso sí, como debe ser: nunca a gusto de todos.

miércoles, 8 de junio de 2016

Reportaje de nuestra familia en Televisión Española

El pasado martes 7 de junio de 2016 el programa "Comando Actualidad" de TVE1 emitió un reportaje sobre los hábitos de consumo y los proyectos colaborativos de nuestra familia. Se pusieron en contacto con nosotros a raíz de la publicación de nuestro libro y por nuestro blog. Dos grandes profesionales, Julia y Luis, pasaron todo un día con nosotros. Pudieron grabar la mitad de las distintas escenas que nos planteamos: nada menos que 3 horas de grabación que, finalmente se han quedado en 12 minutos. Han quedado fuera, por falta de tiempo, bellos proyectos e iniciativas como ADAPA, O Couso, la educación colaborativa y holística de Meme, la campaña en CHANGE... No sabemos si el reportaje es representativo de lo que somos o del "mundo diferente para vivir" que buscamos, pero aporta algunas pinceladas.


miércoles, 1 de junio de 2016

No arriesgarse

Pensé que nos quedaban pocas cosas que probar o que vivir como pareja. También pensé que cuando uno envejece se vuelve más conservador y timorato. Craso error. Me alegro de haberme equivocado en ambas cosas.
Nunca habíamos compartido lo de dar una conferencia los dos juntos. Lo hicimos este viernes en la Universidad de Málaga, ante familias de la asociación ASA. Reconozco que iba tenso y algo preocupado. Es lo que me suele pasar cuando no conozco al interlocutor y pienso que se va a aburrir o le va a parecer muy alejado o rompedor lo que vamos a compartir. Pero no. Era una charla muy poco convencional, y en pocos minutos, y tras un cuento y un juego con globos, todos estábamos hablando el mismo idioma, compartiendo las mismas inquietudes, y abriendo nuestros corazones. Lo de presentar nuestro libro era lo de menos. No deja de ser una excusa para lo fundamental: romper las barreras del miedo al ridículo o a ser diferentes, y sintonizar en nuestras búsquedas compartidas de un mundo diferente para vivir. Y lo que iba a ser una breve presentación de apenas media hora se convirtió en una bonita conversación en grupo de casi una hora y media. Al finalizar hubo cola para comprarnos libros con dedicatoria, algo también inédito y sorprendente para nosotros.
Dicen que lo contrario de vivir es no arriesgarse. Cuando te arriesgas y te topas con el regalo de la VIDA en mayúsculas, el miedo se diluye y te conviertes en adicto a vivir. Y entonces surgen preciosas situaciones nunca experimentadas. Nos arriesgamos al empezar a escribir y nos alegramos. Nos arriesgamos al publicar el libro, y nos alegramos. Nos arriesgamos a dar la cara en los medios de comunicación, y nos alegramos.  Nos arriesgamos al contar nuestras vivencias en la charla del viernes, y nos alegramos mucho. E incluso cuando nos equivocamos, nos alegramos por el aprendizaje vivido. Este fin de semana estuvimos en una duna gigante con una pendiente de vértigo. ¿Arriesgarse a alguna torcedura a cambio de disfrutar como un niño? Sin duda.
Cuando uno se arriesga, el paso del tiempo parece rejuvenecer. El corazón rebosa gratitud. Y el encuentro de almas con personas desconocidas se vuelve habitual. Menudo regalo. Como para no arriesgarse...

jueves, 26 de mayo de 2016

Gorriones en la cocina

Ya empieza el calor. Es momento de aligerar la ropa y abrir las ventanas. Eso propició ayer una inesperada visita a la cocina durante una breve ausencia de casa. Dos atrevidos gorriones se habían aventurado en territorio hostil para disfrutar de la frescura de nuestro fregadero y de alguna que otra migaja de pan  en nuestra encimera. Cuando te topas con una visita así de inesperada puedes percibirlo como una intromisión en tu zona de intimidad, o puedes vivirlo como un bello guiño de la vida. Nosotros optamos por lo segundo, sin dudarlo. A fin de cuentas, no hemos dejado de dar pie a que la relación con nuestros gorriones se afiance cada vez más. No paramos de observar y festejar su baile desde nuestra ventana. Los atiborramos con los restos de nuestro mantel tras cada comida. Y les hemos facilitado soportes de todo tipo en nuestra terraza. Sin duda se sienten a gusto en nuestro patio.
Y eso les ha llevado a envalentonarse y dar el salto al interior de la casa. Quizás porque intuyen que no los vemos como intrusos, sino como simpáticos vecinos, que sólo dejan alguna que otra deposición de vez en cuando.
La presencia de nuestros queridos gorriones, como sucede casi con todo, encierra mágicos paralelismos y sincronías con la vida. Y últimamente llegan a casa preciosos gorriones, cuya presencia nos saca del letargo del trajín diario y nos muestra con todo su esplendor la belleza y el encanto que subyace a todo. Esos gorriones a veces toman la forma de simpáticos periodistas que comparten todo un día con nosotros para conocer nuestras opciones de vida. A veces toman la forma de turistas neocelandeses que en plena vorágine hogareña solicitan alojarse una noche en casa para contarnos sus aventuras por todo el mundo. A veces son gorriones virtuales que comparten sus vivencias, movidos por las que han leído de nosotros. O a veces son gorriones que nos invitan a contar nuestra salida literaria del armario en los más inesperados rincones. Hay gorriones de esos de todos los tamaños y colores. Y los hay por todos lados. ¡Os lo aseguro! Quizás todos dispuestos a sorprendernos. Quizás todos dispuestos a interpelarnos. Sólo piden que no los asustemos ni nos mostremos reacios a su presencia. Y si en algún momento, necesitamos recuperar nuestra intimidad, basta con cerrar la ventana un rato, y pronto estaremos deseosos de volver a abrirla para escuchar su gorgojeo. Este fin de semana cerraremos la ventana y nos refugiaremos en las playas de Tarifa. Pero de nuevo el lunes estaremos "locos" por encontrarnos de nuevo con nuestros gorriones.

lunes, 16 de mayo de 2016

Bendito cortocircuito

De repente somos famosos. Increíble, pero cierto. Dos apariciones en televisión, una en la radio, otra en los periódicos y unos cuantos centenares de clicks en twitter, youtube y facebook han obrado el milagro. Nos han reconocido ya un par de veces por la calle en nuestra comarca. Hemos firmado unas cuantas de decenas de dedicatorias.Cuatro cajas repletas de ejemplares nos han volado ya de las manos en apenas tres semanas. Y no tenemos ni idea de lo que puede estar sucediendo en librerías o con los pedidos por internet. Si fuera algo buscado, sería todo un éxito. Pero no lo ha sido. Quizás esa sea la clave: no tener expectativas, no aferrarse a un resultado. Y entonces todo surge como un regalo enorme, como una gran sorpresa. Así lo estamos viviendo nosotros. Simplemente dejándonos fluir por mucha pereza que nos dé, de antemano. Y perplejos estamos.
Es cierto que nos preguntamos qué sentido tiene todo esto. ¡Si nos encanta el anonimato de nuestro "terruño"! Sin  embargo, estas semanas estamos retando a la normalidad:
-Medios de comunicación que se interesan por dar buenas noticias.
-Gente anónima que abre las puertas de su intimidad.
-Creadores y autores que no cobran por crear.
-Publicaciones de autoría colectiva, que huyen de los egos individualistas.
-Libros bidireccionales, donde los lectores contactan con los autores, y crean redes de colaboración y fraternidad.
¿Acaso el mundo está loco? ¡Todo parece estar "patas arriba"! ¿Dónde está la cordura? ¿A dónde se fue la "normalidad"?
Quizás es que "lo normal" no sea bajar los brazos y renunciar a un mundo mejor. Es frecuente, pero no normal.
"Lo normal" no es llenar la vida de días grises e idénticos. Es frecuente, pero no normal.
Tampoco es "lo normal" que todo gire en torno al trabajo y a los horarios laborales. Es frecuente, pero no normal.
Ni lo es vivir separados y huyendo de los demás. Es frecuente, pero no normal.
"Lo normal" no es someterse, cual esclavo, a nuestra zona de confort. Es frecuente, pero no normal.
"Lo normal" no es que el dinero dirija nuestras acciones y decisiones. Es frecuente, pero tampoco es normal.
Quizás ahí radique el efímero y puntual éxito de nuestro libro: que es una excusa, como otra cualquiera, para quitarse las vendas de lo que es normal.
Quizás no toca otra que ser raros. Sí. Efectivamente. Esta "Familia de 3 hijos" es rara", sin duda. Y nos señalan por serlo. Pero ¿lo hacen porque nuestro actuar es infrecuente? ¿O quizás de repente somos noticia porque hay mucha gente deseosa de levantar la mano como cómplices ante aquel anuncio que lanzamos al viento de "Familia de 3 hijos busca mundo diferente para vivir"? ¿Y si resulta que hay mucha más gente de la que imaginamos en esa búsqueda? Si es así, muchas personas se están sintiendo "raras" estos días. Pero, ¡cuidado! Como los "raros" nos convirtamos en mayoría, podríamos llegar a ser "lo normal". A lo mejor toca "cortocircuitarnos" un poco, y que se vuelvan locos nuestros cables internos de lo que es "normal" y lo que es "raro". Sería un bello cortocircuito. Uno por un mundo diferente para vivir. Un cortocircuito bendito.

lunes, 9 de mayo de 2016

La revolución de la tostada

No es noticia, pero hay millones de personas que buscan un mundo hermoso para vivir. También hay muchos que hacen de este mundo un lugar hermoso, y tampoco es noticia. Lo de este fin de semana ha sido de esto último, y debería ser portada en todos los periódicos y telediarios. No lo será. Pero es perfecto así.
Somos cada vez más los que pensamos que el dinero no puede ocupar el centro de la vida. Que no es verdad que la economía vaya de gestionar recursos escasos. Y que debemos colocar a las personas en el centro de la vida social, económica y política. Por eso este fin de semana, creemos que hemos dado un pequeño paso en la bella historia de la Economía del Don.
Hacer historia parece reservado a unos pocos. Desde luego no a las personas de a pie. Pero este fin de semana ha sido distinto. Sin duda estos tres días serán recordados para siempre por las más de 200 personas que convivimos en Alozaina. Pero probablemente sea el inicio de algo mucho más grande.
Era la tercera vez que Emilio Carrillo visitaba nuestra querida Casa de Acogida, y como las veces anteriores, decenas de personas venían a escucharle, buscando quizás un mundo diferente para vivir. Escucharle supone, sin duda, una llamada a una revolución interior, pero sin violencia, sin aspavientos, en silencio, y viviendo el presente sin huidas, y en pleno centro del huracán que nos toca vivir. Las centenares de miles de personas que siguen a Emilio por Youtube y en todas sus intervenciones son auténticos buscadores, que son conscientes de que en sus palabras hay un poso de Verdad, por encima de nuestras vidas de prisas, agobios, competitividad, deudas y obligaciones laborales. Y sin duda también hay un poso de Verdad en esta Casa de Acogida, donde se ofrecen segundas oportunidades, sin nada a cambio, a personas con enfermedades, adicciones o traumas que les llevan al borde mismo del abismo. Quizás ese contacto con el verdadero sentido de la Vida es lo que hace que Emilio haya hecho de Alozaina una excepción respecto a sus compromisos y salidas, y nos visite todos los meses de mayo. Unir la revolución interior de Emilio, con la revolución exterior de la Casa de Acogida Pepe Bravo es todo un privilegio. Por ello los momentos mágicos afloran. Pero este año se ha ido todavía más allá.
Hace justo un año, unos cuarenta voluntarios nos afanábamos en preparar comidas, limpiar mesas y suelos, y atender a los centenares de personas que acudían a escuchar a Emilio. Eso supone un enorme empujón para el sostenimiento de esta Casa de Acogida, sin apenas apoyos económicos de ningún tipo. Pero algo sucedió. Algo tan simple que normalmente habría pasado inadvertido, pero que se ha convertido en el germen de una pequeña revolución. Mi mujer y yo atendíamos las mesas de comida para los oyentes de Emilio Carrillo que acababan de escucharle. Salían extasiados y fortalecidos por su testimonio de verdad. Pero ante la lenta llegada de las tostadas desde cocina, afloraron los egos y el hambre, y se olvidó la fraternidad y el compartir que acababan de escuchar unos minutos antes. Mejor tostada en mano que ciento volando. Y si era un plato a rebosar, aunque los demás aún no hubieran probado nada, mejor que mejor. Daba igual que los demás no hubieran comido nada. El mensaje de apenas unos minutos quedaba aparcado. La escena nos impactó a mi mujer y a mí. Y se volvió a repetir con la salsa de las albóndigas, con una cama en una u otra habitación, o con la mesa más soleada del jardín. ¿Cómo podía ser eso? ¿Cómo podía ser que tan pronto se hubieran olvidado esos mensajes de fraternidad y de hacernos UNO?
El fin de semana había sido un éxito. Pero esa tostada se nos quedó clavada en la mente y en el corazón durante meses. Hasta que nos dimos cuenta que esa incoherencia entre la teoría y la práctica había sido en cierto modo por culpa nuestra. Con toda nuestra mejor intención habíamos dispuesto un fin de semana con comidas y alojamiento a un  módico precio. Y tratábamos de compaginar la revolución que Emilio nos proponía con los servicios de un hotel o un restaurante al uso, sin serlo realmente. Y al hacerlo, habíamos activado el "chip" mercantilista que todos llevamos dentro. Ése que al poner el dinero en el centro, hace que tratemos de maximizar nuestro beneficio. Nuestros huéspedes habían pagado el precio que les habíamos pedido, y como en cualquier otro establecimiento, se sentían legitimados a exigir y reclamar lo mejor por ese precio pagado. Habíamos activado esa parte de alienación que vivimos en nuestras frenéticas vidas habituales, y de la que tratamos de huir buscando referencias del verdadero sentido de esta vida. Algo había que hacer. ¿Pero qué?
Un día, de repente, nos vino la iluminación. Si queríamos una revolución interior, desde la Casa debíamos apostar por una revolución en lo exterior. Y un fin de semana con buscadores de otro mundo mejor podía ser la mejor plataforma para ello. Si queremos sentirnos UNO con el otro, no hay mejor forma que acogerle como si acogiéramos a unos amigos en casa: abriendo nuestras puertas de par en par, y acogiendo al máximo número posible de ellos. Si hacía falta poner colchonetas en el suelo para que nadie se quedara fuera, así lo haríamos. ¿Y si suprimíamos los precios radicalmente? ¿Y si eliminábamos los tickets de cada comida? ¿Y si evitábamos los interminables procesos de reserva con centenares de llamadas para acomodar a todos nuestros huéspedes? ¿Y si simplemente apelábamos al lema "Deja lo que puedas, coge lo que necesitas"? Con un esquema así, poníamos a la persona en el centro de todo, y seríamos coherentes con lo que movió a Pepe Bravo a destinar su antigua fábrica textil a una Casa de Acogida, en lugar de "forrarse" como tantos empresarios. Seríamos coherentes con las motivaciones de gente como Mariló, Nacha u otros, que habían dejado sus vidas atrás, para dedicarlas a los más desfavorecidos.
Pero eso tenía un gran riesgo: nuestras calculadores mentales. ¿Y si la mayoría de nuestros visitantes decidía no aportar nada o muy poco? ¿Y si no llegábamos ni siquiera para comprar los ingredientes de las comidas? La cuenta de la Casa de Acogida está siempre "tiritando" y una situación así podría suponer el suicidio del proyecto. Las caras de mis compañeros eran un poema cuando lo propusimos. Sé que muchos creían que era un riesgo enorme, si no una auténtica locura. Pero se tiraron al vacío, y decidimos afrontar el reto de la coherencia.
Durante meses preparamos todos los detalles: una carta exponiendo el giro de 180º en la filosofía del encuentro, un formulario de inscripción que favoreciera la expresión de la conciencia de cada uno, el proceso de atención por e-mail, los mensajes durante el encuentro, las rutas para conocer la casa... Y el resultado no es que haya sido favorable. Ha sido mágico, descomunal, excepcional... Para aquellos a los que les obsesionan los números, económicamente la apelación a la conciencia ha supuesto más de el triple de los ingresos de años anteriores, cuando actuábamos bajo el prisma mercantilista. Con esos números, la Casa podrá subsistir durante meses, e incluso dar segundas oportunidades vitales a nuevos huéspedes. Las tres cuartas partes de las aportaciones se hicieron previas al fin de semana, evidenciándose una confianza ciega en lo que estábamos proponiendo, y la otra cuarta parte en cajas dispuestas en la Casa este fin de semana, que garantizaban el anonimato de los donantes. Además, por si fuera poco, se vendieron multitud de libros y artículos de artesanía, y se triplicaron también las afiliaciones como padrinos o socios de la Casa, gracias a nuestra querida Toñi.
Ni en el mejor de los escenarios nos habríamos imaginado unos resultados así, en un enfoque basado en la Economía del Don. Y es que el Don, tiene que ver con el Dar con mayúsculas, ese Dar que nos sale del corazón. Pero tiene que ver también con los Dones y Talentos que todos atesoramos. Y este fin de semana, el derroche de dones fue inmenso: Emilio con su sabiduría y su capacidad de comunicación; nuestro querido Carlos con su talento logístico y su bello detalle de las camisetas, los 55 voluntarios con su solidaridad y sus capacidades para atender al prójimo, para cocinar, para limpiar mesas, o para acoger al desconocido; y las doscientas personas que nos visitaron, para hacerse UNO con la Casa.
Muchos preguntaran: ¿pero nadie se escaqueó de pagar? ¿Nadie comió gratis? ¿Nadie se mostró exigente como en ciertos momentos de otros años? Realmente ni lo sabemos, ni nos importa. Sólo sabemos que hubo personas que han podido venir a pesar de estar en paro y que otros años no lo habían podido hacer. Que ha habido personas que "cogieron lo que necesitaron" (su posible aportación a la Casa) y la destinaron a su billete de ida y vuelta a la Casa. Que han venido amigos desde Nicaragua, Paris o Londres sólo para compartir este fin de semana con nosotros. Que ninguna de las personas que finalmente tuvieron que cancelar su reserva reclamaron los importes abonados, y que todas ellas decidieron destinarlo como donación a la Casa. En definitiva: hemos comprobado que el corazón y la conciencia son mucho más poderosos que el dinero, el interés y nuestras calculadoras mentales. Y lo único que podemos hacer es daros infinitas GRACIAS por haber podido vivir una experiencia, quizás histórica, y animar a otros muchos proyectos a que se dejen guiar también por la magia del DON.
(English version)

martes, 3 de mayo de 2016

Al unísono

La vida es una gran sinfonía. Pero para disfrutar de la música no hace falta estar ante el mejor violinista, o el mejor director de orquesta. A veces basta con un poco de afinación, una interpretación bien coordinada, y unos oídos sensibles para saber apreciar la belleza.
En las últimas semanas, nos hemos atrevido con nuestra pequeña sinfonía vital. Propusimos a la orquesta donde toca nuestro hijo mayor realizar un concierto benéfico a favor de la ONG ADAPA, y celebrarlo en nuestra comarca. No era un reto fácil, pero nos pusimos a la tarea. Coordinamos durante meses el momento más oportuno con los responsables de la JOPMA. Preparamos la petición formal a Diputación. Iniciamos conversaciones con el Ayuntamiento para poder disponer del Teatro del Carmen. Cuadramos fechas. Empezamos a trabajar todos en la logística: Diputación diseñando e imprimiendo carteles, programas y entradas; el Ayuntamiento organizando el recinto, el personal de apoyo y habilitando puntos de venta; la JOPMA ensayando y organizando el desplazamiento de las decenas de chavales de su orquesta; y nosotros gestionando las reservas, difundiendo en redes sociales y pegando carteles por toda la comarca. Todos afinando en lo poco o mucho que sabemos hacer. Todos en pro de un anhelo común. Nadie buscando lucirse más que el resto.
El sábado pasado se celebró el concierto. Era el bello colofón a unas semanas desenfrenadas llenas de pequeños detalles y de pequeños contratiempos de última hora. Había nervios y expectación. Me tocó compartir escenario para presentar el acto. Quise honrar el trabajo "codo con codo" y el esfuerzo y tenacidad de unos jóvenes que luchan contra viento y marea por su pasión, por sus dones y talentos. No era momento para reprochar incumplimientos institucionales con la educación musical. Era momento de brindar por la música y por las sinfonías de la vida.
El concierto fue magistral. El teatro estaba casi lleno. A la recaudación por las entradas se sumó lo que vendimos en un "puestecillo" de ADAPA en la puerta del teatro, incluidos un montón de ejemplares de nuestro libro, que firmamos gustosos. En total casi mil euros, que se van íntegros para paliar en lo que se pueda las secuelas del terremoto de Ecuador. La afinación de decenas de personas durante semanas, y el trabajo al unísono traía un bello regalo en forma de música y de solidaridad. El colofón, para nosotros, lo puso el señor que recogía las entradas en la puerta, cuando nos marchábamos, ya con el teatro vacío: "Deberíamos hacer más cosas así; quizás no todos los días, pero sí de continuo". Efectivamente. Sería bueno tocar más al unísono. Que así sea.

lunes, 25 de abril de 2016

Salir del armario

Hace justo una semana llamaban al timbre a la hora del almuerzo. No esperábamos a nadie, y menos al mensajero. Traía dos enormes y pesados paquetes de cartón. Firmé el albarán, y los paquetes descansaron en el suelo. Al mirarlos tuve de repente el presentimiento de que esos paquetes podrían cambiarnos la vida. Recordé que estábamos pendientes del envío desde imprenta de los primeros ejemplares de nuestro primer libro. Y allí estaban: "Familia de 3 hijos busca mundo diferente para vivir", 50 ejemplares.
Tuve la sensación de que eran muchísimos, y que difícilmente se podrían vender tantos. Y mentiría si no reconociera que me pasó por la mente esa sensación de "¿Quién nos llamaría a meternos en otro berenjenal?" Pero allí estaban los libros interpelándonos: ¿Y ahora qué?
Estoy convencido que muchos pensarán que nos gustan los "saraos" más que a una actriz de Hollywood. Pero no. Nos encanta el anonimato. Sin embargo, hemos sentido con mucha fuerza que era momento de dar un paso al frente. Cuando empezamos la aventura del blog en el 2012, lo hicimos por puro desahogo y coherencia ante las injusticias que veíamos a nuestro alrededor. Lo del libro ahora ha sido distinto. Algunas de las personas que ya nos leían nos reconocían que se aferraban a nuestra letras como a una tabla de salvación en un enorme océano de incomprensión, de consumismo, de insolidaridad y de competitividad. Y encontrar a otros "locos" como nosotros les había devuelto la cordura. Porque la locura o la rareza no va de tener razón sobre lo que es este mundo, va simplemente de números. Y los locos o los raros somos tan sólo una minoría. Pero si nos unimos poco a poco, ¿quién sabe? ¿Y si alguien descubre nuestro anuncio de búsqueda en un periódico perdido y se encuentra a sí mismo? ¿Y si alguien recoge nuestro mensaje en una botella lanzada al mar, y deja de ser un náufrago? ¿Y si buscando compañero de piso en un tablón de anuncios olvidado, recuerdas quién eres? Por eso sentimos que había que compartir nuestra búsqueda. Por eso nuestro anuncio: "FAMILIA DE 3 HIJOS BUSCA MUNDO DIFERENTE PARA VIVIR". Todas esas páginas ya no eran nuestras. Ni nos pertenecían ni podíamos adueñarnos de ellas. Son de todos los que aspiran a que los locos y los raros seamos mayoría. Son de los que apuestan por un mundo diferente para vivir. ¿Quiénes somos nosotros para evitar que salieran a la luz, por mucha pereza que nos diera la odisea?
No ha sido fácil. No somos unos entusiastas de las entrevistas en la tele o en la radio, y hemos tenido de ambas esta semana. Hemos tenido que firmar decenas de dedicatorias en un puñado de días. Y hemos abierto de par en par las puertas de la intimidad de nuestro hogar para que cualquiera pueda opinar. Pero hay veces que la vida llama a la puerta, aunque sea en forma de libro. Y aunque nunca hubiéramos pensado ser escritores, esa puede ser otra forma más de encontrarte con el otro. ¿Nos vamos a aferrar a nuestro círculo de confort? ¿Nos vamos a encerrar en nuestro castillo de cristal? ¿Vamos a negarle al otro nuestra complicidad? No. Toca compartir. Y hablo de algo que va mucho más allá de los ingresos por las ventas del libro a tres ONGs. Hablo de compartir nuestros sentimientos, nuestros anhelos, nuestra ilusión, y la energía transformadora que este mundo precisa con urgencia.
Acaba de cumplirse una semana de la llegada de aquellas dos cajas. Ya están vacías de libros y llenas de solidaridad y de complicidad de todos quienes ya nos están leyendo. Nuevas cajas vienen de camino, y decenas de envíos viajan ya a domicilios anónimos y a librerías perdidas que han reclamado nuestro libro para sus estanterías. Cuando entremos en alguna, seguro que nos sentiremos muy raros. Quizás abrumados. Pero a veces es necesario salir del armario para entrar en razón.

lunes, 18 de abril de 2016

¡Nos han publicado un libro!

La vida trae regalos inesperados. Y a nosotros nos ha traído uno muy "gordo". Jamás pensamos en escribir un libro. Sólo pusimos un anuncio y lo lanzamos al viento: "Familia de 3 hijos busca mundo diferente para vivir". Eso fue hace cuatro años. En ese tiempo han surgido bellas historias con muchos cómplices de esa aventura. Y esas complicidades digitales, casi sin quererlo, han fructificado en  complicidades en papel, y en este libro.

¿Que de qué va el libro? No va de consejos ni de autoayuda. No va de recetas para ser feliz, ni de atajos hacia el paraíso. Va de vida y más vida. De centenares o miles de retazos de vida. Porque creemos que el mayor camino hacia la iluminación y hacia la felicidad no son los gurús ni las grandes enseñanzas religiosas o espirituales: es el vivir, y los aprendizajes que la vida nos trae.

¿Y las ventas? Por supuesto, si éste ha sido un regalo para nosotros, ¿cómo íbamos a enriquecernos con él? Como autores hemos decidido renunciar a los posibles derechos sobre el libro, de forma que el 100% de las ventas se destine a 3 proyectos solidarios con los que estamos muy vinculados: la Casa de Acogida Pepe Bravo de Alozaina, la Asociación para el Desarrollo De Aquí Para Allá (ADAPA), y Proyecto O Couso, Escuela de Dones y Talentos en el Camino de Santiago.

El libro tiene 318 páginas, y el precio en librería es de 15€. Irá llegando a ellas según vayan evolucionando las ventas. Pero si os resulta posible, por favor, compradlo a través de la web de la editorial, ya que ello supone que la distribución se lleva menos porcentaje y los proyectos solidarios más. El precio es el mismo, y os llegará cómodamente a casa en tres o cinco días.Aquí os compartimos el enlace para curiosear sobre el contenido del libro, sobre sus autores, y para que podáis tramitar directamente vuestro pedido:

Para cualquier duda o consulta sobre el libro, podéis escribirnos a familiade3hijos@gmail.com .

Mil gracias a tod@s por un regalo tan inesperado. Y abrimos la puerta de par en par a los cómplices que esta nueva etapa pueda deparar.

martes, 12 de abril de 2016

Espere su turno

Lo confieso: soy funcionario. Pero en el castigo llevo la penitencia. Sé que para muchas personas ser funcionario es el paraíso de los trabajos para toda la vida, sin saber que a veces eso esclaviza. Y para otros es el refugio de los holgazanes, aunque haya muy honrosas excepciones. En mi caso, o por una razón o por otra, juré y perjuré que jamás sería funcionario. Y como suele pasar en estos casos, me tuve que comer mis palabras con patatas cuando decidí que quería dedicar más tiempo a mi familia, y ésa era la opción más factible para ello en aquel momento.
Ser funcionarios nos está permitiendo disfrutar de una amplia reducción de jornada renunciando a sueldo para poder dedicar más energías y tiempo a cuestiones más importantes que, paradógicamente, aquellas por las que cobramos. Sin embargo, la Administración nos es el lugar más adecuado donde ejercer la coherencia, especialmente si lo que te mueve es servir al otro. Es un reino de papeles, de tareas repetitivas sin plantearse los "para qué", o de jerarquías con escaso fundamento en el mérito o en la capacidad. Más de una vez me han dicho que no se me paga para pensar en cómo mejorar la atención al ciudadano, sino en hacer mi cometido sin más. El "vuelva usted mañana" o el "espere su turno" se convierten en una filosofía de trabajo. Y con razón un reino así ahuyenta a quien quiera plantearse un mundo mejor para vivir, presidido por la fraternidad, la verdad, o la unidad de todos (estés a un lado u otro del mostrador).
Actualmente estoy viviendo una etapa de aceptación, de desapego del resultado que me gustaría lograr en mi trabajo, y de conexión con quien tenga delante, al margen de los dictámenes y normas que se impongan desde arriba. Pero incluso con esa actitud, a veces te topas con circunstancias desconcertantes. Hace poco me tocó solicitar un certificado por un trabajo de coordinación realizado entre dos entidades públicas, una regional y otra municipal, para un gran proyecto que finalmente logró el respaldo del parlamento regional. Lo viví como un reto personal, ya que se trataba de que dos administraciones de color distinto y con profunda desconfianza mutua, se avinieran a colaborar. Tras varios meses de intenso trabajo y de numerosos sinsabores el proyecto se consumó con éxito. El tender puentes donde no los había fue en sí mismo mi recompensa. No esperaba remuneración ni una "palmadita" en la espalda. Pero hace poco tuve que justificar ese proyecto para otro asunto, y solicité el correspondiente certificado. Muchos fueron testigos de mi labor de coordinación y redacción, pero me negaron el documento. La verdad debía verse relegada a la burocracia. Aunque era evidente que yo había hecho ese trabajo, mi disposición a arrimar el hombro sin formalismo alguno, sin remuneración, y sin documentos probatorios les llevaba a denegármelo. Además, me argumentaban que nunca había tenido una relación laboral con esa Administración. ¡Pues claro! ¡Ese era el reto! Arrimar el hombro sin estar movidos por el interés, tan sólo en base a la confianza y a las ganas de crear algo conjunto que nos trascienda. Quizás suene a arameo para algunos. Y por eso, no me resigné. Estaba dispuesto a que la verdad, la confianza y la apuesta por la colaboración no perdiesen esta batalla, aunque fuera en el reino de la burocracia. Tocó recopilar correos, pruebas documentales y alguna que otra foto para que mis interlocutores de ahora y de entonces, pudieran conseguir que me certificaran la verdad. Mes y medio después se ha conseguido tras un esfuerzo ímprobo. ¿Por qué cuesta tanto tender puentes, actuar de buena fe y hacer aflorar la verdad, ésa que va mucho más allá de los papeles?
Lo de mi certificado puede ser una anécdota simpática comparado con lo de la semana pasada en mi oficina de empleo. A algún "lumbreras" de la Consejería se le ocurrió que no era suficiente con la incomodidad de separar las citas de Demanda (Junta de Andalucía) de las de Prestaciones (Ministerio) para que los usuarios tuvieran que soportar la mayor de las descoordinaciones. Esa separación podía llevarse más allá: en concreto a la puerta de la oficina. Y así dieron la consigna a todas las oficinas de que la puerta se convierta en la frontera donde el guardia de seguridad no deje pasar a nadie que no figure en su lista de citas para ese día, y así clasificar al rebaño según vayan a la Junta o al Ministerio, que compartimos espacio (¡qué ironía!). Pero cuando al ser humano le dan una norma, le dan una gorra para ejecutarla, y una cierta potestad para imponerla, el sentido común huye despavorido y se apoltrona don sinsentido. Y así sucedió hace unos días: en vez de organizar los flujos de demandantes de empleo hacia una zona u otra de la oficina, la puerta de la oficina se convierte día a día en el Lesbos de turno, aquel lugar donde unos tienen la enorme suerte de entrar y esperar a su turno, y otros son retenidos porque su DNI no está en las sagrada lista. Cada vez que veo ese rebaño en la puerta, siento vergüenza ajena. Y comprendo perfectamente que hayamos llegado como especie humana a la barbaridad que estamos viendo diariamente desde nuestros sofás con los refugiados. Un amigo me llamó desde la puerta: a pesar de tener cita le impedían el paso porque no aparecía en las "Tablas de la Ley" del "segurata". Salí a rescatarle y a hacer entrar en razón a la autoridad competente. Pero para mi sonrojo, cuando mi amigo dio dos pasos para saludarme, fue interceptado con violencia para impedirle el paso. De lo organizativo habíamos pasado a lo represivo. Sus rasgos sudamericanos y un collar budista que le colgaba del cuello hicieron el resto para que todas las alarmas saltaran ante semejante amenaza a la burocracia de la oficina.
El incidente causó revuelo. No escatimé esfuerzos en que la cordura retomase su sitio. E imagino que más de algún compañero vería exagerada mi preocupación por lo sucedido. Pero sin duda cosas así me llevan cada vez más a creer en que las burocracias, las normas, y la Administración, o están al servicio del ser humano y de la verdad, o si no, mejor que no existan. Quizás tenga yo poco futuro en un reino así. O quizás me toque esperar a mi turno, y no toca ahora.

jueves, 31 de marzo de 2016

Empujoncitos de conciencia


A los padres nos suele obsesionar el futuro de nuestros hijos. Los atiborramos de conocimientos, como si éstos fueran el salvoconducto que les abriera la puerta de un trabajo seguro, y con él de la felicidad. Pero la felicidad no va de trabajos seguros: éstos a veces nos esclavizan. Va de la capacidad de conducirse por la vida con plena libertad. Y para ello la obsesión no debe ser lo laboral sino lo conciencial.
Pero, ¿cómo educar esa parte tan sensible del SER? Difícil tarea si no nos lo replanteamos todo. ¿Todo? Sí, quizás TODO. Porque a fin de cuentas, actuar con conciencia significa replantearse los "por qués", los "para qués" y las consecuencias de nuestro "día a día", de lo que todo el mundo hace. Y si no nos convence, tomar otro rumbo. Esa capacidad de viraje es la que nos hace libres.
En casa llevamos tiempo con ese empeño. Y nos hacemos esas preguntas para entender lo que implica que un filete llegue a nuestro plato, y si tiene o no sentido sustituirlo por otro alimento. O si tiene sentido seguir o no las modas o la dialéctica que usan los compañeros del instituto. O si debemos empezar a aprender a priorizar entre nuestras actividades y círculos para no andar siempre sin rumbo. O si conviene rascar más allá de lo que la televisión, las noticias o los anuncios nos cuentan. Empujoncitos de conciencia para respirar algo de libertad.
No siempre es fácil. Es mucha la presión de no vivir aislado en las montañas o en el bosque. Y el estar rodeado de estímulos y personas que tiran de ti hacia el redil hace a veces muy dura la tarea. Sobre todo si estás en la adolescencia. Por eso hay que agudizar el ingenio: para que no lo vean como una imposición y puedan sacar sus conclusiones, por frustrante que a veces pueda resultar.
Y en ésas estamos, por ejemplo con la tecnología. Tuvimos nuestro fuerte debate en casa sobre hasta qué punto abrir la puerta a las PS2, Wiis y consolas de turno. Incluso algunos familiares no vieron bien nuestra negativa. Pero decidimos que con el contacto con dispositivos así en casas de amigos y familiares era más que suficiente. Sin embargo la irrupción del móvil fue más difícil de controlar. La vida social del adolescente hoy gira en torno a él. Y gran parte de la actividad educativa también. Darle la espalda hubiera sido, de facto, hacerles vivir en la Edad Media. Pero una irrupción así supuso los previsibles daños colaterales: embobamiento ante la pantalla, horas muertas viendo tonterías, y la conciencia "a la porra". Por eso consensuamos algún mecanismo para crear conciencia incluso ahí. Al principio tratamos de hablarlo, pero de poco sirvió. La percepción de nuestros hijos respecto al uso del móvil distaba mucho del abuso. Luego empezamos a restringir las horas, pero pronto llegaron las quejas y los "tiras y aflojas". Lo siguiente fue consensuar la instalación de una App en el móvil que evidenciara el uso real. No les gustó, pero aceptaron "a regañadientes". Se quedaron boquiabiertos: durante semanas, usaban a diario el móvil hasta cuatro veces más de lo que hubieran imaginado. El desglose por minutos y aplicaciones no daba lugar a dudas. ¡Menudo baño de conciencia! Sin duda, detrás de eso podrían venir las explicaciones más o menos cercanas a las excusas. Pero el dato estaba ahí. Y al margen del uso que hagan el resto de amigos, tomando conciencia de ese uso, tienes más capacidad de decisión. Y con ello puedes gestionar mejor las horas de tu tiempo y con ello tu libertad, en este caso a nivel tecnológico. Lo demás supone dejarte llevar por la inercia o por la corriente. Hacer dejación de tu conciencia. Ser esclavo de lo que hace todo el mundo.
Ahora lo estamos probando con papelitos que, para cada niño, introducimos en un gran bote, como forma de visibilizar las rupturas con esa conciencia de lo que hacemos: al discutir con los hermanos, al responder mal a papá o mamá, al no hacer las tareas domésticas que te corresponden....Y mientras los papelitos van inundando tu bote, te vas dando cuenta de las consecuencias de una conciencia no-domada, y las repercusiones de lo que haces o dejas de hacer por ello.
¿Tan sencillo? Ni mucho menos. Casi una pequeña batalla diaria en esos "buches" de conciencia. Pero es lo que toca en el mundo que nos toca vivir. Lo contrario es adormecer la conciencia. Es actuar como la masa. Sin duda menos cansado. Pero sin opción a saborear la miel de la libertad.

lunes, 28 de marzo de 2016

El desconocido

Hoy toca contra-programar. Sabemos que tras los atentados de Bruselas, en las portadas dominan palabras gruesas como "terror", "pánico", "psicosis" y "horror". Y puede que, desgraciadamente, muchas personas estén viviendo esa realidad. Pero para cambiarla es importante que vivamos otras realidades, y no la que nos marca el telediario. Por eso, hoy toca hablar de lo que nosotros hemos vivido.
Hace unas semanas recibimos una petición de una pareja húngara para ser acogida en casa durante la Semana Santa. Mentiría si dijera que al principio no nos dio un poco de pereza. A fin de cuentas, solemos estar muy desbordados, y esos días nos podían permitir desconectar y "recargar las pilas". Pero de inmediato pensamos que las vacaciones no sólo están para eso, sino también para salir de nuestro círculo de confort y para ofrecer a nuestros hijos un contacto con ese otro "mundo diferente para vivir". Así que aceptamos sin dilación. Y hemos acertado de lleno.
Sabemos que para muchos de los que nos leen, hospedar a un desconocido en casa, darle cama, comida, conversación y parte de la intimidad de tu hogar es algo osado y casi temerario, sobre todo si ves mucho las noticias. Por eso cada vez las vemos menos. Por eso, y porque nuestro contacto con el desconocido, hasta la fecha, resulta soberbio.
También sabemos que abrir las puertas de tu castillo simplemente en base a unas breves palabras por escrito y a una foto, para muchos sería imprudente. Pero también es cierto que poco a poco se va adquiriendo un sexto sentido para conectar con personas afines, que quizás como nosotros, buscan el encuentro, el intercambio, la fraternidad o la amistad, más allá de una estancia gratis.
Zsusi y Peter son nuevos en esto del couchsurfing, y se sorprendieron de nuestra disposición a hacer de guías para ellos. Les hemos mostrado sitios especiales para nosotros como la estupa budista de Karma Guen, el balcón de Europa de Nerja, la playa de Burriana, o  las procesiones de Vélez-Málaga. Pero sobre todo, les hemos abierto un poquito nuestros corazones, y como en todas las veces anteriores, la magia fluye, las horas pasan demasiado rápidas, y el inglés a veces es insuficiente para conectar las almas (¡para eso están las miradas y los abrazos!). Ya los consideramos nuestros amigos. Y ya contamos las horas para verles de nuevo. Aquí, en su país o donde toque. Ya no son desconocidos.

martes, 15 de marzo de 2016

Todos somos UNO

Precioso fin de semana el vivido, en el que dos de nuestros proyectos actuales, la Casa de Acogida de Alozaina y nuestro grupo Scout SEK, han convivido. He aquí la vivencia.

"Hay demasiada división en el mundo, como para echar más leña al fuego. Por eso lo de este fin de semana ha sido un bello ejercicio por un mundo mejor.
La Casa de Acogida de Alozaina nos ha abierto sus puertas para acoger a un buen número de padres, responsables y niños en la noble tarea de planificar los próximos meses o incluso años de nuestro grupo Scout SEK. Pero no ha sido un simple visita turística revestida de solidaridad. Ha sido puro mestizaje. No podíamos haber elegido un mejor sitio para abordar nuestra tarea y sentirnos interpelados por su realidad. Como grupo Scout, hemos aprendido que hay personas de carne y hueso como Mariló con un "siempre listos para servir" llevado al extremo de sus vidas las 24 horas del día. Que hay personas como Inga que, de su párkinson, han hecho todo un regalo al prójimo en forma de ejemplo de superación. Que hay Nachas por el mundo que van repartiendo amor y abrazos sea en la acogida a bebés o a personas al borde de sus precipicios personales. Que hay rincones que de sólo pisarlos te llenan de energía y de ganas por construir un mundo mejor. Que no todo se rige por el dinero, por el precio y por el interés, y que no hay mejor apelación a la conciencia que el "Deja lo que puedas, coge lo que necesitas" del Camino de Santiago, y también de esta Casa. Que es posible confrontarnos e incluso estar en desacuerdo, si lo hacemos con respeto, con afán de construir, y con un fuerte abrazo o un gran aplauso como colofón. Que el una "cervecita" o un "cafelito" compartidos tomando el sol obran milagros en el contagio de ilusión. Que hay personas que sin apenas recursos, te dan de su sopa, de sus callos veganos o de su humus mañanero, porque entienden que la acogida no va de servicios contratados ni de paquetes turísticos. Que la esencia scout se puede encontrar por todos lados: en un poema recitado mientras el cuerpo convulsiona, en una danza extasiada o en un poema en hebreo, en una oración compartida en grupo, en unas risas provocadas por unos ronquidos, en un perezoso despertar de 60 personas compartiendo tatami, en una tormenta de ideas para seguir creciendo, en un baile improvisado junto a una barra de un bar, en un juego de "lobo" a las 2 de la mañana, en el "cachondeo" generado con la dinámica de los vecinos...
Hemos vivido un maravilloso fin de semana en una maravillosa Casa de Acogida. Magnífica invitación a ACOGER.
Hemos compartido preciosos momentos con gente que rehace vidas, que da segundas oportunidades a quienes las perdieron, que unen los mil trozos de vidas hechas añicos. Magnífica invitación a UNIR.
Hemos respirado servicio y entrega al prójimo sin miramientos, sin condiciones, sin contraprestaciones. Magnífica invitación a SERVIR.
Será bueno darle la vuelta a la canción: "Ahora sé que el cielo no está lejos; Nosotros tampoco".

jueves, 10 de marzo de 2016

Vivir deprisa

Un buen cuento es el mejor salvavidas. Al menos puede evitar regañinas, castigos y medicación o sesiones de psiquiatra más adelante. Puede incluso ser el mejor guía para un niño. Por eso nuestros tres "enanos" tienen "su" cuento, que les hemos creado para que les acompañe en aquello que les venía bien profundizar y donde tenían más necesidad de ser acompañados. Éste es uno de ellos

La gota viajera
En un día de cielo azul, nació una gota de agua llamada P dentro de una nube. Era una gota de agua sonriente, graciosa y sobre todo, tenía muchas ganas de vivir. Nada más nacer se puso de pie en la nube y empezó a corretear para curiosear y conocer dónde estaba. Asomó su "hociquillo" al borde de la nube y vio la tierra que iba pasando por debajo. Sintió lo emocionante que era, y la suerte que había tenido de ser una gota de agua. Pero de repente la nube cambió de color, se volvió gris y de ella empezaron a lanzarse al vacío un montón de compañeras gotas despidiéndose y diciendo "¡Adios, adiossssss!" con un tono alegre. Cuando P. las vio volando hacia la tierra, deseó con todas sus fuerzas hacer lo mismo. Y empezó también a gritar: "Yo quiero, yo quiero, yo quiero también saltar como mis amigas". Las gotas más mayores y sabias le explicaron que no, que aún no era su momento. Y a duras penas lograron sujetarle para que no saltase. "Aún no ha llegado tu momento: espérate y mira", le decían. Pero P. no lo comprendía. Se enfurruñó y le dio la espalda a sus compañeras.
La nube siguió viajando por el cielo y cada dos por tres sus gotas compañeras le gritaban: "¡Ven P.! ¡Mira por dónde estamos pasando! ¡Estamos sobre la Muralla China...! ¡Mira P., mira los cocodrilos...estamos sobre el Nilo!" Pero P. seguía enfurruñado y les decía: "¡No, no y no! Yo lo que quiero es saltar y llover como mis compañeras..."
"¡Dejadme saltar, dejadme saltar!" gritaba mientras corría hacia el borde de la nube.
Las demás apenas daban a basto para sujetarla...
"Todavía no es tu momento"
"¡No!. Yo quiero saltar. ¡¡Dejadme ir!!"
Pero tanto, tanto, tanto insistió y luchó por su objetivo, que en una de éstas, P. logró resbalarse de una de sus compañeras y se vio volando por los aires. Voló, voló y voló, hasta que cayó en medio de un huerto, y se hundió en la tierra, donde se topó con una semilla. Ésta, nada más ver a P. puso una cara de sorpresa e ilusión que le sorprendió.
"¡Cuéntame, cuéntame!" Gritó la semilla.
"¿Contarte qué?", preguntó P.
"¿Cómo que qué? Pues dónde has estado, los sitios que has visto, los animales, plantas y cosas que has conocido en tus viajes...¡Cuéntamelo todo, cuéntamelo todo!", le respondió.
"Mmmmmmm", se quedó pensativo P.
"No tengo nada que contar", apostilló.
"¿Cómo que no tienes nada que contar?
"No. Yo no he visto nada de eso"
"¡¿Cómo que no?!" dijo la semilla desilusionada.
"¿Tú no sabes que las plantas y los árboles sólo crecemos con los cuentos y las historias que nos cuentan las gotas de agua que caen de los cielos?. Ellos han recorrido todo el mundo, y con su experiencia nos alimentan y nos permiten hacernos más y más grandes... Si tú no tienes nada que contarme, tendré que dormirme hasta que venga otra gota que pueda contarme cosas..."
Y diciendo esto, le dio la espalda a P. y volvió a dormirse.
P. se quedó muy pensativo y se dio cuenta del error que había cometido.
¡Jolin! Había estado dando vueltas a lo largo del mundo y no había disfrutando de los maravillosos sitios por los que había pasado, sólo obsesionado por saltar, saltar y saltar de la nube.
¿Qué podía hacer ahora? Pensó y repensó, y decidió escarbar hacia arriba, hasta que alcanzó la superficie de la tierra. Y allí se tumbó hasta que el sol empezó a calentar de lo lindo y se evaporó. Y así fue cómo, cuando abrió los ojos de nuevo, se encontró....¡en otra nube!
Esta vez no iba a desaprovechar la oportunidad. ¡No estaba dispuesto a ser tan insensato como la primera ocasión! Se agarró bien al borde de la nube y asomó sus ojillos para no perder detalle... Fue así como vio las pirámides de Egipto, saludó a las caravanas de camellos, conoció las montañas de los Alpes, voló junto a las águilas, saludó a las sirenas del mar...
¡Ahora sí que estaba aprovechando las oportunidad de conocer mundo!
Incluso hubo momentos en que la nube se enfadaba con ella. Se ponía gris, soltaba rayos y truenos y le decía: "¡Tú tienes que saltar ya!"
Pero P. había aprendido la lección. Se agarraba fuertemente y se decía a sí mismo en voz baja: "Aún no. Aún no estoy preparado. Tengo que ver más. Tengo que conocer más cosas. Y se agarraba fuertemente al borde de la nube para no caerse"
Ahora sí que disfrutaba de la experiencia de ser una gota. Miraba y miraba su alrededor. Saludaba a los niños. Veía a las madres tendiendo la ropa para que se secara al viento. Vio a centenares de niños entrando y saliendo del "cole"`, o cómo jugaban al "pilla-pilla".
Aprendió miles y miles de cosas. Hasta que un día, que ya vio que estaba preparado, justo cuando la nube chocó con otra nube y empezó a llover, se soltó y se dejó caer. Y de nuevo lo hizo en el campo, adentrándose de inmediato hacia el fondo de la tierra. Y allí se encontró con otra semilla. Y como ya pasó la primera vez, la semilla abrió sus ojillos de inmediato, y le dijo, de nuevo: "Hola. Cuéntame todo lo que has visto"
Pero en esta ocasión P. ya estaba preparado. "Venga. Te voy a contar. Verás tú lo grande que te vas a hacer". Y empezó a contar todas las historias que había vivido: sobre los niños, sobre las cometas, sobre el aprendizaje de los polluelos de águilas, sobre las idas y venidas de las golondrinas cada año, sobre cómo los humanos se despertaban temprano e iban corriendo al trabajo para después volver también corriendo a sus casas, o sobre cómo se acurrucaban por las noches con sus niños para contarles cuentos. Le contó un montón de cosas. Tantas tantas que la semilla empezó a crecer, a crecer y a crecer. Cuantas más cosas le contaba la gota de agua, más grande se hacía la semilla. Hasta que se convirtió en un gran árbol: el roble más sabio y más fuerte de todo el bosque. Desde entonces, todos los días se pueden ver y oír centenares de pájaros bajo sus ramas, disfrutando de las bellas historias del árbol más esbelto
del bosque: el roble de nuestra gota P.
Y colorín, colorado, este cuento se ha terminado.

jueves, 3 de marzo de 2016

Escandinavia

El afán por conocer mundo debería ser asignatura obligatoria en las escuelas. Y cultivar ese anhelo debería ser clave en el rol de padres, aunque con ello los retoños deseen volar antes de lo que nos gustaría. Pero no hay mejor antídoto contra la intolerancia ni mejor vitamina para la autonomía.
Nosotros, cada vez que podemos, lo ponemos en práctica. El precio ya no es excusa con plataformas como Airbnb, Skyscanner, Coachsurfing y otras muchas. Por eso hace unos días nos escapamos a Escandinavia.
Cuanto más distinto es el destino, más enriquecedor, y más interpela nuestra tendencia a pensar que sólo existe una realidad: la nuestra. Y desde luego Noruega es muy diferente. Y no sólo por los 11 grados bajo cero que sufrimos. Es el tercer país más rico del mundo por PIB per cápita, y el tercer exportador de petróleo después de Rusia y Arabia Saudí. Además,  está clasificado como el país con el más alto índice de desarrollo humano junto con Islandia (¡en los precios se nota! : por eso optamos por llevar los bocatas de casa cuando salíamos). Pero no siempre fue así. Pasó períodos muy duros de su historia bajo el yugo de Dinamarca y Suecia, y su población se vio mermada a la mitad por la peste. Pero lograron su independencia de forma pacífica y acordada. Quizás porque la "razonabilidad" forma parte del ADN del noruego. A veces hasta extremos que reta nuestra lógica latina: de sus ingentes ingresos por la venta del petróleo, sólo un 4% se dedican a gastos corrientes del país; el resto se guarda en una "hucha" que ya asciende a 900.000 millones de dólares y que garantiza su nivel de vida para varias generaciones futuras.
Su civismo y esa actitud razonable son los "culpables" de que no hagan falta puertas cerradas para usar el transporte público. A nadie se le ocurre "colarse". Sería una afrenta al bien común, tanto como fotocopiar un libro (a pesar de los altísimos precios de algunos, que rondan los 100€). Esa conciencia crea un sentimiento de igualdad y una educación democrática sorprendentes, aunque a veces el noruego se queje de que su país es el paraíso para los perezosos. Pero van muy por delante en el respeto a las minorías y en los derechos de la mujer.
Uno pensaría que con esas temperaturas extremas nadie saldría a la calle. Pero no: para ellos lo "razonable" es adaptar su vida a esas inclemencias. Y ahí veías a miles de personas skiando o disfrutando en trineo; a los niños más pequeños jugando en los columpios; o a los grupos de amigos de "cháchara" en una "terracita" bajo cero o disfrutando en masa de los campeonatos de snowboard. Para ellos no hay mal tiempo, sólo mala ropa. Aunque veíamos a muchos con unas camisetas o unas minifaldas que daban escalofríos ajenos.
Pensamos que la seguridad sería máxima tras los graves atentados de hace 4 años en los que un tal Breivik asesinó a 77 personas entre el coche bomba del centro de Oslo y el tiroteo en el islote de Utøya. Nos imaginábamos que habría quizás psicosis. Pero eso no es "razonable". Los noruegos no van a cercenar sus libertades por el miedo. Por eso no vimos ni un policía ni un soldado en todos los días que estuvimos. Y sin embargo la sensación de seguridad y paz era total. Quizás por ello es en el Ayuntamiento de Oslo donde se entrega anualmente el Premio Nóbel de la Paz.
Disfrutamos toda una tarde de una pista de trineos de más de 2 kilómetros, que recorrimos infinidad de veces ya que el metro nos llevaba una y otra vez a todo lo alto de la misma. Disfrutamos de "El Grito" de Much en su Galería Nacional, de los museos de costumbres y de barcos vikingos, y del impresionante museo Fram sobre la conquista del Ártico. Todos ellos unos museos pensados para tocar, sentir e interactuar...algo poco frecuente aquí. También disfrutamos de la fortaleza de Oslo y de las preciosas estatuas del parque Vigeland. Nos maravillamos de la vista del fiordo, en buena parte congelado, y con las gaviotas patinando sobre el agua. Pero un viaje así ya no tiene sentido para nosotros si junto lugares únicos, no conocemos la realidad de sus gentes. Y así, vía coachsurfing, disfrutamos de una gran tarde con Marcela y Jørgen, que no sólo nos mostraron la realidad del país, sino su bella historia de amor, superando fronteras y leyes de inmigración (ella es de origen chileno).
Cuando uno vuelve de un viaje así, desearía no parar de viajar. El mundo es una maravillosa aventura que vale muchísimo la pena. Quizás el próximo destino sea una visita a uno de los retoños alzando su vuelo.

miércoles, 24 de febrero de 2016

Ojos de niño

Tras el susto inicial, y la primera y segunda operación, esta nueva etapa me parecía una oportunidad  para "sacar nota" y seguir aprendiendo por el camino. Comenté el hallazgo sobre la visión 3D con mi amiga Alicia. Años atrás ella había diagnosticado y trabajado con mi segundo hijo en una hipersensibilidad auditiva. De no habernos topado con ella, todos apostaban que sería un niño de fracaso escolar. Trabajó con él con ejercicios físicos muy sencillos, oyendo unos CDs que corregían su distorsionada audiometría y sin medicación alguna. Se trataba de corregir algunas gamas de sonidos que le saturaban y otras que no llegaba a escuchar. En tres meses se había obrado el milagro. Nuestros amigos no se lo creían. Incluso sus hábitos alimenticios habían mejorado . Hoy es un estudiante brillante y toca el piano maravillosamente. Varios amigos y conocidos han llevado a sus hijos con Alicia en casos de déficits de atención, autismos y problemas sensoriales diversos. Los resultados habían sido sorprendentes. Aunque yo no fuera un niño, quizás ella podría orientarme respecto a mi ojo.
Le expuse mi trayectoria ocular a Alicia por e-mail, y aunque era pleno verano y ella se iba de vacaciones, nos las “apañamos” para vernos un domingo en Madrid. Me transmitió que mi caso era “de los que crean escuela”. Ella no es experta en optometría, pero conoce perfectamente el funcionamiento del cerebro y del sistema nervioso. Me aconsejó trabajar las conexiones neuronales sobre las que posteriormente podría construir el optomestrista. Nada de medicación. Tan sólo ejercicios infantiles. Y tanto. Si no fuera por el milagro que había visto en mi hijo, quizás no le habría hecho ni caso. Lo digo porque se trataba de hacer ejercicios en un columpio, succiones con un “chupete” gigante, y ejercicios de rodamientos y giros en el suelo. Cualquiera que me hubiera visto, se habría desternillado de risa. Pero en el fondo se trataba de estimular partes y reflejos de mi cerebro que no se habían activado correctamente en su momento, a edades muy tempranas.
Ese "hacerme niño" de nuevo trajo sorpresas. En menos de un mes, y durante uno de mis ejercicios de estimulación neurológica en el columpio que instalamos en el sótano de casa, empezó a aparecer casi inesperadamente (si no fuera por mis ganas) una segunda imagen en mi visión. Me resultó muy extraño. En el momento en que fijaba la mirada en un objeto y me concentraba, veía junto a la imagen habitual una segunda imagen en la parte superior derecha de mi campo de visión. Entendía que ése era el indicio que necesitaba. Mi cerebro empezaba a gestionar la información de los dos ojos por primera vez en mi vida.
Empecé a indagar a la busca y captura de un optometrista de la reciente tendencia de Susan Berry. No fue tarea fácil. Pero localicé una línea de trabajo denominada Terapia Comportamental, y localicé a Salvador, un joven optometrista que había renunciado a una carrera de éxito en Madrid y Barcelona para atender consultas en su pueblo, Andújar. Para allá que nos fuimos. No creo que fueran muchos adultos a esa consulta, donde todo eran "cacharros" para jugar y estimular el cerebro a través de la visión. Disfruté de lo lindo, y su diagnóstico fue claro. Mi ojo estaba muy "tocado" físicamente tanto por su enorme miopía, como por las dos operaciones. Pero a nivel neurológico, la respuesta cerebral era sorprendentemente buena y alentadora. Sin embargo, mi estrabismo vertical, muy inusual, le impedía ponerse a trabajar conmigo desde ese momento. Era el primer problema a abordar y él carecía del aparato adecuado para ello. Me remitió a Mª Jesús, en Navarra, probablemente una de las mejores optometristas de España, con una enorme reputación tras sus estudios en Estados Unidos. El viaje era interminable desde Málaga, pero tampoco debía dejar pasar este tren.
Ambos especialistas se pusieron en contacto, y el interés médico de mi caso aceleró mi cita con ella, a pesar de las largas listas de espera. No he visto nunca una profesional de ese calibre. Impresionante cómo conocía los secretos más escondidos de la respuesta ocular, y cómo aplicaba las más variadas técnicas para estimula mi cerebro: cordón de Brock, prisma de Fresnel, sacádicos, cartas de Hart, flippers, ...Términos que hasta entonces me sonaban a "chino" empezaron a ser habituales para mí. Me tuve que "poner las pilas" en el aprendizaje de la jerga médica y en el estudio de mi cerebro. Y con gusto me dejé usar como "conejillo de Indias" ante sus estudiantes en prácticas, alucinados con mi caso.
Recuerdo especialmente un momento mágico para mí. A través del sinoptóforo, se ofrecía a cada ojo una imagen diferente pero complementaria de la otra, y mediante unas palancas, cada imagen hacía trabajar a cada ojo por separado con la intención de corregir el estrabismo. Fueron horas extenuantes donde notaba, incluso físicamente, la zona del cerebro que estaba trabajando en cada momento. De repente, Mª Jesús levantó las manos de las palancas, y aunque las dos imágenes se encontraban alejadas una de la otra, percibí con toda nitidez cómo mi cerebro las acercaba lentamente hasta fusionarlas. ¡Se me saltaban las lágrimas de la emoción! Imposible visualizar de una forma más clara, evidente y científica el potencial que atesoramos en nuestro interior.
Viendo mi motivación, y dada la lejanía, se decidió que era imposible acudir semanalmente a terapia, como era lo habitual. Así que me pusieron unos deberes intensísimos para trabajar en casa. Puse todo mi empeño en ellos. Eso incluía más de una hora diaria con todo tipo de dispositivos y ejercicios que me habían prestado. La progresión y los resultados durante esas semanas fueron tan insólitos, que en una de las revisiones con mi cirujano, se sorprendió del enorme avance de mi agudeza visual de una revisión a otra. Le dije que probablemente se debía a la terapia visual que él me había desaconsejado pocas semanas antes. Ahí descubrí que los oftalmólogos y los optometristas se llevan a veces tan regular como los traumatólogos y los fisioterapeutas. Si te rompes una pierna, el primero te rehace el hueso. Pero nunca está de más que el segundo te ayude a restablecer la funcionalidad. Con esto pasaba lo mismo. Pero mejor era atribuirlo a un despertar espontáneo del cerebro o a la casualidad. Yo me reía por dentro. Le debía mucho a ese cirujano.
Tras dos o tres visitas a Navarra, mi avance rozaba lo prodigioso. Pero el coste económico y en tiempo era inasumible para nosotros. Así que me lancé al triple salto mortal. Le propuse a Mª Jesús si estaría dispuesta a dirigir mi terapia a distancia, en el caso de que yo fuera capaz de localizar un sinoptóforo cerca de casa. Creo que asintió pensando que mi atrevimiento resultaba utópico, dados los pocos aparatos que existen en España. Al día siguiente estaba escribiéndole a las principales universidades andaluzas con departamento de óptica. Mi motivación y convicción me abrieron las puertas de la de Granada, cuyo Director de Departamento me derivaba a la profesora del área de terapia. A la semana siguiente nos veíamos en persona.
El encuentro no resultó como me lo imaginé. Mª Angustias me transmitió sus reticencias respecto a lo que le planteaba. Ella era de la corriente de los períodos críticos, y no pensaba que superados los 3 años de edad se pudieran hacer progresos encaminados a la visión 3D. Además existía el peligro de la diplopia (ver doble). Pero mi determinación la acabaron de convencer. El viernes siguiente iniciaba sesión en Granada, a tan sólo una hora de casa, bajo su batuta y como "cobaya" para Clara, una de las alumnas de su máster de Optometría.
Los meses siguientes fueron agotadores, con esta tarea añadida a las que ya tenía como padre, funcionario y algunas cosas más. Durante la semana ejercitándome en casa con los ejercicios que me ponían en Granada, coordinados desde Navarra, y cada viernes a los mandos del sinoptóforo granadino.
Clara obtuvo un sobresaliente con su trabajo de máster. Ella, Mª Angustias y yo nos hicimos amigos, e incluso hemos seguido colaborando en cuestiones de voluntariado. Mi ojo "malo" tiene una agudeza visual impensable aquel día que estuve a punto de perderlo. Si algo le pasara a mi otro ojo, ya con éste podría incluso conducir sin problema. Simplemente milagroso. La terapia ya se ha hecho innecesaria. Quizás debería seguir practicando de vez en cuando, pero para aspirar a una visión 3D completa habría que entrar en quirófano de nuevo, y mi ojo no está para muchos "tutes".
Un serio problema de salud, una pequeña gran crisis en mi vida, se había convertido en el mejor camino para el crecimiento personal y para pasar a una nueva dimensión en mi vida. Mejorar la visión de mi ojo trascendía lo meramente físico y me animaba a abrir los ojos en otras partes cruciales de la vida. Me había dado cuenta que cada día que pasa, sea como sea, somos capaces de encontrarnos mejor, o de que nuestros problemas desaparezcan. Descubrí que podemos ser capaces de re-aprender y descubrir cosas sorprendentes de nosotros mismos. De que en los sustos grandes de la vida uno puede adoptar una actitud miedosa, retraída y victimista ante el problema en ciernes, o puede verlo como una enseñanza, como una oportunidad, o como una ocasión para el combate. Que no existe la casualidad, tan sólo la caUsalidad, y que las cosas no suceden porque sí, sino que tienen un hilo que nosotros desarrollamos sin darnos cuenta, a través de la energía que nos rodea. He descubierto que dar gracias sinceras, y sin buscar una contraprestación es una forma magnífica de sintonizar con la Vida, y con todo lo que nos rodea. También he aprendido que cuanto más buscamos de forma activa algo, más nos suele rehuir: el desapego crea un estado energético muy favorable para la consecución de nuestros logros. He descubierto también que en el ámbito de la Medicina, como en otros muchos, el conformismo con la línea imperante suele ser el peor consejero: a veces pasan oportunidades por nuestra vida que debemos ser capaces de identificar y aprovechar. Y durante ese año y medio  volví a hacerme "niño" y a re-aprender lo que es aquí y allí, cerca y lejos... buen momento de re-aprender el resto de lecciones de la vida. Y como mi objetivo no era conseguir una visión 3D o binocular, sino aprender y disfrutar durante el camino, ahí sigo. Y el camino continúa, continúa y continúa.